El sintetizador, máquina de sueños

Desde su nacimiento, el revolucionario sintetizador ha sido la más grande contribución a la música popular. Conozca aquí su historia.

Publicado originalmente en Revista Diners No. 306, septiembre 1995

Máquina de sonidos cuestionada odiada, amada o venerada, este singular artefacto ha atravesado por las más variadas y contradictorias fases.

De la fascinación inicial a finales de los años sesenta, pasando por la experimentación de los setenta hasta llegar al ascenso y caída en los ochenta, el sintetizador ha cargado, en su existencia, con una serie de malos entendidos que, en definitiva, no son su culpa.

Hagamos una corta reseña histórica. En 1965 el legendario Robert Moog puso en orden una serie de inventos y experiencias anteriores como la manipulación de las onda Martenot (el voltaje controlado) y algunos elementos conceptuales y mecánicos del mellotron (instrumento que re- producía o emulaba las sonoridades de violines o flautas entre muchas otras posibilidades), para hacer realidad un viejo sueño que venía fabricándose desde principios de siglo: crear un aparato de posibilidades sonoras ilimitadas, el sintetizador.

Adoptado inicialmente por músicos como Walter Carlos, quien con su álbum Switched on Bach convenció a buena parte de los sectores más escépticos que no veían en el rudimentario invento de Moog una seria alternativa, el sintetizador fue ganando fanáticos incondicionales a medida que un nuevo fabricante (japonés) le hacía sus adiciones y perfecciones.

Es así como a principios de la década de 1970 ya existía una importante cantidad de discos elaborados casi exclusivamente a partir de sintetizadores.

Los alemanes tomaron la delantera. Bandas como Tangerine Dream, Cluster o Popol Buh y músicos de vanguardia como Klaus Schulze o Konrad Schntzler, entre otros, asumieron el reto de crearles a estos nuevos instrumentos su propio lenguaje.

Los sonidos que había soñado Karlheinz Stockhausen desde su Estudio de Música Electrónica de la Radio de Colonia —una vez concluida la Segunda Guerra Mundial —, finalmente se habían materializado.

No muy lejos de allí, en Inglaterra, paralelo al crecimiento de la música electrónica alemana (LSD acústico, según el multi-instrumentalista Edgas Frose), bandas como Pink Floyd, Genesis o los Emerson, Lake & Palmer, empezaban a desarrollar su propia forma de interpretar las posibilidades de esta máquina.

A finales de los años setenta, con la llamada New Wave (que no es exclusivamente techno), el sintetizador recobra espacio. Bandas como Depeche Mode, Ultravox , Soft Cell o los Human League, entre otras, elevaron este instrumento a la categoría de rey.

Ahora se está empezando a entender mejor su papel dentro de la creación sonora. El equilibrio ha vuelto, y con él un tímido renacimiento del techno. Y si tenemos en cuenta que la historia del género es cíclica, mejor nos vamos preparando para el regreso de una música que, como la creada a partir de sintetizadores (entiéndase techno), puede tener algo de atemporalidad, magia y, si está en buenas manos, colores sonoros sin un límite conocido.

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