A 100 años del sufragio femenino

Encadenadas al palacio de Buckingham, en cárceles aguantando hambre, e incluso provocando incendios por todo el Reino Unido, las mujeres consiguieron, en 1918, su derecho al voto.

El 6 de febrero de 1918, después de un casi un siglo de peticiones en el parlamento británico para que las mujeres pudieran votar, Emmeline Pankhurst, líder del movimiento sufragista, votó por primera vez. Junto a ella, ocho millones de mujeres, mayores de 30 años, se sumaron a los registros electorales.

El camino al voto fue largo y accidentado. Desde 1889, y de la mano de Millicent Fawcett y Lydia Becker, Pankhurst movilizó a cientos de trabajadoras de fábricas textiles del norte del país. En 1903 el movimiento recibió el nombre oficial de ‘Unión Política y social de Mujeres’.

Este movimiento acaparó las calles de Londres, en donde las mujeres se ataban a las vías del tren, participaban de marchas hasta el anochecer, saboteaban las líneas eléctricas, se encadenaban frente al palacio de Buckingham e incluso detonaban bombas en las casas de los ministros de la época.

Emmeline Pankhurst / Dominio Público / Wikimedia Commons.

Pese a las protestas radicales y agresivas, los políticos y la opinión pública no mostraban interés y se burlaban del movimiento. Pankhurst y sus compañeras tomaron medidas para llamar la atención, como hacerse encerrar más de 11 veces en la cárcel. Una vez adentro, iniciaron varias huelgas de hambre con las demás habitantes de la cárcel.

Por otro lado, Pankhurst enlistó a más esposas y madres, miembros de la burguesía inglesa, bajo la frase: ‘Hechos, no palabras’, que las motivó a despojarse de sus tradiciones victorianas y salir a la calle con el puño en alto.

Una de ellas fue Emily Wilding Davison, profesora privada de una familia burguesa en Berkshire, quien captó este mensaje de una forma tan radical que se afilió al movimiento de Pankhurst en 1906 y un día después terminó en la cárcel por atacar a un hombre que se parecía al primer ministro David Lloyd George.

En la cárcel de Strangeways (Manchester), Davison se declaró en huelga de hambre, como lo profesaba su movimiento, y tuvieron que alimentarla contra su voluntad (por la nariz) más de 49 veces, como aseguró la escritora Val McDermid (Wire in the Blood, 1997) a The Guardian.

De la colección ‘Votes for women’ / Dominio Público / Wikimedia Commons.

En otra oportunidad, esta vez en la prisión de Holloway (Londres), protestó contra los guardias lanzándose por una escalera lo que le causó daños graves a su columna vertebral. Finalmente, el 4 de junio de 1913, Davison se le atravesó al caballo de carreras del rey Jorge V en la Derby de Epsom. Algunos historiadores aseguran que trataba de poner un cartel sufragista en el cuello del caballo y otros que fue un sacrificio por todas las mujeres luchaban por sus derechos igualitarios.

Emily Wilding Davison / Dominio Público / Wikimedia Commons.

Su muerte sirvió para que cinco años después el parlamento británico aceptara la solicitud de cientos de mujeres de Reino Unido. Aunque Davison nunca pudo ver su cometido, se le recuerda como una de las mujeres más valientes de la época. Hoy, su lápida, en el patio de la iglesia Santa María la Virgen (Morpeth), sigue marcada con la frase ‘Hechos, no palabras’.

Aunque Australia (1861), Wyoming (Estados Unidos, 1869), y Nueva Zelanda (1893) aprobaron el sufragio a las mujeres, fue el Imperio Británico, como potencia, en aprobarlo, lo que llevó a sus colonias a seguir el ejemplo. Entre tanto, el primer país en Latinoamérica en aceptar el voto de las mujeres fue Uruguay (1927), mientras que Colombia tuvo que esperar hasta 1954, es decir 36 años después que Reino Unido.

Otras mujeres destacadas

Sophia Duleep Singh era la ahijada de la reina Victoria e incluso vivía en el Hampton Court Palace, donde repartía periódicos en favor del sufragio femenino. Su acto más valeroso fue en 1911 cuando se lanzó encima del auto del primer ministro Herbert Asquith con un cartel sufragista. Ese día Singh quedó libre para no involucrar a la realeza con el movimiento.

Sophia Duleep Singh / Dominio Público / Wikimedia Commons.

Sylvia Pankhurst, hija de Emmeline, era la artista detrás de los carteles y folletos que repartió su madre en las calles de Londres. Sin embargo, se desvinculó del movimiento, porque no estaba de acuerdo en avergonzar a los hombres que se estaban alistando para la I Guerra Mundial. Por eso, Sylvia fundó el movimiento la Federación de Sufragistas del Este de Londres, donde pudo expresar sus creencias socialistas.

Sylvia Pankhurst / Dominio Público / Wikimedia Commons.

Flora Drummond, nacida en Manchester, fue una de las mujeres más valientes del movimiento fundado por Emmeline Pankhurst. Sus colegas le apodaron ‘el General’ debido a sus hazañas de robo de botes con lo que navegó a las Casas del Parlamento para hablar con los políticos que se asomaban a la ventana.

Flora Drummond / Dominio Público / Wikimedia Commons.

Charlotte Despard era una prolífica escritora de novelas románticas y una de las primeras en demandar al parlamento su derecho al voto. Despard hizo parte del primer movimiento y se caracterizó por hacer protestas pacíficas como la retención de impuestos y falsificación de documentos. Se retiró a los 60 años cuando Pankhurst incentivó los movimientos violentos.

Charlotte Despard / Dominio Público / Wikimedia Commons.

Winifred Banks es un personaje ficticio creado para la película de Mary Poppins (1964). Aparte de ser uno de los personajes principales de la historia es también una activista del sufragio femenino que se la pasa en reuniones y manifestaciones durante todo el día. Poppins, por su parte, se encarga del cuidado de sus hijos Jane y Michael.

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