Cinco hoteles en el mundo que superan las expectativas

Si está en busca del hotel ideal para descansar, tener comodidad y no ser molestado, Diners le recomienda estas pequeñas joyas del mundo hotelero.

Hace algunos años, la búsqueda de un hotel se limitaba a dos o tres tipos de opciones: o los grandes hoteles de cadena, o los fastuosos y más reconocidos de toda la vida, o finalmente pequeños albergues que se deslizaban en bajada por una escala de pocas estrellas. Ahora hay todo un abanico de hoteles boutique donde la sofisticación y discreción son sellos distintivos de cada casa. Espacios acogedores diseñados por grandes arquitectos, en Hong Kong o Nairobi, con versatilidad de comodidades y posibilidades gastronómicas que han individualizado lo que en el sector hotelero no dudan en subrayar como “experiencia”. Diners seleccionó cinco lugares que son como pequeñas joyas: por sus características únicas será difícil que el lector se abstenga de la inquietud y termine echando un vistazo a la disponibilidad de habitaciones para sus próximas vacaciones.

1.Viaje al fin de la tierra

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Hotel Alila Villas Uluwatu, Kuta Selatan (Indonesia).

En balinés uluwatu significa “fin de la tierra”. Una recepción semiabierta con delicados terminados en madera reciben al huésped del Alila Villas Uluwatu, en la península sureña de Bukit (Indonesia), también conocida como el “Beverly Hills de Balí”. Superada la recepción, el visitante se encuentra con una vista hacia una piscina de borde infinito que da contra el océano Índico. Se trata de una completa exhibición de todos los tonos y matices que la paleta del azul puede aportar a la teoría del color. Material de inspiración para los usuarios de Instagram se halla en pabellón de madera que parece suspendido con la mitad de su estructura sobre un acantilado de cien metros de alto. El hotel, además, fue el primero en Indonesia en recibir la certificación de Green Globe por un diseño ambientalmente sostenible.

Rodeado de piscinas y selva tropical, el spa Alila, situado dentro de un pabellón de cristal, ofrece terapias con técnicas asiáticas y occidentales (recomiendan un tratamiento que recibe el nombre de Shirodhara). Si su opción es la meditación, el yogi residente Nyoman Warti lo estará esperando todas las mañanas en uno de estos edificios que parecen armados con palitos de jenga para practicar yoga aéreo de cara al mar. Dos suites del lado de la ladera y otras tres del lado del acantilado, respectivamente, cuentan con piscinas privadas de borde infinito de 21 metros de longitud.

2. El hotel que nadie sabe que lo es

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Hotel Providence, París.

Clandestino. Incógnito. Así se podría definir este pequeño hotel de 18 habitaciones a donde la mayoría de vecinos y visitantes de la capital francesa se suelen acercar a la hora del almuerzo o por la noche para comer o tomarse algo en la pequeña terraza de luces tenues. La carta, rústica a primera impresión, despliega luego las exquisiteces de la cocina francesa según el plato del día: pechuga de pollo, langosta o filete cocido en su jugo con salsa de mantequilla blanca, naranja y jengibre.

A cinco minutos caminando del canal San Martin, zona de restaurantes y bares en el distrito 10 de París, el Hotel Providence tiene la impronta de una decoración relajada y muy chic a la vez. Su responsable es Pierre Moussie, que ha estado detrás del ambiente de restaurantes que son santo y seña de la Ciudad Luz como el cercano Chez Jeanette. Cada tela de lujo del mobiliario, cada interruptor de la luz en este edificio de 1854 han sido escogidos con el mismo cuidado que las piezas de anticuario u obras de arte. Un guiño de los propietarios se puede encontrar en el minibar de cada dormitorio: coctelera para agitar cítricos, hierbas y recetas para el bar.

3. Limoneros en Apulia

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Hotel Borgo Egnazia, Savelletri (Italia).

La región de Apulia está situada justo en la zona que delinea el tacón de la bota itálica. Árboles de olivo, las cercanas ruinas greco-romanas de Egnazia y la costa del mar Adriático arropan al hotel Borgo Egnazia, un enclave en el que han puesto la mira celebridades y sibaritas de todo el mundo (Justin Timberlake se casó allí). Se trata, además, de un remanso de paz que ha recibido el reconocimiento como hotel del año por la revista especializada en lujo Virtuoso. Nada más llegar, el visitante es recibido por una gran villa apuliana color crema, construida en su totalidad en toba y “pietra leccese”, dos tipos de roca local usadas desde la antigüedad. Todo el hotel es, así mismo, una oda a la historia, gastronomía y arquitectura a esta región, que ha sido denominada como la nueva Toscana. Desde los símbolos en el techo en honor de las construcciones cónicas denominadas trullos, hasta las aromas a limoneros que viajan en armonía a través de la recepción.

La empresa tiene el sello familiar de los Melpignano, que decidieron emprender el proyecto en los terrenos contiguos a su campo de golf, hoy parte del complejo, llamado de San Domenico. Abrieron en 2010 bajo una sola filosofía: “Un lugar como en ningún otro sitio”. El Borgo Engazia se divide en tres: “La Corte”, o el hotel principal, que se abre a dos piscinas escalonadas; luego viene “Il Borgo (el pueblo)”, un lugar con habitaciones dúplex y una pequeña placita central donde en verano se celebran íntimas cenas al aire libre al mejor estilo “felliniano”; y finalmente 29 villas privadas, cada una con piscina. El Spa Vair se sirve, finalmente, de toda la riqueza de aceites y productos locales para una experiencia que ha sido descrita como transformadora.

4. Entre leones y rinocerontes

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Hotel Phinda, Sudáfrica.

Este hotel safari de cinco estrellas está incrustado en medio de la exuberancia natural de la reserva Phinda, en las sabanas de la provincia de KwaZulu-Natal, al este de Sudáfrica. En el Phinda Homestead tendrá un cocinero a su disposición las 24 horas del día y un guía con conocimiento suficiente para pasar de lo anecdótico a la explicación detallada de las plantas e insectos más pequeños que se hallen en el camino. Las habitaciones y terrazas del hospedaje tienen la sofisticación y el refinamiento suficiente para querer apreciar desde cualquier punto la despuntada o el descenso del sol. De cualquier forma, a las cinco de la mañana empezará el día con té y galletas.

Durante los días en este alojamiento los únicos ruidos que va a oír son los de los animales: el canto de la cigüeña amarilla o de algún mamífero que rasga las hojas de un arbusto con insistencia. Alrededor pululan chitas, leones y rinocerontes. Y nada más. Al final de la jornada lo estará esperando una idílica piscina donde podrá disfrutar de un bloody mary seguramente salido de alguno de los juegos de coctelería que reposan en cada una de las habitaciones. Phinda Homestead es un enclave estimulante y mágico a la vez. Celebra la naturaleza y transforma un refugio moderno en un lugar atemporal. Un oasis de paisajes tranquilos para levantar el espíritu. Por cierto, el bar está provisto de juegos de mesa y libros. También tiene spa.

5. Arte a la carta

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The Mark Hotel, Manhattan.

El legendario The Mark Hotel en Nueva York ha tomado un nuevo aire y desde hace pocos años se ha convertido en el discreto refugio de ricos y famosos que llegan a la Gran Manzana.

El vestíbulo del hotel es una explosión de formas y colores. El diseño es obra del decorador francés Jacques Grange: figuras geométricas, pisos de mármol a rayas blancas y negras, y la barra del bar en llamativo rosado hacen recordar alguna escena de Alicia en el país de las maravillas. Los sofás son del diseñador Paul Mathieu y los candelabros de Mattia Bonetti. A sus 100 habitaciones se suman 40 suites, entre las cuales se encuentra un apartamento de 1.100 metros cuadrados que presume de tener la noche de hotel más cara del mundo: 75.000 dólares (algo así como 230 millones de pesos).

Pero dejando de lado los precios estratosféricos, el hotel ofrece servicios asequibles y originales como un pícnic elaborado por el chef alsaciano Jean-Georges Vongerichten para llevar al Central Park; diferentes paquetes que incluyen, según la temporada, guías privados por los museos de la ciudad; o entradas para tomarse un par de cocteles en el bar del rooftop del Metropolitan Museum.

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