¿Qué hay para hacer en Aruba?

Diners estuvo en Aruba y le cuenta a qué lugares ir, dónde comer y qué otro tipo de actividades hacer durante tres días en este paraíso terrenal.

Quién no quisiera estar, mientras lee este artículo, en una playa de arena blanca, agua prístina y brisa constante, bebiendo una piña colada debajo de una palmera. A muchos seguramente les seduce la idea de viajar a una isla del Caribe. Y Aruba es el sinónimo perfecto de descanso. No en vano se le conoce en el mundo como la isla feliz.

Este pequeño territorio de 30 kilómetros de largo y 9 kilómetros de ancho, se convirtió en 1986 en una entidad autónoma de Holanda, aunque el Gobierno holandés sigue siendo el responsable por la defensa y las relaciones exteriores de la isla. Desde 1928 hasta 1985 tuvo una refinería de petróleo comandada por diferentes empresas estadounidenses, razón por la cual la influencia norteamericana se siente aún en cada esquina –la refinería abrió de nuevo en 1991, volvió a cerrar en 2012 y el gobierno actual tiene planes de volver a abrirla, pero aún no hay nada concreto–.

Hoy cuenta con 108.000 habitantes y su razón de ser es el turismo, una industria que movió 1,2 billones de dólares en 2015. Hay días que desembarcan hasta seis cruceros gigantes y solo se ven turistas de todas las partes del mundo en las calles. Los estadounidenses representan el 58 % de los visitantes y los colombianos son la segunda comunidad extranjera, después de los holandeses, que viven en la isla.

Y aunque estar, simplemente estar, en una playa, lejos del tráfico, el ruido, la oficina y los problemas cotidianos le cambia la mente a cualquiera, Diners le propone un recorrido de un fin de semana en esta isla y le cuenta los lugares naturales más increíbles que existen, la gastronomía local e internacional, que va un paso más allá de los buffets todo incluido, y los lugares de moda para conocer y disfrutar. Aliste su maleta y aproveche que desde el 3 de diciembre de 2015 el Gobierno de Aruba no les pide visa a los colombianos.

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Los flamingos de las playas en el hotel Renaissance son una gran atracción.

VIERNES

Un buen plan para comenzar la travesía por Aruba consiste en tomar un velero temprano en la mañana en las playas de Palm Beach. Una de las más recientes adquisiciones de la isla es el Mon Forte, un catamarán que hace recorridos a grupos cerrados, resulta cómodo y tranquilo. Aquí la bienvenida será con una copa de mimosa y luego puede desayunar tranquilamente, desde fruta fresca hasta salmón.

Tras media hora de recorrido, el capitán se detendrá en la bahía de Boca Catalina, un lugar ideal para practicar snorkel. El agua es cristalina y se pueden ver diversos corales y peces de colores. Si tiene suficiente fuerza y equilibrio anímese a practicar el paddle board, que básicamente consiste en remar de pie en una tabla, o simplemente láncese con una cuerda desde la proa al mar.

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Tierra del Sol ofrece villas de lujo para alquilar y comprar.

De regreso a tierra, al mediodía, el sol irradia con toda su fuerza y el hambre apremia. Una opción es ir a uno de los mejores restaurantes italianos de la isla: la Hostaria Da Vittorio en Eagle Beach. Su chef, Vittorio Muscariello, viene de una familia de cocineros, dueña de un restaurante en Nápoles. La comida es exquisita, y el ambiente, cálido, con un toque rústico. No se arrepentirá si prueba los calamares a la parrilla y la pesca del día al limón con alcaparras.

Después de descansar un rato, cambiarse de ropa y respirar con calma, llega la hora de ver el atardecer. Un punto perfecto para observar el ocaso es en un muelle de Oranjestad, la capital de la isla, donde queda Pinchos Grill & Bar. Allí se puede tomar un par de cocteles o una Balashi, la cerveza nacional, escuchar buena música y dejarse cautivar por el paisaje marítimo.

Para finalizar el día, no muy lejos de este lugar queda un nuevo restaurante de cocina internacional, bautizado como Wilhelmina, en honor a la reina que gobernó durante más de cincuenta años a los Países Bajos. Ubicado en un edificio art déco renovado, solo abre por las noches. Como la carta es tan amplia y variada, una alternativa interesante consiste en pedir un menú de cinco platos elegidos por el chef con su respectivo maridaje. Puede llevarse una grata sorpresa como con el de sopa de pescado y el pato pekín.

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La gastronomía de la isla es de primer nivel

SÁBADO

Es tiempo de vacaciones y está permitido dormir un poco más. Así que una gran dicha es levantarse sin afán, caminar descalzo en la playa y luego ir al spa de Tierra del Sol. Este lugar tiene apartamentos y villas de lujo para alquilar, pero cualquier persona puede ir a disfrutar y hacerse un masaje –el de aceite de coco en el cuerpo y aceite de mandarina en el rostro es un verdadero placer sensorial–. Claro, si lo prefiere, también puede ir a jugar al golf –tiene un campo de 18 hoyos con vista al mar, diseñado por Robert Trent Jones II–. Luego puede ir a tomar el brunch en el restaurante –que, en honor a la verdad, parece más un almuerzo–.

Cuando baje un poco el sol del mediodía, nada mejor que volver a la playa. En esta isla todas las playas son públicas, a excepción de una, la del hotel Renaissance. En el lobby de este hotel hay un pequeño muelle en el que una embarcación lo transporta en diez minutos hasta sus playas privadas. Aquí, como en gran parte de la isla, el mar se muestra tranquilo y azul turquesa. Sin embargo, la gran atracción la constituye un grupo de flamingos que pasean de un lado a otro, y con los que uno puede interactuar sin ningún problema.

Las otras dos playas que lo dejarán con la boca abierta son Baby Beach, en Seroe Colorado, en el extremo sureste de la isla. Tiene forma de luna y el mar no es muy hondo. Resulta ideal para pasar la tarde en familia. Muy cerca de esta se encuentra Boca Grande, el paraíso para los que practican surf y kitesurf. Aquí no es recomendable nadar porque las corrientes son muy fuertes, pero vale la pena ir a ver a los deportistas, tomar el sol un rato y hacer un par de fotos.

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No olvide recorrer la isla en catamarán

En la noche, para recuperar la energía invertida en el mar, puede ir a Quinta del Carmen, un restaurante ubicado en una antigua casa de Aruba que albergó al primer hospital de la isla y, posteriormente, se convirtió en un club. Sin duda alguna, el jardín se considera la parte más acogedora del lugar. Cenar allí, bajo las estrellas, algún plato de influencia mediterránea, es una buena experiencia.

Más entrada la noche, no hay que perder la oportunidad de ir de fiesta. Moomba Beach, cerca del área donde están los grandes hoteles, es un espacio para encontrarse sobre todo con los holandeses que viven en la isla, tomar algo y bailar. El lugar está compuesto por dos palapas gigantes ubicadas en medio de la playa. Si tiene suerte puede ver la presentación de grupos en vivo.

DOMINGO

Uno de los planes que no puede dejar de hacer es ir al Parque Nacional Arikok. Aunque el fenómeno de El Niño también se ha sentido fuertemente en esta isla y muchos de los divi-divi y fofoti, los tradicionales árboles de Aruba, están secos, alquilar un Hummer y recorrer esta reserva natural que ocupa el 18 % del territorio, constituye una excelente opción. También puede hacer caminatas para ver una gran variedad de cactus, aves como el shoco, y hasta cabras y burros.

Un punto recomendado para ir son las cuevas Fontein, donde se pueden ver pinturas de los indios caquetíos de más de 1.000 años de antigüedad en el techo y las paredes. Muy cerca de ahí queda la única fuente de agua dulce en la costa norte de Aruba.

A la hora del almuerzo, y si quiere probar la comida local, The Old Cunucu House es una de las alternativas de la isla. Se trata de un lugar modesto donde puede degustarse la sopa de iguana, muy popular en la isla, el estofado de cabra o el pargo con la salsa picante de papaya, que los locales suelen utilizar con todas sus comidas.

Antes de partir, si quiere llevar algún regalo hecho en la isla, nada mejor que ir al museo del aloe. Según la guía del lugar, una de las mejores clases de esta planta fue traída en 1860 por un holandés. La combinación con el suelo arcilloso de Aruba produjo un excelente resultado. Ahora tienen una pequeña fábrica donde varias personas realizan el proceso manual de quitar los cristales de cada hoja y luego la convierten con tecnología de punta en cremas, jabones y geles para el cuerpo y la piel, con una excelente reputación cosmética.

La última cena en Aruba, por supuesto, debe ser inolvidable. Y Flying Fishbone, en Savaneta, hará que así lo sea. Es un restaurante a orillas de la playa, donde las mesas están instaladas en la arena y las personas entran descalzas a cenar, sintiendo las suaves olas sobre los pies. La comida es muy rica y el servicio es de primer nivel.

Al final del viaje siempre queda la sensación de que unos días más en la playa hicieron falta. El consuelo es que Aruba queda cerca y podrá volver las veces que quiera –no hay que olvidar que esta isla tiene la tasa de retorno más alta del Caribe–.

DATOS DE INTERÉS

El vuelo desde Bogotá al aeropuerto internacional Reina Beatriz, de Aruba, dura una hora y cincuenta y cinco minutos.

El tiquete está entre los $900.000 y $1.200.000, dependiendo de la temporada y la aerolínea.

La temperatura promedio es de 25 grados centígrados todo el año, pero la brisa es permanente gracias a los vientos alisios.

En todos los lugares aceptan la moneda local, el florín arubiano, y dólares. Actualmente, un dólar equivale a 1,8 florines.

El idioma oficial es el papiamento, una mezcla entre español, portugués y holandés, pero todos los arubianos hablan inglés, holandés y español.

Aruba tiene la segunda planta de desalinización de agua de mar más grande del mundo y el agua se puede tomar directamente del grifo, sin problema.

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