Sergio Cabrera y Felipe Aljure regresan a las salas de cine

La próxima edición del FICCI marca el final del silencio cinematográfico de dos de los nombres más importantes del cine nacional: Felipe Aljure y Sergio Cabrera. Revista Diners conversó con ellos.
Prev2 de 2Next

Sergio, usted había prometido que no volvía a hacer cine, pero dos regalos de cumpleaños le cambiaron los planes.

SC: [Risas] Sí. Yo había decidido aparcar mis deseos cinematográficos, pero entonces me regalaron de cumpleaños el libro Todos se van, de la escritora cubana Wendy Guerra, y me gustó mucho. Yo no pensé en un primer momento en hacerla, pero hablé con mi amigo cubano Jorge Pergurría, protagonista de Fresa y chocolate, y le pregunté por qué nadie la había hecho en cine. Él me respondió que ningún cubano la iba hacer, me dijo que debería hacerla yo. Incluso llamó a Wendy y me la pasó. Mi esposa, al verme emocionado, fue, y sin decirme nada, compró los derechos de la película y me los regaló de cumpleaños.

FA: ¡Ese cuento está buenísimo! Nada. Le tocó hacerla o divorciarse. No tenía opción.

SC: Pues yo ahí todavía dudaba, pero empecé a escribir el guion porque me pareció que era lo mínimo. Cuando me fui a vivir en España me desconecté de Colombia. Trataba de escribir sobre el país, pero no daba con nada. Y entonces leí esta novela y me trajo muchos recuerdos de infancia. Yo crecí en la China socialista donde esa lucha entre la autoridad y la libertad está muy presente. En el libro de Wendy vi una película sobre cómo se ejerce el poder sobre los niños, que tienen encima el poder del Estado, el poder de sus padres, el poder de los amiguitos, de los hermanos mayores. Tuve en un primer momento un bloqueo porque no quería hablar mal de la revolución cubana, que siempre he admirado. Pero me puse a reflexionar y me acordé de una frase de Goethe que dice que ahí donde más brilla la luz, más negra es la sombra. Creo que la falta de autocrítica del socialismo, haber cerrado los ojos en vez de abrirlos, ha llevado a que ese sueño no fuera posible. Ahí me sentí aliviado y seguí adelante.

Y es que esta película comparte con todas las otras que ha hecho un subtexto político importante…

SC: Hace poco leía a Michel Foucault, el filósofo francés, y él decía que la función del intelectual en la lucha por cambiar la sociedad es la función del cartógrafo que muestra el espacio en el que se tienen que hacer cambios. Yo nunca lo había pensado así, pero eso es lo que hace uno: mostrar el mapa del país a través de una historia de pequeñas historias.

Eso es algo que tiene mucho que ver con Tres escapularios.

FA: No me le quiero tirar la película a nadie, pero es eso: es la pregunta de qué pasa cuando llegan órdenes de una comandancia –lejana, distante, envejecida y, si se quiere, irracional– que confronta a los personajes con su propio mapa ético. Yo creo que el cine hace eso, amplifica rincones que a uno le parece importante amplificar.

SC: Es que el deseo de hacer una película llega por caminos muy diferentes. No es simplemente encontrarse con un buen libro, sino también que te interese el tema. Para mí esta película es un ejercicio para ver si soy capaz de hablar sobre mi experiencia en China y en la guerrilla, pero no resulta fácil. Todos se van es una forma de hablar de mí mismo a través de otra persona.

Prev2 de 2Next

Artículos Relacionados

  • Destino: Colombia, el viaje de las ballenas jorobadas
  • Cinco canciones para disfrutar el fin de semana
  • Música para después de una tormenta con Ariana Grande
  • Dirty Proyectors, un viaje de melodías folclóricas

Send this to a friend