The Passing Bells: la Primera Guerra Mundial para jóvenes, en Film and Arts

The Passing Bells, la miniserie producida en 2014 por la BBC, llega al canal Film and Arts. La historia cuenta las vivencias de dos jóvenes, uno británico y el otro alemán, que se ven enfrentados en combate durante la Primera Guerra Mundial.

Diners conversó con Patrick Gibson, quien interpreta a Thomas, un soldado británico de 19 años que parte al campo de batalla contra los deseos de su familia. Thomas encontrará en su camino a Michael (Jack Lowden), un soldado alemán de su misma edad, con quien descubrirá que en sus vidas hay más similitudes que diferencias, y que “el enemigo” no es el monstruo que le pintaron.

Esto fue lo que nos contó:

¿Qué tipo de investigación hizo para este papel? Hay mucha literatura acerca de los jóvenes que participaron en la I Guerra Mundial, ¿cuáles fueron sus fuentes primarias?
El título de la serie “The passing bells” está basado en un poema de la época, Anthem for doomed youth, de Wilfred Owen. Los poetas de la guerra ayudaron mucho para darme una idea de la época y no solo de los hechos sino de lo que vivían las personas como Wilfred Owen y Robert Graves en el frente. Ellos dan el elemento humano. Creo que Tony Jordan, el guionista, también se basó en estos testimonios, y es lo que hace que nos podamos relacionar tanto en un nivel muy humano. Es muy fácil leer cosas en un libro de historia, ver las cifras y las fechas, cuánta gente murió y esas cosas, pero no es tan fácil conectarse con esos hechos como lo es conocer la historia de alguien que lo vivió, por eso ver cada historia individual nos ayuda a darle vida a la serie.

Es muy interesante porque los episodios tienen los testimonios de varios veteranos de guerra. ¿Pudo conversar con algún veterano de alguna guerra?
Desafortunadamente no pude. Lo más cerca que estuve fue la lectura de sus testimonios. Sí vi muchos documentales, como el que hizo la BBC, donde hay entrevistas a varios de ellos. Es fascinante ver a la gente hablar de haber estado en la guerra en carne y hueso.


¿Cree que la miniserie refleja adecuadamente lo que pasó a los jóvenes durante la I Guerra Mundial?

Sin duda, claro. Hay que aclarar que esta miniserie está destinada para una audiencia más joven por lo que no estamos mostrando el derramamiento de sangre tan violento o tan gráfico como otras representaciones de la época. Pero creo que a nivel emocional sí se acerca completamente a lo que fue la Primera Guerra para la juventud de la época. Buscamos acercarnos a lo que habría sentido un joven peleando en la guerra en 1914.

El hecho de que los dos protagonistas sean de bandos enfrentados realmente resalta el tema de la empatía, de reconocerse en el otro…

Si, definitivamente. Algo muy importante es que los soldados en cada frente no odiaban necesariamente a los del bando contrario; ellos peleaban porque alguien les dijo que lo hicieran, porque alguien les dijo que ese era su enemigo, que si no los mataban ellos lo harían primero, o matarían a sus amigos. Era un odio obligado por otra persona, por otro ser humano, lo que hace que sea más trágico y sin sentido.

Y sí, hay muchos momentos en la serie cuando descubren que no son tan diferentes, que si se conocieran en Alemania o en Inglaterra seguramente se tomarían una pinta y se llevarían bastante bien.

¿Actuar en una serie sobre la guerra tuvo algún efecto sobre su personalidad, sobre su vida?
Creo que todos los papeles te cambian de alguna manera. Hay que estar dispuestos a crear empatía con todo tipo de personajes. El tema de la guerra es un reto porque los personajes pasan por situaciones tan intensas y extremas que me hicieron sentir a la guerra como una perspectiva muy real en mi vida, y me hizo entender lo que pasa la gente, o lo que pasó la gente en ese momento.

¿Cómo fue vivir en el mundo de 1914?

Es muy sorprendente, porque es al mismo tiempo muy reciente y muy distinto. Hace cien años son solo dos generaciones hacia atrás. Pero el mundo era completamente distinto, las creencias y la política eran completamente ajenas, las referencias culturales, especialmente en el Reino Unido y en Alemania eran otras. Temas como la libertad de expresión, por ejemplo, ni siquiera se pensaban, no había muchos lugares para expresarse y era más fácil conformarse en la sociedad. Aunque ahora creamos que el mundo está cada vez peor, es bueno que miremos hacia atrás y nos demos cuenta del progreso que hemos hecho y el progreso que podemos hacer hacia el futuro.

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