Otro tipo de amor: el “Bromance”

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Los escritores David Foster Wallace y Jonathan Franzen: bromance literario
El amor entre dos amigos, entre dos hombres, es mucho más profundo que una simple suspicacia de confusión sexual.
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“A dos amigos que se amaron con el alma”, dice Carlos Vives en su versión del son Jaime Molina, justo antes de soltar un quejumbroso “Ay, ombe”. La canción narra la historia del pintor Jaime Molina y el compositor Rafael Escalona. Hoy, a fuerza de repetición, es fácil pasar por alto la letra de esa canción, con la que Escalona cumplió la promesa que él y su amigo se habían hecho: si Escalona moría antes, Molina le haría un retrato; y si era Molina quien se iba, Escalona le compondría un son. La suerte hizo que la tarea quedara en manos del compositor. La canción, más que sobre dos amigos, es una declaración de amor: “Ahora me duele que se haya ido”, escribió Escalona, “me quedé sin Jaime y él sin Rafael”.

Es curioso que dentro de un género en el que el donjuanismo ha sido un leitmotiv, una de las canciones de amor más sinceras sea entre dos hombres. Y no solo eso. El son de Escalona dibuja una forma de afecto masculino que seguramente aterraría a más de un hombre: “(…) En las piernas se me sentaba –asegura Escalona–, me contaba un chiste y se ponía a reír”. En una cultura como la costeña, donde los chistes homofóbicos llenan las parrandas de amigos, la declaración de Escalona parece revolucionaria. Al final, eran dos “amigos que se amaron con el alma”; amistades que hoy, en ese afán contemporáneo de nombrarlo todo, han sido llamadas bromance: el romance entre amigos, entre hermanos (bro).

ENTRAÑABLES
Las amistades entre dos hombres han existido desde siempre, pero solo hasta hace poco se popularizó el término bromance para definirlas. Cabe pensar en Sherlock Holmes y su amado Watson, quien no solo fue su compañero entrañable sino, además, su único amigo y un punto débil que sus enemigos utilizaron en su contra. Herederos de las historias de sir Arthur Conan Doyle son personajes como el doctor House y su amigo James Wilson, quien de manera deliberada comparte iniciales con John Watson. Wilson no solo era una suerte de polo a tierra para el doctor House, sino que su relación fue el gran motor de la serie y el detonador de la última temporada, al punto de que el último capítulo pasará a la historia como uno de los más insospechados de la historia.

Los bromances son amistades muy íntimas, aunque no eróticas, entre dos o más hombres heterosexuales. El término parece haber sido acuñado a finales de los noventa por Dave Carnie, editor de la revista de skateboarding Big Brother, para definir la relación de los practicantes de este deporte, que fue esencialmente masculino durante muchos años. Con todo, lo único nuevo en todo esto es el nombre. Desde los griegos, las relaciones cercanas entre dos hombres ocupaban la cabeza de los pensadores, como queda claro en el diálogo platónico El Banquete, donde Sócrates discute con sus amigos el concepto del amor entre hombres: “No hay mayor ventaja para un joven que tener un amigo virtuoso, ni para un amigo que el amar un objeto virtuoso. Inspira al hombre la vergüenza del mal y la emulación del bien. Inspira valor, pues ‘solo los amigos saben morir el uno por el otro’. En el alma del que ama hay divinidad”.

Si bien podría ser excesivo acusar de misóginos a dos amigos que viven un bromance, es claro que son espacios donde se expresan rasgos y conductas propias de la masculinidad, y en el que las mujeres no están invitadas. Pero al mismo tiempo, esos comportamientos tampoco tendrían cabida en contextos ajenos a la intimidad –y el amor visceral– entre dos personas que bien podrían ser almas gemelas. Parte de la naturaleza que define estas amistades contrarresta de alguna manera los estereotipos del macho. El periodista Tim Elliot, en una nota publicada en el portal australiano The Age, describe lo que él mismo define como una aventura amorosa: “Cada tarde de sábado me encontraba con un amigo durante una hora o dos en el estadio. Veíamos el partido, nos tomábamos un par de cervezas y hablábamos de cosas. Luego de eso nos decíamos cuánto lo habíamos disfrutado y regresábamos con nuestras mujeres (…) Estoy seguro de que mi esposa nunca sospechó nada. Yo tampoco lo hice: simplemente estaba yendo a ver fútbol. Solo hasta ahora entiendo la realidad: estaba teniendo un bromance”.

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