Sergio Ramírez visto por Juan Gustavo Cobo Borda

Nuestro columnista le rinde un homenaje al nicaragüense Sergio Ramírez, nuevo Premio Cervantes.

El premio Cervantes para Sergio Ramírez
Sergio Ramírez (Masapete, Nicaragua, 1942)

Es no solo destacado cuentista y novelista, sino también un agudo ensayista, como lo ejemplariza su libro Señor de los tristes (2006) donde rinde tributo de admiración y gratitud a figuras como Pablo Antonio Cuadra y Carlos Martínez Rivas, Carlos Fuentes y Julio Cortázar, Luis Cardozo y Aragón y Gabriel García Márquez. También, desde el título, su fervor inclaudicable por el poeta Rubén Darío cuyos poemas y anécdotas las conoce todas y los recita con fresca memoria.

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Pero no solo eso. En dos novelas suyas: Margarita está linda la mar (1998) y Mil y una muertes (2004) la silueta del poeta nos impacta desde la carátula y en su interior se constituye en clave interpretativa, siempre asociada a la dinastía Somoza, contra la cual Ramírez conspiró y combatió, en el frente sandinista, hasta llegar al poder y ser vicepresidente.

Todo esto se halla esclarecido en sus ensayos de Balcanes y Volcanes (1983), donde insistirá en la figura de Darío y en Adiós muchachos (1999), una memoria de la revolución sandinista, reflejará el periodo de 1979 cuando se cayó la dictadura de Somoza hasta 1990, cuando el sandinismo pierde las elecciones generales y sube al poder Violeta Chamorro.

Sobresaliente columnista, como lo demuestra su columna en El Tiempo, ha recibido ahora el Premio Cervantes 2017, el cual nos permitirá releer los más de cincuenta títulos publicados y su constante defensa de la democracia, en contra de la satrapía tropical de su excompañero Daniel Ortega, su mujer Rosario Murillo y sus hijos.

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No menos polifacético como cuentista según se puede disfrutar con los once cuentos de Catalina y Catalina (2001), donde aparecen la princesa Diana de Gales y el Berlín donde vivió varios años y sobre todo el niño que atravesó cuatro fronteras para conocer a Shakira como lo imaginó en El reino animal (2006), mezcla feliz de noticias, informes y fábulas sobre nuestros hermanos, de la mosca al león.

Ramírez sabe muy bien que la literatura es mucho más perdurable que la revolución, incluso en una novela policíaca como El cielo llora por mí (2008) donde Colombia, el cartel de Cali, el golfo de Urabá y las canciones de Juanes nos muestran su habilidad de hacer crítica moral y denuncia política a través de la cultura popular, con un suspenso imparable y personajes inolvidables, en la Nicaragua de hoy.

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