Un recorrido por la Ruta de la Música: de Chicago a Nueva Orleans

La Ruta de la Música, que atraviesa Estados Unidos de norte a sur, es un recorrido a orillas del Mississipii, pero también un viaje a la historia de una cultura que aún hoy lucha por preservar su dignidad e identidad.

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Arraigada en el corazón de los amantes de la música, la ruta que une Chicago con Nueva Orleans está llena de historia y de ritmo, pues era el camino que tomaban los cantantes que partían del sur de Estados Unidos en busca de una vida mejor. Salían de las plantaciones donde se sentían explotados, rumbo a las ciudades industrializadas para hacer oír sus penas y lamentaciones.

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Recorrer estos caminos es viajar del country de Nashville al rock and roll de Memphis; del blues del delta del Mississippi al jazz de Nueva Orleans. Es sentir la esencia del soul, del góspel y hasta del house, el rap y el hip-hop. Recorrer estas rutas es conocer también algo de la historia que marcó a Estados Unidos con la segregación racial, las diferencias sociales y la lucha por los derechos civiles.

 

La ciudad de los vientos

Chicago fue uno de los destinos de los músicos que venían del delta del Mississippi, como Muddy Waters. La tercera ciudad en importancia de Estados Unidos nació a orillas del lago Michigan, desde donde el viento sopla con tanta insistencia que le valió el apelativo de la Ciudad de los Vientos. Su centro financiero, conocido como el Loop, está bordeado por el río Chicago, y por el larguísimo Parque Grant (en honor del presidente Ulysses Grant, héroe de la guerra de Secesión), que se prolongó ahora con el Parque Millennium, donde se celebra, entre otros eventos, el Chicago Blues Festival.

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Al escenario del Chicago Blues Festival se subieron leyendas como B.B. King, Ray Charles y Etta James.

 

Sus grandes rascacielos y sus legendarios edificios de estilo art déco son un deleite para los amantes de la arquitectura. Hay que visitar, por ejemplo, la torre Willis (antigua torre Sears), un rascacielos de 110 pisos en cuyo SkyDeck hay una especie de balcones con paredes, techos y pisos de vidrio, para hacer sentir al visitante como si estuviera en una urna volante.

Al otro lado del río están el Merchandise Mart, un imponente edificio de los años treinta dedicado al diseño y la decoración interior y, en dirección al lago Michigan y al sector conocido como Navy Pier, dos inmensas torres circulares. Son las de la Marina City, exclusivos edificios gemelos que se conocen como “las mazorcas”, por la forma en que sobresalen los balcones como si fueran granos de maíz.

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En el Skydeck, de la torre Wills, las paredes, techos y pisos de los balcones son de vidrio, para hacer sentir al visitante como si estuviera en una urna volante.

 

En los primeros pisos funciona uno de los escenarios más importantes del blues: The House of Blues, que presenta espectáculos en vivo de diferentes géneros musicales. Aquí es posible incluso tener un domingo de brunch a ritmo de góspel.

La cuna del country

La vida campestre de Nashville con sus criaderos de caballos fue el escenario ideal para el nacimiento de la música country. Para conocer los orígenes del ritmo vaquero, en Demonbreun Street está el Salón de la Fama de la Música Country, un imponente museo que se ha ganado el título del Templo del Country, pues alberga todos los documentos que dan cuenta de su historia, los objetos utilizados por los artistas, así como cabinas especiales para oír los grandes clásicos. Visto desde arriba, el edificio tiene la forma de una clave de fa y sus ventanas parecen las teclas de un piano.

El country se popularizó con la creación del programa radial The Grand Ole Opry, en 1925, que presentaba músicos en vivo y cuyas emisiones eran abiertas al público. Fue tanta la acogida que de un estudio de radio tuvieron que pasar a una completa sala de teatro, que aún hoy existe como escenario de conciertos donde todos los artistas sueñan con presentarse algún día.

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El cantante y jurado en The Voice, Blake Shelton, canta en el Grand ole Opry, uno de los escenarios de música country más importantes.

 

Nashville también tiene su Broadway: es una larga calle conocida como Honky Tonk Highway donde es fácil encontrar espectáculos en vivo desde las diez de la mañana en un plan al que todos le dicen honky tonking.

Otro símbolo de la ciudad es el Partenón, réplica del verdadero templo griego, construido para la exposición del Centenario de Tennessee, en 1897, cuando la ciudad se hacía llamar la Atenas del Sur.

Memphis: Blues, Elvis y Luther King

La ruta continúa y cada vez se hacen más evidentes los vestigios de las plantaciones de algodón, tabaco y caña de azúcar, con la melancolía de los que allí trabajaban, negros que cantaban todo el día y toda la noche para mitigar su dolor, su soledad y su nostalgia.

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Sobre la calle Beale, en Memphis, se ubica el King’s Palace Cafe, considerado una de las cunas del blues.

 

Ese canto, acompañado de una guitarra, es el blues. El mismo que llegó a la calle Beale de Memphis, donde todo comenzó cuando en 1909 W. C. Handy (William Christopher Handy) les puso música a esas tristes historias. Unos cuarenta años después, lo siguió BB King con su guitarra y sus recuerdos de los cultivos.

Elvis Presley también llegó con su familia, él tenía 13 años y poco después comenzó su brillante carrera por los aires del rock and roll cuando se le ocurrió mezclar el blues con el country, en un ritmo que al comienzo se llamó rockabilly.

Memphis, en el extremo suroccidental del estado de Tennessee y a la orilla del río Mississippi, es la ciudad que hizo crecer al blues, que desarrolló el soul y que vio nacer el rock and roll.

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Graceland es la famosa mansión de elvis Presley. Fue convertida en un destino turístico.

 

Eran los años cincuenta, una época en la que las diferencias entre negros y blancos eran muy marcadas: el rhythm and blues era negro, mientras que el rock and roll era blanco.

Beale Street es el escenario por donde pasaron todos los músicos y donde aún está gran parte de la actividad musical. Allí, en la esquina de la Segunda Avenida queda el BB King’s Blues Club, una sala de espectáculos creada por el recordado músico en 1991.

En Union Avenue está el Sun Studio, donde Sam Phillips grababa los trabajos de los músicos que venían exiliados del delta del Mississippi. Donde Johnny Cash registró sus producciones en los años cincuenta, lo mismo que Elvis Presley, B.B. King, Jerry Lee Lewis y hasta Bono, tiempo después.

Otro estudio de renombre, para muchos cuna del soul, fue Stax Records, donde grabaron artistas como Rufus Thomas, Ottis Redding y Aretha Franklin. Hoy es un museo.

Al sur de Beale, bajando por la misma Segunda Avenida, se encuentra el Museo Nacional de los Derechos Civiles, construido como una prolongación del hotel Lorraine, que aceptaba por igual huéspedes blancos y negros, algo raro en la época. El 4 de abril de 1968, en el balcón de la habitación 306, fue asesinado Martin Luther King.

Más al sur, ya por fuera del Downtown, se llega a la famosa Graceland, la mansión de Elvis Presley, cuyo cuerpo reposa en el jardín anexo, el Meditation Garden. La casona y sus alrededores están convertidos en un complejo turístico con tiendas de recuerdos, restaurantes (decorados al mejor estilo de los años cincuenta) y hoteles temáticos.

Rumbo al sur por el delta del blues

La región del delta del Mississippi se considera la verdadera cuna del blues, pues de allí salieron los más importantes representantes de este ritmo y las historias que los inspiraron, como John Lee Hooker y Charley Patton.

Desde Memphis se puede viajar en carro, en tren o en barco (algunos de vapor), aprovechando la magia del río Mississippi, por donde surcan cruceros que unen esta ciudad con Nueva Orleans.

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El río Mississippi es testigo del nacimiento del blues.

El recorrido por tierra sigue el trazado de la antigua ruta 61, la autopista del Blues, la misma que ha sido objeto de canciones como la recordada Highway 61 Revisited, de Bob Dylan. Esta carretera pasará por varias ciudades que son símbolo de la cultura del blues, como Tunica, Clarksdale e Indianola.

El Mississippi siempre estará ahí como la columna vertebral del recorrido, con sus amaneceres, sus atardeceres y sus noches inolvidables. En una de sus orillas creció Natchez, la ciudad más antigua del estado y que le debe su nombre a la comunidad indígena que habitaba estas tierras.

Natchez permanece como suspendida en el tiempo, con sus casas al estilo antebellum, construcciones que datan de antes de la guerra de Secesión (1861-1865). Algunas de estas hoy han sido convertidas en posadas para los turistas, y aún conservan los muebles y la decoración de aquellas épocas, como Dunleith, Stanton Hall o Cedar Grove Plantation.

La ruta continúa e incursiona ahora en las tierras de Louisiana, para visitar su capital, Baton Rouge, y descender hasta la misteriosa Nueva Orleans, donde el río forma los famosos pantanos o meandros (bayous) que identifican aquel “país cajún” del sur de Estados Unidos.

Región de mezclas

En Louisiana nació el jazz como resultado de la mezcla de ritmos e influencias de varias culturas. Pero aquí no solo la música es producto de una mezcla. También la gastronomía, la religión, el idioma son resultado de la integración de raíces francesas, españolas, creoles y autóctonas americanas.

Baton Rouge es paso obligado en la ruta hacia Nueva Orleans. Aquí se puede conocer el Capitolio, que funciona en un alto edificio estilo art déco de 34 pisos.

Por la carretera asoman nuevamente las plantaciones, símbolo de opresión para unos y de progreso económico para otros, pero también triste lugar de inspiración para esas historias que más tarde se convertirían en canciones acompañadas de guitarras.

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El Bridgestone Arena, en Nashville, es un moderno escenario construído en 1996 que ha sido sede de eventos deportivos y entregas de premios musicales.

 

Nueva Orleans nació en el Barrio Francés, a orillas del Mississippi. En el corazón de este sector está el hotel Monteleone, muy cerca también de la mítica calle Bourbon. Por sus habitaciones pasaron celebridades como William Faulkner, Francis Scott Fitzgerald, Truman Capote o Tennessee Williams.

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New Orleans era uno de los destinos que frecuentaban figuras como William Faulkner, Truman Capote o Tennessee Williams

 

La recomendación para hallar hospedajes es buscar los de barrios como Faubourg Marigny, muy cerca de allí, pero más tranquilo a la hora de dormir. Aunque en Nueva Orleans tal vez no sea buena idea dormir. Los bares y restaurantes invitan a disfrutar de toda la noche al ritmo de jazz, por supuesto, pero también del zideco, una mezcla típica que combina el rhythm and blues con las notas de la música autóctona del sur.

Y como el que peca y reza empata, Nueva Orleans es también lugar de cultos ancestrales, como el vudú. Una de sus principales exponentes, Marie Laveau, yace en el cementerio Saint Louis Number One desde finales del siglo XIX, aunque su espíritu continúa aún presente en el folclor y las leyendas de la ciudad.

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