Felipe Zuleta: de ateo a cristiano

Felipe Zuleta se lanza como comentarista radial de la nueva emisora BLU. Aquí, se quita la máscara de niño terrible y explora su faceta más íntima y desconocida: su vocación religiosa.

Felipe Zuleta siempre quiso estudiar periodismo, pero su abuelo Alberto Lleras se lo impidió aduciendo, con razón, que los comunicadores suelen aprender poco y presumir mucho. Por eso ingresó al Externado de Colombia, porque el viejo siempre le dijo que era una universidad liberal. No entró a la Javeriana, como sus compañeros del San Bartolomé, porque el cura Giraldo, decano de la facultad, le dijo que el hijo de una pecadora, su madre, Consuelo Lleras, (que había presentado en el Congreso un proyecto de ley para legalizar el aborto), no podía estudiar con los jesuitas.

¿Acaso usted se volvió ateo por resentimiento en contra de los curas?No por resentimiento, sino porque siempre pensé que una misa diaria por 15 años era suficiente para quedar a paz y salvo con Dios. Esas son las arrogancias de los jóvenes que son apenas comparables con las de los periodistas.

¿Es usted arrogante entonces?
Lo fui y mucho, hasta que entendí que eso, aparte de dejar enemigos, no sirve para nada. ¿Cómo puede ser arrogante alguien que dejó a su esposa y a su hija para salir del clóset e irse a vivir con un hombre? La arrogancia es de necios, la modestia de sabios dicen los proverbios.

¿Qué significa para usted pertenecer a una minoría?
Una felicidad inmensa, pues puedo ayudar a muchas personas que, por su condición, son maltratadas por sus padres, quienes con un egoísmo inmenso y unas inseguridades personales recónditas, les pegan y los humillan, tratando de ocultar sus propias inmundicias del alma.

¿Es cierto que usted se volvió cristiano?
Sí. Y es una experiencia maravillosa. Hablar con Dios es mejor que cualquier psiquiatra, curandero o cura católico. Yo oro a diario y le agradezco a Dios por todas las cosas buenas que me pasan. Y si son malas, también las agradezco, porque todo pasa para bien. Es muy chévere envejecer con un corazón de niño.

¿Por qué cerró su cuenta de Twitter?
Porque uno no puede llenarse el alma de mierda antes de llegar a sentarse en un micrófono en donde lo escucharán miles de oyentes. Acaba uno haciendo periodismo de pistola, y en BLU Radio, eso está proscrito. El respeto y la tolerancia son los ejes de los contenidos de esta nueva emisora.

¿Cuál será su papel al lado de su director Néstor Morales y su amiga Mabel Lara?
Fundamentalmente el de preguntar y opinar, con mucho sentido crítico pero también con un excesivo cuidado en ser objetivo, imparcial y respetuoso. Es un poco el papel del niño terrible, lo que no me cuesta ningún trabajo. Pero le pido a Dios que nunca me deje cometer una injusticia, juzgar a otro ser humano, criticar con perversidad o manipular a los oyentes, lo que está tan de moda por estos días.

¿Es cierto que usted ha trabajado con Néstor y que él es muy, pero muy furioso?
Sí, ambas cosas son ciertas. Pero hoy por hoy Néstor está maduro y ha aprendido, como lo hemos hecho todos, que el maltrato solo genera resentimientos. Conmigo siempre ha sido un príncipe y, como dicen ahora los niños si se porta mal, tocará paw paw.

Por último, ¿A quién odia?
A nadie. Porque las personas se hacen daño a ellos mismos y a los que los rodean. En mi vida, hoy por hoy, no hay lugar sino para amar.

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