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¿Por qué destruyen museos y bibliotecas durante la guerra?

Cientos de legados históricos y símbolos de diferentes culturas son blanco enemigo en tiempos de guerra. El objetivo: acabar con la memoria y el legado del adversario.

Cientos de legados históricos y símbolos de diferentes culturas son blanco enemigo en tiempos de guerra. El objetivo: acabar con la memoria y el legado del adversario.

Nimrud ya no existe. En marzo de 2015 la extinta ciudad-museo del norte de Irak fue dinamitada por militantes del autoproclamado Estado Islámico. Sus 3.6km² de superficie volaron en pedazos y de la antigua ciudad del imperio Asirio, solo quedó el polvo.

Una de las doctrinas del Estado Islámico-o ISIS, por sus siglas en inglés-, es destruir cualquier monumento, estatua o símbolo que no pertenezca al islam. En su estrategia por formar un califato, ISIS ha devastado legados históricos invaluables como Nimrud, la tumba del profeta Jonás y cientos de piezas milenarias que estaban resguardadas en el Museo de Mosul, en Irak. Esta ofensiva se llama iconoclasia, o la ruptura deliberada de imágenes icónicas de una cultura.

“La destrucción sistemática de patrimonio histórico tiene como objetivo acabar con el legado cultural del enemigo. No solo se destruyen bienes inmuebles que nos ayudan a comprender contextos históricos; además, a largo plazo se elimina el papel de ciertos personajes o grupos sociales en la historia”, precisa Daniela Buitrago, historiadora en el Instituto Colombiano de Antropología e Historia- ICANH-.

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La práctica de la iconoclasia acabó con una de las bibliotecas más importantes de la humanidad: la de Alejandría, en Egipto. Algunas investigaciones mencionan que alcanzó a tener 700 mil rollos de pergamino, que a su vez contenían escritos de la cultura griega, judía y egipcia. Su propósito era recopilar todos los textos del mundo. Era la biblioteca universal, aquella que imaginó Jorge Luis Borges en su cuento La biblioteca de Babel, pero un incendio, en el año 47 A.C. desencadenó el que sería su fin.

Cuando el emperador romano Julio César fue hasta Alejandría para apoyar a Cleopatra en la disputa por el trono de Egipto, “El general fue sitiado en el complejo palacial fortificado de los Ptolomeos, donde seguramente se emplazaba la biblioteca así como el Museo. César se defendió bravamente en el palacio, pero durante un ataque se produjo en un incendio que se extendió a una sección del palacio. Entonces se habrían quemado numerosos libros que el propio César pretendía transportar a Roma –las fuentes hablan de 40.000 rollos-”, escribió en la página web de National Geograpic, España, el profesor de Historia Antigua en la Universidad Nacional de Educación a Distancia, de Madrid, David Hernández de la Fuente.
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La biblioteca no se incendió en su totalidad. Sin embargo, las constantes disputas territoriales en Egipto la pusieron en riesgo. Soportó batallas y amenazas con solidez hasta el año 640, hasta que sus muros cedieron. Alejandría fue conquistada por el ejército musulmán, el general Amr ibn al-As destruyó la biblioteca por orden del califa Omar, “una de las fuentes árabes dice que los libros se usaron como combustible en los baños de la ciudad y que se necesitaron seis meses para quemarlos todos”, añadió Hernández de la Fuente.

Pero la iconoclasia también tiene una explicación que va más allá de la destrucción sistemática e indiscriminada de distintos íconos culturales diferentes a los propios. También “se entiende como una regulación de la imagen cuyos criterios de selección son estrictamente éticos y políticos al servicio del status quo establecido o por establecer”, puntualiza Libardo Sánchez, investigador en la Curaduría de Historia del Museo Nacional de Colombia.

La Revolución Francesa- 1789- es un claro ejemplo de lo anterior. Más que una destrucción indistinta, fue un plan en el que se propuso el triunfo de las ideas de libertad y razón sobre el tradicionalismo religioso y político francés. “Todo monumento relacionado con la monarquía y la iglesia fue reemplazado por elementos republicanos y laicos. Se cambió el calendario gregoriano- repleto de nombres de santos- por uno de meses racionales. Además se erigieron monumentos a la razón en lugares católicos como en la catedral de Notre Damme” explica la historiadora Daniela Buitrago.

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Durante las dos guerras mundiales, los monumentos históricos, museos y bibliotecas alemanas quedaron hechos añicos. Por ejemplo, la pinacoteca Gemäldegalerie, de Berlín, que tiene una de las colecciones más importantes de cuadros pintados entre los siglos XIII y XVIII, perdió 400 de ellos. En el museo berlinés Bode- también afectado durante la Segunda Guerra Mundial-, se realizó desde mayo hasta septiembre de 2015 la exposición “El Museo Perdido”, que incluyó casi mil obras que se afectaron durante la invasión aliada.

Existen convenciones y leyes que protegen el patrimonio cultural durante la guerra. Una de ellas es la Convención de la Haya de 1954, donde se acordó que las partes del conflicto “se comprometen a respetar los bienes culturales situados tanto en su propio territorio como en el de la otra parte. Acuerdan prohibir, impedir y hacer cesar, en caso necesario, cualquier acto de robo, de pillaje, de ocultación o apropiación de bienes culturales bajo cualquier forma que se practique, así como todos los actos de vandalismo respecto de dichos bienes”.

Sin embargo, la guerra no resiste acuerdos de papel. Durante la penúltima guerra yugoslava-1992-, la biblioteca de Sarajevo- Vijećnica-, símbolo de convivencia multicultural entre oriente y occidente, fue incendiada con bombas de fósforo. En 2001 los talibán ordenaron la destrucción de los budas de Bamiyán, en Afganistán; luego ocurrió el saqueo del Museo de Bagdad y el incendio de la Biblioteca Nacional durante la invasión de las tropas estadounidenses.

Actualmente Isis continúa con su plan iconoclasta. Después de la destrucción de Nimrud, se planeó acabar con uno de los vestigios más importantes de la Siria antigua: el templo de Baalshamin, en Palmira. “Las atrocidades contra el patrimonio cometidas por el autoproclamado Estado Islámico, evidencian la incapacidad y la negligencia por parte de los gobiernos para defender su historia, vendida al mejor postor dentro del mercado negro de las antigüedades. Aniquilan la historia y le ponen precio a la identidad” concluye la historiadora Daniela Buitrago.

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Enero
08 / 2016

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