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El Capitán Olvido: de cuando Diners visitó a Carlos Muñoz en el set de Calamar

En 1989, cuando la mayoría de los colombianos se reunía frente al televisor para ver la telenovela Calamar, Diners visitó el set de grabación. Recordando a Carlos Muñoz a tres años de su fallecimiento.

Foto: Oscar Neira

En 1989, cuando la mayoría de los colombianos se reunía frente al televisor para ver la telenovela Calamar, Diners visitó el set de grabación. Recordando a Carlos Muñoz a tres años de su fallecimiento.

Publicado originalmente en Revista Diners Ed. 235 de octubre de 1989

¿Qué hay detrás de las escenas que ven diariamente 15 millones de televidentes? El 40 por ciento se graba en Taganga, Bahía Concha, La Guajira, la isla de Salamanca, lo que le exige a actores y técnico trabajar en condiciones extremas.

Es similar a la frustración que uno siente cuando le cuentan que el Niño Dios son los papás. Descubrir el mundo que se esconde detrás de las cámaras en una telenovela, significa ver la realidad con otra lógica. Es encontrar que la trama no existe en la grabación, y que las escenas se hacen en desorden: los actores primero se secan y luego se mojan, hallan el camino de salida antes de perderse, las lágrimas no son reales y el padre Pío Quinto dice groserías…

Para realizar una filmación en Hollywood es necesario fabricar casas o fachadas de tablas, inventar un mecanismo a fin de lograr que un puente se caiga, crear lluvia artificial y construir calles enteras para una película o una serie de televisión. La imaginación y los recursos del director y sus asistentes tienen que utilizarse con frecuencia. La grabación en exteriores representa un esfuerzo en material de equipos y de adaptación de espacios que no son precisamente artificiales sino completamente reales.

Este es el caso de «Calamar», la telenovela que realiza actualmente Caracol con un excelente elenco. El 40% se hace por fuera de estudio, una vez al mes y durante ocho días seguidos. Allí los pantanos, los cangrejos y los delfines son reales. No es necesario utilizar el sudor artificial porque la temperatura de Santa Marta o La Guajira, con atuendos pesados y maquillaje, son más que suficientes para «derretir» a cualquiera. El paisaje y los parajes exóticos, escondidos, son aprovechados en el tema fantástico y aventurero de la novela. Es la realidad convertida en ficción.

Así mismo aparece otro universo: el gran trabajo que implica su realización. Surgen entonces personajes, como un apuntador que con un audífono escondido le va diciendo a Carlos Muñoz el parlamento – no todos lo pueden utilizar porque hay que saberlo manejar, para no confundirse-, gente recursiva que se encarga de la utilería, de conseguir los más extraños implementos, maquilladoras, asistentes de vestuario y ambientación, sonidistas, auxiliares y un excelente y creativo camarógrafo que inclusive propone tomas al director y crea los espacios que vemos en la televisión.

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Existe también quien está pendiente del script, es decir, de todos los detalles de cada toma para llevar una continuidad, para que así en la siguiente no aparezca el actor con otro vestido, o con el ojo morado que no corresponde, o caminando por la derecha cuando venía por la izquierda. Por eso también se toman fotos que ayudan a los de maquillaje y vestuario.

Según su director, Bernardo Romero, el esquema diferente de esta telenovela, en la que no existe el típico triángulo de amor, sino que se sale de los parámetros a los que estamos acostumbrados porque introduce el elemento mágico, con fantasía, en una historia intrascendente, “ha resultado todo un reto”. Los exteriores se están trabajando con una sola cámara y el hecho de grabar en condiciones difíciles, por el clima y el terreno, ha enriquecido la experiencia. Se intenta mostrar la belleza del paisaje y aprovecharlo al máximo.

Un día de grabación en el Parque Isla de Salamanca, el “Valle de los recuerdos” en la telenovela, implica una cantidad de trabajo para las personas que están detrás de las cámaras, así como para los que actúan frente a ellas. Todos fueron vacunados contra la fiebre amarilla, y a las cinco y media de la mañana deben estar listos en el bus que los lleva del hotel al sitio de la grabación.

Caballos, barcos, burros, cangrejos, delfines y hasta cabras con los cuernos pintados, además de dos carros de producción, dos camiones de Caracol, transporte para los actores y extras en buses, de 12 a 15 canastas de gaseosa, de 6 a 8 botellones de agua cristal, 6 piñas, 6 papayas, 6 melones y hielo en cantidades, son algunos de los «detalles» que a diario debe tener preparados Clara Quintero, la jefe de producción de «Calamar». Ella es también la encargada de situar las «locaciones» y con Stella Londoño, la asistente de dirección, planea el orden de grabación, de acuerdo con los lugares y la disponibilidad de los actores. Las dos se encargan de manejar de 60 a 70 personas y más, en el caso de que se necesiten extras. Para ello muchas veces han llegado a recurrir a la Defensa Civil, para poder organizar el personal.

Cuando llegan al sitio destinado para el día, descienden del bus e instalan «camerinos» improvisados. El vestier es generalmente el bus, y si en el terreno hay un lugar menos incómodo, se instala un espejo para el maquillaje.

Las personas encargadas del vestuario manejan 200 vestidos de mujer y 100 de hombre. Están siempre atentas a si, por ejemplo, el vestido de Claramanta salió en la última toma con dos o tres rotos, o si tenía el chal a la izquierda o a la derecha. De cada traje hay dos o tres unidades y muchas veces tienen que improvisar atuendos para los extras que van a aparecer.

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«Yo no sabía que a mí me sudaban los ojos», exclama Judy Henríquez. La empastelada de base que soportan los actores en el sofocante calor del mediodía, con mosquitos y sin un baño cercano, los deja como muñecos de cera que se derriten al calor de una vela. Por eso las encargadas del maquillaje, además de elaborar las caracterizaciones andan con pañuelos para que no se disuelva su labor. Y como en el «Valle de los recuerdos» cualquier cosa es posible, las maquilladoras, en un mismo día, transformaron a Carlos Muñoz en el Capitán Olvido, el personaje que interpreta en «Calamar», y en el Padre Pío Quinto Quintero de «San Tropel», que apareció como un recuerdo en dicho valle.

De igual forma Galiana Barrancas, interpretada por Judy Henríquez, se encuentra con Lola Ortiz como parte de un recuerdo. En este misterioso lugar también aparecen personajes como el Zorro y Leonardo da Vinci, y todo gracias a la imaginación de sus creadores.

El «Valle de los recuerdos» está situado en la carretera entre Santa Marta y Barranquilla, en el que fuera el parque natural Isla de Salamanca, que se encuentra cerrado al público por la contaminación de la ciénaga. Se recorre por un puente peatonal de madera que tiene dos kilómetros de largo. La grabación se realiza o en medio del puente o alrededor, en los lugares en los que hay tierra firme. Inclusive el Capitán Olvido tuvo que hundirse en un pantano en el que no fue necesario hacer el papel de que se enterraba porque le sucedió de verdad. Al volver el agua el olor a podrido fue espantoso.

De todas maneras, para los actores la experiencia resulta enriquecedora, ya que están viviendo el paisaje en la realidad. Judy Henríquez, que lleva mucho tiempo actuando en televisión expresa: “En aquella época en la que empezamos hubiéramos hecho muy buenas escenas de telenovelas si se hubieran filmado en exteriores; por eso hay que aprovecharlos ahora, aunque es un trabajo muy agotador”.

Quizás a los quince millones de personas (aproximadamente, según datos del último rating) que ven a diario “Calamar”- casi el doble de las que ven los noticieros- no se les había ocurrido pensar en la cantidad de esfuerzo y personal que interviene en estas grabaciones. El capítulo que para nosotros dura media hora y en el que sólo nos fijamos en una buena o mala actuación o quizás en la belleza del paisaje, pudo haber tenido días enteros de trabajo. La grabación en exteriores es un esfuerzo que vale la pena resaltar, ya que muy pocos dramatizados, tanto nacionales como extranjeros, desafían las incomodidades e inconveniencias de grabar por fuera del estudio.

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