Mommy Dead and Dearest: el horror hecho documental

Diners conversó con Erin Lee Carr, directora del documental “Mommy dead and dearest”, que transmite HBO esta temporada.

En 2016, Gypsy Rose Blanchard, de 24 años, confesó haber asesinado a su madre, Deedee, a puñaladas. Sin embargo, el caso fue tan complejo y la historia tan aterradora, que solo recibió diez años en prisión.

En realidad, Deedee pasó su vida abusando de Gypsy, creando síntomas falsos de enfermedades tan graves como leucemia o distrofia muscular. La joven vivía confinada a una silla de ruedas (que no necesitaba), y entrando y saliendo de hospitales. Aunque el comportamiento de Deedee está clasificado como un desorden mental (Síndrome de Munchausen por poder), en el que el encargado de un niño finge o induce síntomas de enfermedades, también se comprobó que la madre realmente buscaba donaciones, viajes y, en general, la perpetuación del fraude.

El documental Mommy Dead and Dearest, en temporada por HBO, desenreda el caso y muestra, en detalle, hasta dónde llegó una vida de abuso en la que la consecuencia final era, quizás, la única salida posible para Gypsy. Diners conversó con su directora, Erin Lee Carr.

¿Cómo llegó este caso a su conocimiento?
Este caso estaba en un artículo en un blog que se llama ThoughtCatalog. Mi coproductora Alison Byrne y yo estábamos tratando de filmar casos donde la gente confesara (sus crímenes) on-line. Queríamos ver cómo es la tensión que hay sobre lo que decimos en internet, cuál es el impacto que tienen en temas legales, por ejemplo. Y cuando ella me contó la historia no lo podía creer. Creí que no era real, que era un engaño, era demasiado loco para ser cierto. El 30% de la historia ya estaba publicado, pero había mucho más por descubrir.

¿Qué tan difícil fue ponerse en contacto con Gypsy y las demás personas involucradas?
El acceso siempre es un tema complicado cuando se va a hacer un documental. Lo primero que hice fue escribirle a la persona en cuestión una carta a la cárcel. Muchos abogados prefieren que uno los contacte a través de ellos. También busqué a Michael Stanfield el abogado (de Gypsy) en Missouri, así que mantuve abierta esa línea de comunicación, pero fue un proceso muy largo de contarle a la gente quién soy, qué tipo de películas hago, pero también aclarando que no me interesa convertorlos en demonios. Especialmente tuve que hacerlo cuando hablé con el padre, Rod. No puedo juzgar a nadie por lo que pasó, y me parece que mucha gente se molestó cuando vio el filme, preguntando “¿por qué el padre no hace más?”. Lo que necesitamos reconocer es que esta situación es como un relámpago en una botella, no podemos juzgar a la gente si no hemos caminado en sus zapatos. Como documentalista siempre debo dejar mis juicios en la puerta y ver a la gente como seres humanos.

Esta es una historia turbulenta y terrible. ¿Qué tan importante fue para usted evitar la explotación de la historia, que es perfecta para un tabloide?
Hay muchos instintos que uno tiene para contar la historia de cierta forma, y puede llegar a ser muy sensacionalista. Pero creo que cuando uno conoce a Gypsy, el sensacionalismo se desvanece y empieza uno a pensar en ella como alguien a quien le pasaron cosas horrendas.

Aunque hay elementos sensacionalistas, yo traté de no explotarla. A ella la buscaron muchas veces para entrevistarla. Yo le dije “este es documento principal (además del hermoso y muy detallado artículo que escribieron sobre ella en Buzzfeed), para que la gente entienda tu historia. Así como tú fuiste cuidadosa conmigo, yo seré cuidadosa con la forma como comparto tu historia”.

¿Por qué cree que a la gente le interesan tanto estas historias?

Solo sé que personalmente prefiero las historias de crímenes reales, pensar en ellos, sacar hipótesis… y creo que a las mujeres nos atraen estas historias porque son de alguna manera la realización de nuestros peores temores, especialmente en cuanto a actos de violencia.

Verlas es como una forma inconsciente de prepararnos si algo así llegara a pasarnos.
Pero también creo que el juego entre la vida y la muerte dan para una televisión muy interesante. A mí me gusta hacer películas sobre temas que me interesan, por los que tengo un interés personal, y ese fue el caso.

Este es un caso en el que el asesino causa más simpatía que la víctima. ¿Le preocupaba que su película justificara el crimen?
Creo que hubo una gran cantidad de abuso físico y emocional de parte de Deedee.

Podemos ver la cantidad de cicatrices por las cirugías a las que sometió a Gypsy, por ejemplo. Sin embargo, en esta película Deedee está en desventaja porque como está muerta, no puede defenderse.

Así que decidí que iba a hablar con todas las personas que la rodeaban: Gypsy y varios miembros de la familia. Y yo no provoqué la narrativa del personaje que ellos me mostraron de Deedee. Yo solo pregunté “¿Cómo era Deedee?”, y ellos pintaron un cuadro muy problemático, que mantuvimos en la cinta. Yo sí siento empatía con Gypsy y entiendo lo que pasó con ella. Es una consecuencia muy trágica del abuso.

Su documental tiene dos partes. La primera muestra a la persona (Gypsy) y la segunda se enfoca en el juicio. ¿Por qué decidió darle ese enfoque?
Sabía que quería empezar con el asesinato porque es la forma como llegué a la historia. Sabía que Deedee estaba muerta, y la pregunta no era quién la había matado, sino por qué la habían matado.

Decidimos de revelar la información con una edición muy estratégica. Creo que una reseña lo llamó una “muñeca rusa del horror”, porque cada cosa horrible encierra otra más horrible, y creo que en gran parte tiene que ver con la edición Andrew Kaufmann, que logró darle ese aura de misterio. El juicio fue importante porque (Gypsy) hizo un trato con la fiscalía y aceptó que había asesinado y conspirado para matar a la víctima. La película pone los hechos en el orden correcto.

¿Cree que existe un género específico sobre las familias disfuncionales en Estados Unidos? Su caso, por ejemplo, o Casting JonBenet…

Sí, creo que es muy difícil encontrar esta historia en un país que no sea Estados Unidos, dada la cantidad de cirugías y el contacto con médicos que hubo. Gypsy fue al hospital cientos de veces y nadie se dio cuenta de lo que estaba pasando. Yo vivo en los Estados Unidos y no he pasado suficiente tiempo conociendo el sistema de salud de otros países, pero me parece que es un problema exclusivamente estadounidense.

Esto que pasó, ellas salían mucho en televisión, eran como las estrellas del hospital, todo el mundo las quería, pero nadie les preguntó qué era lo que estaba pasando. Nadie preguntó qué era la distrofia muscular (que supuestamente padecía Gypsy) ni por qué la tenía. No le pusieron atención. Este es un tema muy estadounidense.

¿Podría hablarnos del papel de la sexualidad en este caso?
Yo sabía que la sexualidad tenía un papel en esta cinta. Gypsy empezó a sentirse adulta cuando empezó a tener sentimientos sexuales con si novio Nicholas, a quien conoció por internet. Cuando hablaron de tener relaciones, casarse, darse besos, etc.

Es una conversación difícil porque siempre fue una niña preadolescente y de repente fue un ser completamente sexual. Hubo muchas discusiones al respecto, porque no queríamos explotar el tema. Fue más como un proceso de Disney, en el que la sexualidad fue muy inocente. Pero dejarlo por fuera sería contar una historia muy incompleta.

¿En qué parte de su investigación conoció a Gypsy? ¿Cambió algo de su guión cuando lo hizo?
Me tomó mucho tiempo conocer a Gypsy, porque estaba a punto de comenzar su juicio y su abogado no le veía sentido a darle acceso a los medios. Conocí a Mike Stanfield en Missouri y lo convencí de darme acceso para conversar con ella “off the record”.

Conversé con ella sin insistirle en filmarla, y creo que ella necesitaba conocerme en persona antes de acceder a las entrevistas. Cuando llegó a un acuerdo (sin juicio), hicimos la entrevista y creo que son las dos horas más intensas que he tenido en la vida.

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