La revolución del sueño

La importancia de dormir bien ha modificado la mentalidad empresarial en muchas partes del mundo.

Hoy se sabe que para tener una vida sana y rendir de forma adecuada en el día es fundamental cumplir con un número de horas de descanso reparador durante la noche.

Desde los antiguos griegos el mundo del sueño y su significado para el bienestar de los humanos ha causado tanta fascinación como incertidumbre. Los hábitos y la cultura en torno a ese momento de poner la cabeza sobre la almohada han variado mucho a lo largo del tiempo y según el lugar del mapa. Si hace unos años el prototipo del trabajador incansable, quemándose sus pestañas en la oficina aún encendida, cuando el resto de la ciudad dormía, era aceptado socialmente, hoy en día los centenares de estudios clínicos sobre la importancia de dormir bien, para funcionar mejor en el día, han ido modificando la mentalidad empresarial. Muchas compañías incentivan y hasta premian a sus empleados por cumplir con las horas de reposo adecuadas.

En Colombia, el primer laboratorio dedicado a estudios del sueño abrió sus puertas en la clínica Santa Fe de Bogotá en 1986. Había una sola máquina, que gastaba 800 páginas de papel importado por hora. Y los pacientes eran muy pocos. La simple idea de que se tuviera que acudir a un especialista por un hecho que se consideraba incluso sinónimo de placidez, como roncar, o algo más incómodo como padecer de insomnio, resultaba algo disparatado.

Según la revista Forbes, países como Estados Unidos pierden 411.000 millones de dólares anuales derivados del ausentismo laboral o cansancio ligado a trastornos de sueño

El doctor Miguel Dávila, neurólogo y uno de los precursores de este campo en el país, cuenta que no fue sino hasta el nuevo milenio cuando empezaron a prosperar varios pequeños laboratorios del sueño. “Yo recuerdo que en ese entonces recibíamos 17 pacientes en un mes”, afirma en un consultorio atiborrado de objetos electrónicos y dos pósteres de alguna exposición sobre Leonardo da Vinci. Y añade: “Eso era un récord. Hoy en día se deben hacer cientos de exámenes diarios en Bogotá, aunque la calidad varía mucho”.

La población ha tomado mayor conciencia sobre los desarreglos a la hora de dormir. Y las terapias y soluciones han avanzado, hasta el punto de que en Estados Unidos, donde los trastornos de esta naturaleza son considerados como un problema de salud pública, existe toda una industria que en 2012 facturó 32.000 millones de dólares, según The New York Times. Aceites de lavanda, cobijas, hamacas, almohadas para mantener la cabeza fresca, artilugios que miden la calidad del aire, una banda que se usa sobre la cabeza para inducir el sueño, gafas para reconfigurar el reloj biológico y hasta bombillos con tecnología propia para ayudar a producir melatonina, la hormona encargada de regular el reloj biológico, han aparecido en el mercado.

En Silicon Valley ya se ha impuesto la idea de que dormir bien es un requisito eficaz para lograr el éxito. La fundadora del portal web The Huffington Post, Arianna Huffington, publicó en 2016 un libro titulado La revolución del sueño: transforma tu vida noche tras noche. Y su nueva compañía se llama Thrive Global, una plataforma dedicada a difundir información sobre salud. Entre sus objetivos se hallan campañas contra el agotamiento y pedagogía laboral para descansar más y mejor. Y es que de acuerdo con un estudio citado por la revista Forbes, la economía de Estados Unidos tiene pérdidas de alrededor de 411.000 millones de dólares anuales derivadas del ausentismo laboral o cansancio ligados a trastornos de sueño.

La esencia de lavanda contiene propiedades naturales que ayudan a conciliar el sueño

Para el caso colombiano, existen contados estudios clínicos sobre la situación local. Uno de ellos, llevado a cabo en 2016 por un grupo de investigadores de la Universidad Javeriana, apoyados por Colciencias, se centró en determinar las características y diferencias en los problemas de sueño en adultos, en tres ciudades situadas a diferente altura sobre el nivel del mar (Bogotá, Bucaramanga y Santa Marta). Casi dos tercios de los 5.474 participantes reportaron haber tenido al menos uno de los cinco desórdenes reseñados en la investigación: falta de sueño, apnea, insomnio, mala calidad de sueño y el denominado síndrome de piernas inquietas.

Se encontró que estos desórdenes son más frecuentes en las personas que viven en ciudades ubicadas a menor altura; en los adultos de 65 años o más, y en aquellos individuos que padecen de sobrepeso. El doctor Édgar Osuna, neurólogo especialista en trastornos de sueño, explica sentado en una butaca diminuta en una habitación límpida del nuevo edificio de la Fundación Santa Fe, que en los últimos tiempos se ha hecho mucho énfasis en los trastornos respiratorios, o apnea, que son los que más repercuten sobre la salud: “Se ha observado que la gente que tiene dificultades respiratorias a la hora de dormir, tiene riesgo de desencadenar problemas cardiovasculares importantes y que incapacitan a las personas en su día a día”.

El promedio de horas de sueño aconsejables para los adultos está en el rango de 6 a 8. Ahora bien, hay organismos que pueden funcionar perfectamente con cinco horas de sueño. Todo depende de cada caso. ¿Qué sucede con los individuos que duermen menos de lo que su organismo requiere? Suelen rendir menos en el trabajo o en sus estudios; es frecuente que desarrollen un temperamento más irritable o problemas afectivos; hay indicios de que existe una relación con el aumento de peso y la obesidad, también con casos de hipertensión, y suelen tener agotamiento durante el día. Por eso, compañías como la aseguradora estadounidense Aetna han tomado medidas, como ofrecerles a sus empleados 500 dólares al año si pueden sustentar que cumplieron con siete horas de sueño durante veinte días.

El doctor Osuna habla de la importancia que tiene un sueño reparador en lo que se denomina la “plasticidad cerebral”. Es decir, la habilidad que posee el cerebro de eliminar cosas inútiles, organizar y adquirir información mientras dormimos. Habla de la “capacidad que tenemos los seres humanos de cambiar las conexiones cerebrales para producir alternativas y respuestas más eficientes durante las diferentes actividades del día”.

Se recomienda hacer ejercicio mínimo tres veces a la semana

Para ejemplificarlo recurre a un ejercicio llevado a cabo en 2004 en la Universidad de Berlín y publicado en la revista científica Nature. Se trata de dos grupos de estudiantes de carreras distintas a Matemáticas, a los que se les propone un problema numérico. Para prepararlos durante el día anterior, les hicieron tres ejercicios iguales, como entrenamiento a distintas horas. Un grupo durmió durante la noche y el otro no. Al día siguiente se les hizo el examen y los resultados arrojaron que los que durmieron, en un alto porcentaje, hallaron la fórmula para solucionar el acertijo, mientras que los que pasaron la noche en vela tuvieron menor grado de acierto. “Dormir es vital para aprender y recordar”, añade.

LO MALO DE ‘DORMIR COMO UN BEBÉ’
Se sabe que durante el sueño se presenta mucha actividad intelectual. También que soñamos de manera cíclica, más o menos cada noventa minutos; que los hábitos cambian en el transcurso de la vida, y que no hay nada más inexacto que la repetida frase de que se “durmió como un bebé”. En realidad, los recién nacidos tienen un sueño muy fragmentado. Duermen dos o tres horas y se despiertan mientras se organizan de acuerdo con las horas de comer, el medioambiente y la luz solar.

Los que mejor duermen son los niños de entre 8 y 14 años. Tienen un sueño profundo. Y con el paso de los años, los adultos mayores vuelven al formato primero de un sueño dividido. No son necesariamente menos horas, pero a lo mejor sí segmentadas en algunas siestas a lo largo del día. Aquí entran a desempeñar un papel importante las condiciones socioeconómicas y los afanes de la vida.

El doctor Dávila, miembro de la asociación francesa de la medicina del sueño, propone un ejercicio empírico para formarse una idea sobre la calidad en el dormir de los bogotanos: “Basta con hacer una pesquisa de una hora en Transmilenio. No hace falta estar muy apercibido para encontrar que por lo menos el 30 % de los pasajeros van dormidos, incluso los que van de pie. ¿Qué nos sugiere eso? Que en Bogotá se duerme muy mal. Porque las distancias que tiene que recorrer la gente para llegar al trabajo resultan enormes. Los trancones son eternos. ¿Dónde duerme la gente, los estudiantes, las personas que hacen turnos? En el bus. Y así la calidad de vida mengua bastante”.

Los centros médicos y estudios en todo el mundo buscan medidas para mejorar la situación de muchos pacientes. Inicialmente la propuesta consiste en evitar las recetas farmacológicas; hacer ejercicio, como mínimo tres veces a la semana; pasar menos tiempo en la cama; evitar las tabletas y celulares antes de acostarse, entre otras recomendaciones. Como recuerda el doctor Dávila, cada innovación tecnológica, desde la invención del bombillo, que avanzó el día sobre la noche, viene acompañada de nuevos retos. Para ayudar a afrontarlos está la medicina del sueño. La vida vista desde la noche.

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