Cinco refugios en Colombia para vacaciones de última hora

Estos destinos en Colombia están lejos de las aglomeraciones y no hacen parte de las guías típicas de turismo.

Son templos (casi) secretos de tierra, mar, río y montaña para disfrutar de actividades alternativas y desconectarse de la ciudad a solas, en pareja o en familia. Lo mejor: no requieren mucha planeación.

Medírsele a un safari por los llanos

Atardeceres naranjas o magentas, según el humor del cielo, dibujan paisajes increíbles en el Hato La Aurora, Casanare. Foto: Sebastián Barragán

El rumor de la lancha espanta a las garzas corocora que pescaban en el lado tranquilo del río y que ahora se han prendado de los árboles haciéndolos florecer con ese plumaje rojo y liso. El guía anticipa que el animal que están buscando tiene ocho metros de largo y que si hay suerte hasta podrían tocarlo un poco. Los niños celebran. Su mano temblorosa alista la cámara. “No tema”, le dicen.

En esta misión del día, llamada La búsqueda de la Anaconda, le dirán qué hacer y qué no para que nadie corra riesgos, incluyendo la boa acuática, que de salir de los límites del parque podría ser cazada. Por eso, ahora se esconde entre los humedales del Hato La Aurora, Casanare, una reserva natural de 9.887 hectáreas con tantos animales y plantas que no es raro que exploradores y ornitólogos del otro lado del globo frecuenten el lugar.

En el Hato La Aurora, Casanare, hay cerca de 300 especies de aves. Foto: Sebastián Barragán

Después de La búsqueda de la Anaconda hace falta recuperar el aliento. La lancha se dirige al caño El Toro para lanzar la caña y el anzuelo y más tarde, a la orilla del agua, asar lo que usted mismo pescó. Mientras come, quizá le salude una familia de chigüiros o se sorprenda con el acuatizaje del gigantesco garzón soldado sobre un pantano cercano. La tarde está fresca (en el día la temperatura puede subir a 35 °C) y el sol aún está por encima de los higuerones, laureles y arangueyes de flores amarillas.

Ya cerca de las cabañas, cómodas pero sin lujos, los vaqueros conducen los potros sin domar a los establos y reúnen las vacas para enlazarlas y marcarlas. Cultura llanera en su máxima expresión, incluyendo algo que está a punto de empezar: el atardecer naranja o magenta o cualquier color según el humor del cielo. Salen de cacería los mochuelos y se refugian las guacamayas y las cigüeñas. Apenas en esta zona del Casanare hay cerca de 300 especies de aves. Al horizonte del río Chire el paisaje se refleja en el agua dormida.

De noche le esperan algunos integrantes de la familia Barragán, dueños del Hato y guardianes de la reserva. Hay carne asada y un poco de celebración. Un hombre toca el arpa y canta historias sobre esta tierra, como la llegada de la modernidad y la conciliación de las tradiciones con la conservación de la naturaleza. Hay que despedirse pronto, en los llanos se madruga.

No se preocupe por el despertador. Los monos aulladores suelen venir temprano a buscar frutos en los árboles y a posar para las fotos, que les encantan. Mañana hay una búsqueda, la de los jaguares.

Quizá conozca a Flor de Mayo, una hembra adulta, o al joven Juan Solito y sus manchas con formas de roseta.

Para que se anime ya

Alojamiento recomendado
Ecolodge Juan Solito, Hato Aurora (Casanare). El precio promedio se encuentra en $125.000. www.juansolito.com

¿Cómo llegar?
Desde el aeropuerto de Yopal hasta el hotel Juan Solito, Reserva Natural La Aurora, se puede llegar vía terrestre en unas cuatro horas y media. El transporte se puede reservar con el hotel o las agencias de la zona.

Para comer
El hotel Juan Solito tiene un restaurante que funciona todo el día y los precios están en un promedio de $25.000. La comida, especializada en carnes y guisos de la región, se halla muy bien valorada por sus visitantes.

Este plan es para usted si…
Le gustan los animales y la fotografía, quiere viajar en familia a un lugar lleno de actividades para hacer durante el día, y está dispuesto a sacrificar el lujo por la aventura.
Lleve repelente.

Acampar en un tipi en Guasca

Los tipis son tiendas para acampar que usaron originalmente los indígenas norteamericanos en las llanuras. Puede dormir en una de ellas en Guasca. Foto: Ricardo Pinzón

Usted abre los ojos. La luz de la mañana se cuela por las paredes, que en realidad son telas, telas gruesas que se unen allá arriba en la punta de esta pirámide nómada que otrora los indígenas norteamericanos usaron como tiendas para acampar en las llanuras. Escucha al burro Benicio rebuznar en algún lugar de la montaña. Y pensar que a solo una hora de aquí estaría en su casa, en la ciudad, escuchando automóviles y obras siempre en construcción.

Se escurre de la cama, se quita las mantas tejidas con paisajes de los antiguos nativos y sale del tipi por una abertura pequeña, como la entrada de una cueva. Llegan a saludarle los perros del lugar. Levanta la vista, se recuerda en una cima, al frente de dos, tres, cuatro montañas y sus árboles y sus casitas con el fogón de leña encendido y un laguito en el que una familia de patos ya se da el primer baño del día. Hay pocos vecinos, son apenas tres tipis más.

La decoración está inspirada en la cultura indígena. Foto: Ricardo Pinzón

Casi todos duermen menos aquel escritor que se escapó de Bogotá para poder terminar su libro y que ahora se encuentra sentado en un sillón, de cara al paisaje, con un cuaderno de notas en las manos.

Va a la cabaña principal para darse un baño caliente y tomar café local recién filtrado. Es una amplia casa de madera con ventanales para no olvidar la naturaleza circundante, mesas y sofás, chimenea y un mesón de cocina con fresas silvestres y una jarra llena de gomitas.

La decoración está inspirada en los mismos indígenas de los tipis: atrapasueños y plumas, flechas y plantas colgantes. Alguien podría definirlo como rústico chic. De fondo suena una lista de canciones de Ásgeir, Elder Island, Tom Misch, Segilola y otros artistas indie…, sonidos pensados para que usted se desconecte en el monte con cierto confort.

Las lagunas de Siecha, del Parque Natural Chingaza, guardan una estrecha relación entre la historia muisca y el agua y las montañas. Foto: Jefferson BM

Detrás de cada detalle está Mateo Páez Peláez, el creador de Monte Teepee Hostel, fotógrafo y viajero, que replicó en su refugio en Guasca, Cundinamarca, el lugar al que siempre quería llegar en medio de sus travesías y compartirlo con sus amigos. De cierta forma, todo el que se aloja aquí termina entrando en confianza, bien sea por las tardes en las que se enciende la chimenea, por los cocteles de la casa con nombres llamativos como Benicio del Burro o Visco Saigon, el cochinillo y pizza al horno de leña, o el lounge al aire libre que se activa los fines de semana.
Por hoy usted decide dar una caminata aunque también tiene las opciones de cabalgata y tour en bicicleta.

A 15 minutos en auto está la entrada de la reserva El Encenillo, donde es posible ver cusumbos, armadillos, zorros de páramo, entre otros animalitos que andan libres por el bosque. También le gusta la idea de abrigarse más, manejar otros treinta minutos, caminar páramo arriba y llevar la cámara para conocer en lo alto del Parque Chingaza las lagunas de Siecha y pasar de los indígenas norteamericanos a nuestros muiscas y su relación mística con el agua y las montañas.

Para que se anime ya

Alojamiento recomendado
El Monte Teepee Hostel, Guasca (Cundinamarca). El hospedaje está en un promedio de $130.000.
www.elmonteteepeehostel.com

¿Cómo llegar?
Tome la vía Bogotá-Guasca y en el kilómetro 27 entre por la vereda Santa Lucía. En 1,5 km estará en El Monte Teepee.

Para comer…
En el restaurante de El Monte Teepee hay especialidad de pizzas y sugerimos especialmente el sándwich de pulled pork o cerdo mechado. El precio promedio de los platos es de $25.000.

Este plan es para usted si…
Busca un escape romántico cerca de Bogotá, una desconexión en solitario con la posibilidad de conocer gente en las tardes de lounge o si tiene hijos pequeños que estarán encantados con los tipis y los animales domésticos del lugar.

Avistar ballenas en Bahía Solano

Entre agosto y septiembre se vive uno de los espectáculos más apasionantes: la llegada de las ballenas jorobadas, que sacuden la superficie con su danza de cortejo. Foto: Fredy Gómez

Si usted está aquí es para conocer las ballenas jorobadas y sus coletazos y sus saltos impresionantes que sacuden la superficie del océano Pacífico. Algunas estarán en plena danza de cortejo, otras irán más tranquilas con sus ballenatos al lado. Lanzarán nubes de vapor, serán el espectáculo del día. Y pensar que vienen del fin del mundo, de aguas frías, pero con más alimento, para enamorarse y dar vida entre agosto y septiembre, justo ahí a unos metros de usted y su familia en la seguridad de una lancha.

No deje de visitar los manglares de la zona. Foto: Fredy Gómez

Esa era la meta, pero no alcanza a imaginar el camino. Tal vez ahora a su lado esté nadando un grupo de delfines que compiten con la embarcación por ser los más veloces. Hacen acrobacias como tal vez las que ha visto en un acuario, solo que están en libertad y, a diferencia de las ballenas, les gusta vivir en el Chocó todo el año. Y si de todos los paraísos posibles de Bahía Solano escogió El Almejal, tiene también el privilegio de ver durante algún amanecer de la temporada a miles de tortuguitas salir de sus huevos enterrados en la arena y aletear sin mayor duda hacia el mar.

En El Almejal, Bahía Solano, la noche es clara y durante el amanecer puede escuchar el canto de las oropéndolas. Foto: Fredy Gómez

Además, le dará gusto saber que esta escena hace parte de un proyecto de conservación que desde 1995 busca proteger a las tortugas golfinas de su extinción.

Ya se dio el gusto de ver las ballenas, tortugas y delfines. En la madrugada, además, escuchó a las oropéndolas -que cantan tan glorioso como su nombre- y a los tucanes, y en la noche fue a buscar ranas entre los matorrales con una linterna. El siguiente paso es perderse. En unos minutos, después de navegar por los manglares, llega a una cascada junto al mar y, por la misma zona, a los pozos de aguas termales.

Las olas están en su punto para practicar surf y si acaso el agua está muy tranquila, es hora de alquilar un kayak.

La playa es un templo. Hay poca gente y uno que otro grupo de practicantes de yoga y taichí. De frente está el mar; detrás, el bosque húmedo tropical, una de las zonas más biodiversas del planeta. Cae una lluvia ligera. El lujo de lo simple.

Aunque algunas zonas son rocosas, otros lugares resultan ideales para practicar surf y kayak. Foto: Fredy Gómez

Para que se anime ya

Alojamiento recomendado
El Almejal Ecolodge & Rainforest Reserve, Bahía Solano (Chocó). El precio promedia los $144.000.
www.almejal.com.co

¿Cómo llegar?
El Almejal se encuentra en la playa del mismo nombre, en un corregimiento de Bahía Solano llamado El Valle.

Para comer…
El Ecolodge tiene un restaurante mirador que ofrece pescado local y productos de su huerta orgánica. Recomendamos el mechado o encocado de pargo, los ceviches y los sancochos. Los precios tienen un valor promedio de $30.000.

Este plan es para usted si…
Además de playa quiere planes alternativos que lo conecten con la flora y fauna del lugar con todas las comodidades posibles. También si viaja en pareja o en familia y busca una experiencia gastronómica inolvidable.


Hacer deportes extremos por un cañón de mármol

Las cuevas y el piso del río Claro están formados por mármol. Foto: Ministerio de Comercio, Industria y Turismo-Fontur

Esta playa no tiene arena, pero los surcos que se dibujan sobre ella dan la impresión del viento, del paso de los milenios ahí, bajo sus pies. El mármol está tibio. El mármol de la playa, de las paredes del cañón, de las cuevas y del piso del río Claro.

Se pregunta cómo tanta riqueza sobrevivió a los saqueos de los conquistadores o del mismo Pablo Escobar, que construyó su hacienda Nápoles a unos pocos kilómetros de aquí. Juan Guillermo Garcés, el propietario de la Reserva Natural Cañón del Río Claro, le cuenta que este era un paraíso perdido, de difícil acceso, a donde llegaban los jaguares a tomar agua y tomar la siesta bajo el sol. Ahora es un lugar dedicado a la protección del ecosistema y su biodiversidad, a la reforestación y descontaminación del agua, y que promueve la investigación y el turismo de naturaleza.

Río Claro es un paraíso perdido al que llegaban los jaguares a tomar agua y hacer la siesta bajo el sol. Foto: Fredy Gómez

Después del descanso viene la adrenalina. Río arriba la corriente se aviva, los botes de rafting están por salir. Derecha, izquierda, derecha, izquierda, indica el capitán. Zigzagueo, saltos, vacío. Al final del recorrido se celebra con los remos arriba y nadie se queda con las ganas de lanzarse a esas aguas, ahora más tranquilas. Una parte del grupo decide continuar con algo de senderismo, canopy y avistamiento de aves a la sombra de gigantes ceibas, yumbos y abarcos.

En el cañón del Río Claro puede practicar deportes extremos como rafting y canopy. Foto: Cámara Lúcida

Usted opta por otro tipo de exploración. Lo llevan a la boca de una cueva que tiene hileras de estalactitas y estalagmitas que parecen los colmillos de un caimán. De allí salen unos pocos guácharos trasnochados, esos pájaros nocturnos, frugívoros, que se guían por ecolocación como los murciélagos y que dan nombre a la caverna. Una vez adentro, el agua le toca los pies, el mármol brilla con la escasa luz de las linternas y por el camino van apareciendo pequeñas cascadas y pasadizos que le hacen sentir en un laberinto, pero con la premonición de que al final estará playa Manantial y sus cortinas frescas, arbóreas.

Río Claro se convirtió en un lugar dedicado a la protección del ecosistema y a su biodiversidad, a la reforestación y descontaminación del agua y promueve el turismo de naturaleza. Foto: Fredy Gómez

Es de noche y las luces de El Refugio se van apagando. Su habitación está rodeada por el bosque. Hay una tormenta y usted se apresura a mirar por la ventana. Los relámpagos iluminan el cañón y su sonido mitológico se prolonga por sus entrañas de mármol.

Para que se anime ya

Alojamiento recomendado
Reserva Natural Cañón del Río Claro, municipios de San Francisco y Sonsón (Antioquia). El precio promedio es de $150.000.
www.rioclaroreservanatural.com

¿Cómo llegar?
El cañón del río Claro se encuentra al lado de la autopista Medellín-Bogotá, a tres horas en carro de Medellín, en el km 152. O a cinco horas de Bogotá, en el km 264.

Para comer…
En la plazoleta central de la reserva hay un restaurante rodeado por el bosque donde puede comerse una bandeja paisa o pedir un plato a la carta. En promedio cada plato cuesta $25.000

Este plan es para usted si…

Le gustan los deportes extremos y las caminatas ecológicas con conciencia ambiental. La Reserva tiene variados planes para los solitarios, románticos y quienes viajan en familia.

Escaparse al desierto, pero con lujo

Ir al desierto de la Tatacoa es un ejercicio de meditación. Foto: Ministerio de Comercio, Industria y Turismo-Fontur

Si hay un lugar para viajar mente adentro es el desierto. Por algo los cuarenta días con sus noches que se relatan en las escrituras sagradas. Es el espacio del silencio por excelencia, del viento que moldea las dunas, del fuego cristalizado en la arena roja, la melancolía de un suelo gris. Usted solía creer que después de un tiempo en el desierto venía el tedio, pero es que no había visto con atención.

Estar aquí, en La Tatacoa, es un ejercicio de meditación. En el día hay movimientos leves, un halcón que descansa sin hacerse daño sobre un cactus, una caminata a través de los cañones secos por donde fluyó alguna vez el mar.

En la noche el cielo parece haber crecido. No, no es una figura literaria. La ausencia de edificios y de las luces de una gran ciudad le devuelve la oscuridad a la noche y usted ya está boca arriba, señalando estrellas que jamás había visto. Tal vez optó por armar su propio camping y ahora se esté extinguiendo la fogata que encendió entrada la tarde.

La ausencia de edificios y de las luces de la gran ciudad le devuelve la oscuridad a la noche. Foto: Ministerio de Comercio, Industria y Turismo-Fontur

O quizá se dio el regalo de hacer glamping (glamour+camping) en una habitación de madera, equipada con una cama suave y algunos objetos de decoración rococó. Incluso hasta tiene la opción de acomodarse en un bioegg, una tienda de tela en medio del desierto y con la forma de un huevo de dinosaurio.

En las instalaciones de este curioso alojamiento llamado Hotel Bethel Bio Luxury también hay un espejo de agua rodeado de cactus y una piscina en lo alto de una terraza que usted agradece porque el sol es omnipresente. Y como la idea es fusionar la desconexión con el lujo, el silencio aquí se desvanece.

El hotel Bethel Bio Luxury fusiona la desconexión con el lujo. Foto: Hotel Bethel Bio Luxury

En el bar lounge, con vista al desierto, suena algo de chill out y las copas que se juntan para brindar con cocteles la llegada de la tarde. Piensa en lo que vendrá al día siguiente. Un masaje, un paseo en cuatrimoto o una cabalgata. O volver a lo simple y salir a caminar para reencontrarse con el silencio, con esa roca que de tan banal es preciosa.

La piscina de la terraza del hotel Bethel Bio Luxury es como un oasis en el desierto. Foto: Hotel Bethel Bio Luxury

Para que se anime ya

Alojamiento recomendado
Hotel Bethel Bio Luxury, Villavieja (Huila). Los precios de hospedaje promedian los $240.000.
www.betheltatacoaoficial.com

¿Cómo llegar?
Desde Bogotá debe utilizar la ruta Neiva-Espinal. Le tomará cerca de cinco horas llegar a La Tatacoa (Huila). Desde Neiva le tomará 45 minutos.
El aeropuerto más cercano es el Benito Salas, en Neiva.

Para comer…
En Villavieja, a 15 minutos del desierto, puede probar delicias típicas como cabrito en El Rincón del Cabrito o pepitoria con cordero en Villa de Márquez. Bio Luxury tiene un restaurante para sus huéspedes con especialidad en comida de mar y pizza en horno de barro. El precio de los platos tiene un promedio
de $65.000.

Este plan es para usted si…
Quiere un escape romántico, tranquilo y cómodo. Recuerde llevar bloqueador solar para el día y abrigo para la noche.

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