The Crown, la serie que demuestra cómo La familia real inglesa es, ante todo, una familia

Claire Foy es la reina Isabel II, aquí junto a su esposo Phillip Mountbatten (Matt Smith)
En la serie, Winston Churchill es interpretado por John Lithgow
Eduardo VII, el "tío problema" de la familia real, interpretado por Alex Jennings
Matt Smith es el encargado de darle vida al Duque de Edimburgo

El 4 de noviembre se estrenó The Crown, la producción de Netflix que gira alrededor de los primeros años de reinado de Isabel II, y que, se rumora, es la serie más costosa de la historia. Diners conversó en exclusiva con sus protagonistas en Londres.

Londres, 1952. El país está de luto. Una pequeña multitud espera con ansias la llegada de la Reina Isabel que viene de Kenia. Una vez ponga los pies en la tierra, la ingenua princesa, joven madre y esposa, será la cabeza del antiguo Imperio Británico y la iglesia anglicana. Será, entonces, la mujer más poderosa del mundo y, aunque aún no lo sabe, la monarca más longeva de la historia.

En realidad estamos viendo la filmación de The Crown, la nueva serie de Netflix que relata los primeros años del reinado de Isabel II de Inglaterra, actual monarca del Reino Unido, quien recientemente celebró 90 años, 64 de los cuales ha estado a la cabeza de uno de los países más poderosos del mundo, además de la Iglesia Anglicana y la comunidad de naciones o Commonwealth.

Sin embargo, a diferencia de su homóloga homónima, que reinó durante el siglo XVI, la reina Isabel del siglo XX y XXI es también esposa, madre, abuela y hermana. Ha tenido que lidiar con un tío problemático, una hermana rebelde, un marido desempleado y, cómo no, una nuera escandalosa, todo mientras la rancia sociedad británica se iba convirtiendo en una de las más modernas del mundo. La reina Isabel ha pasado por la beatlemanía, el punk, el thatcherismo, Harry Potter y hasta el Brexit. Y ahí está, viendo pasar el tiempo.

The Crown, la producción de Netflix protagonizada por Claire Foy en el papel de Isabel II, Matt Smith como el príncipe consorte Phillip Mountbatten y John Lithgow como el primer ministro Winston Churchill, se enfoca precisamente en el lado humano de Isabel: finalmente, cuenta el productor y director Stephen Daldry, The Crown es un drama familiar.

Y si hay alguien que pueda convertir en ficción a la historia reciente de los Windsor, es Daldry, quien de la mano del guionista Peter Morgan conformó el equipo creativo detrás de la exitosa obra de teatro The Audience, que explora las audiencias semanales que la reina ha tenido con sus primeros ministros desde que comenzó su mandato. Morgan, además, escribió la película The Queen, de 2006. Las credenciales de The Crown, entonces, son impecables: la historia está presente en la narrativa.

“La mayoría del diálogo, por supuesto, es inventada, pero el 99% de las situaciones está documentado. Entonces debemos imaginar qué sucede en esas situaciones. Y también debemos ser muy conscientes de cuándo nos estamos separando de la historia. 99% de las veces sabemos qué sucedió”, asegura Daldry.

“La persona invisible más visible del mundo”

La coronación de Isabel, en 1953, fue transmitida en directo por televisión. Por ser un ex-rey (aunque realmente por ser el “tío problema” de la familia real), al duque de Windsor, anteriormente conocido como Eduardo VIII, no se le permitió asistir a la ceremonia.

En una conmovedora escena, el tío favorito de “Lilibeth”, frente a la pantalla del televisor en su casa del Bosque de Boulois, reflexiona: “Una joven ordinaria de pocas habilidades y corta imaginación. Pero vístela así, úngela en tu aceite, y ¡presto! ¿cuál es el resultado? Una diosa”.

Es bien sabido, que de las dos hijas del rey Jorge VII, Isabel era la menos agraciada, la tímida, la responsable. El reto para la actriz Claire Foy, quien recientemente interpretó a la reina Ana Bolena en la miniserie Wolf Hall, era de hacer un papel al mismo tiempo poderoso y recatado.

“El proceso de casting fue muy largo y dimos con la persona que es. La reina es la persona invisible más visible del mundo. El reto de cómo convertirla en un personaje es enorme: cuánto dar, cuánto guardarse. Hoy en día, aunque yo crecí toda mi vida con esta reina, no tengo la menor idea de quién es”, cuenta el productor Stephen Daldry.

Foy le hace eco: “Creo que (la reina) es una persona que si estuviera en la habitación no habrías reparado en ella. Margaret, por supuesto, es mucho más prendida y carismática, hermosa, todas esas cosas. Creo que está rodeada por grandes personalidades y es fácil subestimarla cuando en realidad es la más fuerte y la más competente del grupo y creo que es muy segura de sí misma.”

El reto, reconoce, es más grande pues la persona que interpreta sigue viva. “Obviamente no creo que ella lo vaya a ver, pero hay que tener respeto por su vida, además porque sigue haciendo su trabajo todos los días a pesar de tener ya más de noventa años”, cuenta.

Y aunque la serie tiene un compromiso claro con atenerse a los hechos históricos, para la actriz existe una libertad creativa en la medida en que “estoy interpretando en su juventud, cuando su vida no era tan pública y no era como ahora que todo el mundo lo sabe todo sobre ella. Había algo de misterio y lo que sabemos hoy de ella es muy poco, con excepción de lo que ella iba proyectando y lo que el Palacio nos dejaba saber”.

Esa exploración imaginaria de la vida privada de la reina es especialmente interesante en las escenas que comparte con Matt Smith, el actor encargado de darle vida al príncipe de Edimburgo Phillip Mountbatten.

Verlos, por ejemplo, alistarse para dormir, o compartir un chisme con la complicidad de una pareja. “Es una lección de historia, y además entre estos dos personajes se ve florecer el amor, el lazo y las dificultades y la presión que tienen, el efecto que esto tiene sobre una pareja joven. Yo creo que ellos son, en muchas formas, almas gemelas. Es una historia de amor maravillosa”, cuenta Smith, mientras reconoce, que, al fin y al cabo, la historia de la pareja real está marcada por las crisis, empezando por la coronación de Isabel. “Cuando llegaron de África”, opina, “Phillip tuvo que enfrentarse al hecho de que su vida en la Armada se había acabado, y que de ahí en adelante iba a ser un personaje secundario. Para cualquier matrimonio joven ese es un cambio muy drástico. Apenas aterriza el avión, el personal la saluda de una forma muy distinta a ella y ahí es cuando él se da cuenta de que su vida será distinta.”

Según Foy, “Él era el hombre de la relación y creo que él es el hombre en su vida privada, es el hombre de la casa, pero en los años cincuenta, de repente tu esposa ganando más que tú y teniendo una carrera y tú tener que caminar dos pasos detrás y tener que arrodillarte ante ella frente a millones de personas y decir ‘Soy tu sirviente’ es increíblemente difícil. Dios sabe cómo lograron hacerle frente”, reflexiona Foy. “Creo que ella tenía muy claro que ella y la Corona eran dos entidades diferentes, pero él, al menos en nuestra historia, no lo tenía tan claro. En la serie, ella se decepciona mucho de él por no entenderlo. Ella es la reina, pero es también su esposa y él no parece entender eso”.

Un mundo nuevo y valiente

Durante la primera temporada de The Crown, Isabel se debate entre su lealtad al mundo que dejó su padre y la modernidad que la espera. Su esposo, por un lado, está obsesionado con modernizar a la realeza, algo que, según Smith, preocupa al príncipe hasta nuestros días. Su hermana Margaret desea más que nada casarse con Peter Townsend, un oficial divorciado, para lo que necesita el permiso de la reina y el gabinete ministerial. Quiere nombrar a su antiguo asistente Martin Charteris como su secretario privado cuando Alan ‘Tommy’ Lascelles, secretario privado de su padre, se retire. Y sin embargo, la tradición y el bagaje de un imperio milenario se lo impiden.

Como representante del imperio está, por supuesto, Winston Churchill. El primer ministro más icónico que ha tenido el Reino Unido, interpretado en The Crown por John Lithgow, se convierte en un guía, una especie de figura paterna (aunque, por supuesto, defendiendo sus intereses políticos) para la joven monarca.

“Churchill nació en la era victoriana y creía ferozmente en la monarquía y el imperio, pero la monarquía estaba a punto de desaparecer. El laborismo era muy fuerte, el país era muy pobre, había muchas razones para decir “mejor olvidemos este desfile que hemos presentado todos estos años”. Pero Churchill creía fuertemente que la monarquía ES Inglaterra y por lo mismo tiene que conservarse. Jorge VI, un macho de edad mediana se muere, y su hija, una jovencita, queda convertida en reina… hay mil razones para decir “dejémoslo ahí”, y esta serie, en un sentido amplio, gira alrededor de ese momento en la historia en la que Inglaterra dijo ‘vamos a tener una reina y va a ser una gran reina’”, opina Lithgow.

¿Por qué querría un público latinoamericano ver una serie tan cargada de historia?

“Los conflictos que se ven son los conflictos de una familia común y corriente. Solo que sucede que ellos son la familia real. Aunque el contexto es muy específico, no hay que conocerlo para ver cómo la familia tiene peleas y problemas entre ellos. Es una historia gigante sobre una familia complicada, que tiene mil retos como familia pero además cada reto tiene una consecuencia constitucional”, cuenta Daldry. Ya queremos verla.

Articulos Relacionados

  • Vea las nuevas camisetas mundialistas con diseños ‘vintage’
  • Estas son las ciudades más amigables del mundo
  • Vea el tráiler de Phantom Thread, la película final de Daniel Day-Lewis
  • El arte está en todas partes: hasta en las fotos de paparazzi