Napa y Sonoma: el Disney World de los amantes del vino

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Enólogos locales comparten sus secretos para disfrutar al máximo de una visita a la zona.

La primera regla de la visita a los valles de Napa y Sonoma, la meca del vino ubicada entre las montañas y la costa del norte de California, es: !No bebas todo lo que tienes al frente!, !escupe!, asegura Michael McNeill, el enólogo de Hanzell, el viñedo más antiguo de Chardonnay y Pinot Noir de Sonoma que cuenta con una plantación elevada con grandes vistas y una cava hermosa en la que se puede encontrar el vino del año de nacimiento. McNeill promueve la mesura y mantener queso y galletas en el carro como los mejores compañeros de viaje si se quiere disfrutar en pleno.

La zona con más de 600 viñedos es el Disney World de los amantes del vino. Un viaje promedio dura tres días y se visitan de tres a cuatro viñedos al día. Hay para todos los gustos, propiedades extensas de vids que contrastan con las montañas, bodegas clásicas con barriles de roble o contemporáneas con huevos de cemento, y cavas que bien podrían ser estudios de diseño. El salón de degustación de Wind Gap, con un tocadiscos en el que suenan los Rolling Stones y Cat Power, a gusto de Pax Mahle, el dueño que cambia el disco mientras sirve las copas, tiene un toque vintage chic que realza las mezclas inusuales de los vinos que producen, como Riesling Gris, Syrah, Soif tintos y Trousseau Gris de color naranja. “Le damos un hogar a ciertos tipos de uvas, de vids antiguas de los 30 y los 50s que sobrevivieron a la prohibición y las malas decisiones de la industria vinícola. Y que siempre están en riesgo de ser reemplazadas por Chardonnay” comenta Mahle.

La segunda regla es que los viñedos tienen las personalidades de sus dueños y algunos argumentan que el toque personal se traslada a los sabores en las botellas. En la plantación de Bedrock Winery, considerada como “la secoya del vino” por tener unas de las vids más antiguas de la zona, Morgan Twain-Peterson, un hombre de barba, vestido todo de negro, y Chris Cottrell, en su camiseta blanca y jeans, son quienes muestran y describen la propiedad donde se producen Zinfandel, Syrah y mezclas blancas. Los amigos dueños se completan las frases en una especie de stand-up en la que se ríe y se aprende, por ejemplo, que su equipo logró volver una forma sostenible de cultivo en la que se utiliza el riego seco, una técnica que limita la cantidad de agua. “Hay que darle a las vids las herramientas para que lo logren por ellas mismas, como a los niños,” dice Twain-Peterson, mientras camina en pleno sol de medio día a mostrar las diferencias en el tronco de las vids.

Mantener un viñedo es una labor de agricultura bastante técnica y, ante todo, de perseverancia, pues toma años encontrar el momento culmen de maduración para recoger las uvas y muchos factores ambientales afectan cada cosecha, entre esos el cambio climático. Sin contar con lo que se viene después de la vendimia, el proceso de añejamiento y el embotellamiento. “La agricultura sostenible va de la mano con los buenos vinos” comenta Steve Matthiasson, uno de los consultores de viñedos más apetecidos, que alrededor de su casa tiene un viñedo y un jardín orgánico cuya prioridad es crecer uvas para producir vinos blancos y rosés exquisitos con el mínimo impacto ambiental.

hanzell_620x460 Foto: viñedo Hanzell Cortesía: hanzell.com

“Todo debe ser hecho para pasarla bien. El propósito de abrir una botella de vino es tener una experiencia compartida. Lo mejor del vino es que no hay reglas, y siempre estamos produciendo más” comenta Tegan Passalacqua, enólogo de Turley Wine Cellars, el reconocido viñedo familiar, primero en ser orgánico en la zona, que se especializa en Zinfandel. Para los primerizos, las distancias y el tiempo que se demora llegar de un lugar a otro son consideraciones importantes, al igual que contratar un chofer o un sistema de transporte confiable, Lyft es la opción más popular de la zona.

Para preparar la visita Passalacqua recomienda: preguntar al sommelier de la tienda de vino en tu ciudad en donde compras con regularidad, hacer citas en los viñedos y bodegas con dos semanas de anticipación y respetar esas citas para no perder el tiempo. Si hay un lugar en el que no se puede hacer cita o que normalmente no recibe visitas, vale la pena llamar y preguntar.

Toda la coreografía y el trabajo detrás de cada copa son dignas de una danza ritual por cada sorbo. Para Jon Bonné, un experto en la zona, autor de The New California Wine, con labores inusuales como seleccionar vinos locales, de producción exclusiva, con botellas de poco peso que al mismo mantuvieran los sabores y el buen paladar para Mint, el servicio premium de la aerolínea JetBlue, la experiencia de los vinos californianos por su juventud y variedad de uvas, permite que haya más innovación que en lugares con tradiciones muy fuertes como Francia donde cada area es regulada y contenida. La mejor época para visitar es mayo porque es más fresco, aunque Agosto y Octubre son los meses más populares.

failla_620x460 Foto: vinos Failla Cortesía: faillawines.com

Para una primera visita Bonné recomienda el viñedo Robert Mondavi por la calidad educacional de su tour, Inglenook por su historia y sus instalaciones con una casa de madera impresionante, Corison por que su dueña hace un excelente Cabernet, y Failla, para una experiencia más intima de degustación. “Si vienes hasta acá, descubre que hace a estos lugares especiales y por qué la gente cree que produce muy buen vino. Si cabe en el itinerario, visita algunos de los parques naturales o los lugares que hacen del suelo de la zona un lugar especial”, agrega.

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