Cincuenta años y la beatlemania no para

Fueron 12 años de una carrera musical que cambió el mundo. Los Beatles pisaron Estados Unidos en febrero de 1964 e impusieron un estilo rebelde que marcaría a todas las generaciones desde entonces.

Recuento de un fenómeno.

La gritería era ensordecedora. La multitud, convertida en un solo ser, no parecía creer lo que estaba viendo. La sensación de expectativa era enorme, y, cuando salió, las lágrimas se apoderaron de casi todos los asistentes. Era un momento que cambiaría las vidas de todos los que allí estaban.

Esto que describo fue lo que pasó el 19 de abril de 2012, cuando Paul McCartney se presentó en Bogotá. Fue un concierto que, meses después, seguía sonando en las cabezas de los asistentes, seguía apareciendo en las conversaciones, seguía causando, secretamente, ese picor en la parte de atrás de la garganta de quien se siente sobrecogido por la emoción de estar viendo a una leyenda viviente. La multitud que se enloqueció cantando All my Loving y The Long and Winding Road, que lloró la muerte de John Lennon junto a su mejor amigo con Here Today y que sintió la pérdida de Linda McCartney cuando, comenzando Maybe I’m Amazed, anunció “esta la escribí para ti, Linda”.

El mismo Paul McCartney –el mismo baile, los mismos modismos y los mismos gestos– fue el que, junto a sus amigos John Lennon, George Harrison y Ringo Starr, produjo la misma emoción ante los 728 adolescentes alborotados (de 55.000 que solicitaron la entrada) que estuvieron, en febrero de 1964, en el estudio 50 de la cadena CBS en Nueva York, cuando los Beatles se presentaron por primera vez en Estados Unidos, en el popular show de Ed Sullivan. En ese instante, el mundo de la música popular nunca volvería a ser el mismo.

La campaña de Sullivan –un tipo tan popular como Jorge Barón aunque, según CNN, con menos carisma que una pared– por arrastrar a los Beatles a su país (“las escobas que cantan”, se les llamó en Colombia) había comenzado un año antes, cuando el presentador coincidió con los “fab four” en el aeropuerto de Heathrow, en Londres. La multitud de jovencitas aglomeradas le recordó el fenómeno Elvis de años atrás e inmediatamente contactó a Brian Epstein (llamado el quinto Beatle) para invitarlos a su programa en Estados Unidos, una osadía que nadie había hecho hasta entonces. Epstein, quizás el mejor mánager de la historia, negoció un contrato de tres presentaciones durante tres fines de semana seguidos. Aunque cobró una tarifa risible, Epstein podía intuir lo que significaría exponerse en televisión para la carrera de sus pupilos.

Para febrero de 1964, I want to hold your hand estaba de primera en las listas y el fenómeno estaba en marcha. La primera presentación, el 9 de febrero, fue hasta entonces el programa más visto de la historia: 73 millones de personas sintonizaron el momento.

Sullivan saludó al público con los brazos cruzados, comentó que durante los últimos dos días la acera frente al estudio había estado abarrotada de fanáticos, y dio la bienvenida al cuarteto de Liverpool. Los Beatles abrieron el programa con dos canciones, All My Loving y Till there was you, y dieron paso a los demás invitados. Así es, en ese primer programa hubo otros invitados, aunque nadie hoy los recuerda. Los Beatles aparecieron en su formación clásica: Paul y John cada uno en un micrófono con George en la mitad alternando entre uno y otro, y Ringo atrás en la batería. Histórico, por ejemplo, es el primer plano de John Lennon en el que el productor escribió “Lo sentimos, chicas, está casado”. Miles de corazones debieron romperse en ese momento. Y miles más los que se rompieron cuando, seis años más tarde, después de trece discos de estudio, cinco películas y una condecoración real, los Beatles se separaron para siempre.

La semana siguiente, los Beatles volvieron a aparecer en el show, esta vez desde Miami Beach donde Cassius Clay (quien al poco tiempo se cambiaría el nombre a Mohammed Ali) preparaba una pelea. Mucho más relajados ante las cámaras, los Beatles dejaron ver su hoy famoso sentido del humor. Y siguieron arrasando en audiencia.

Cincuenta años después, los Beatles siguen despertando la misma devoción. Así lo demuestran las muchas portadas que siguen dándoles las revistas, los homenajes constantes, grandes y pequeños, que sus fanáticos no dejan de hacerles. Basta pasar por el parque Strawberry Fields, en el Central Park de Nueva York, frente al lugar donde murió John Lennon, que vive lleno de flores dejadas ahí por transeúntes y turistas. O las miles de fotos que todos los días se toman grupos de beatlómanos cruzando la calle frente al estudio de Abbey Road, en Londres, imitando la famosa portada del disco homónimo. O los mismos conciertos de McCartney, quizás el que tuvo la carrera post-Beatles más exitosa, donde familias enteras (niños, papás y abuelos) alrededor del mundo se convierten, por un par de horas, en esas niñas enloquecidas que vieron el primer show de Ed Sullivan.

Beatlemanía

El éxito de los Beatles no fue repentino. Cuando conquistaron América, y el mayor de ellos (John) no tenía más que 25 años, y Paul, George y John ya llevaban casi diez años tocando juntos. El recorrido es bien sabido: Paul y John se conocieron en una verbena de iglesia en Liverpool e inmediatamente empezaron a tocar. Se hicieron amigos. Luego vino George, de 14 años, el menor del grupo, a quien McCartney siempre se refirió como “su hermanito”. Stu Sutcliffe, un amigo de la universidad de Lennon, y Pete Best se unieron al grupo en el bajo y la batería respectivamente.

Comenzaron tocando en bares de Hamburgo, donde Sutcliffe se enamoró de la fotógrafa Astrid Kircherr y dejó el grupo para dedicarse al arte; tuvo un final trágico al morir de una hemorragia cerebral en 1962, a los 22 años. Best, quien nunca logró encajar en el grupo, fue despedido y Ringo Starr ocupó su lugar. Así, la amalgama estaba completa: el cuarteto de Liverpool había llegado.

Sin embargo, fue ese momento en 1964, con la conquista de América, cuando el mundo dio un giro y todo cambió: no solo los Beatles se tomaron las ondas radiofónicas; la moda, la forma de hacer y de vivir la música también cambiarían para siempre. Y es que, de ser cuatro “peludos”, con unos cortes de pelo que inauguraron el estilo “moptop”, los Beatles se convirtieron en unos “revolucionarios del sonido, el estilo y la actitud de la música popular y abrieron las puertas del rock and roll a la ola de grupos de rock británico”. Aunque su impacto inicial debió ser suficiente para convertir a los Beatles en una de las fuerzas culturales más importantes de su era, no se detuvo ahí. Los Beatles pasaron el resto de los años sesenta expandiendo las fronteras estilísticas del rock, y con cada lanzamiento conquistaron nuevos territorios musicales”, dicen Andy Schwartz y Scott Schinder en su libro Icons of Rock: An Encyclopedia of the Legends Who Changed Music Forever.

Y es que fueron los Beatles el primer grupo que se presentó en un estadio deportivo, por ejemplo. Su concierto en el Shea Stadium de Nueva York fue el primero de esta categoría, y es evidente, en el documental The Beatles at Shea Stadium, que no existían la logística ni los equipos de sonido que requería un espectáculo de esa envergadura. La gritería de la multitud era tal que el grupo no podía oír sus propias canciones y el concierto tuvo que empezar varios minutos más tarde por el ruido que había.

También experimentaron incansablemente con las formas de grabación, lo que dio pie a la música electrónica. De hecho, los Chemical Brothers, unos de los máximos exponentes del género, han llamado la canción Tomorrow Never Knows, del álbum Revolver (1966), su “manifiesto musical”; toda su carrera musical existe gracias a esta canción del famoso cuarteto.

Y por supuesto, están los videos. Los Beatles fueron los primeros que hicieron clips musicales de sus canciones, presentes en todas sus películas. Por ejemplo, el clip de Can’t buy me love (1964), donde aparecen los músicos jugando y tomando el pelo en un campo deportivo, o el de Paperback writer (1966), filmado en color, donde están tocando en un jardín rodeado de estatuas ornamentales. Este video lo dirigió Michael Lindsay-Hogg, quien también hizo el documental Let it be, la película que registró el final del grupo.

O la moda, desde su pelo hasta los zapatos de tacón cubano que popularmente se llamaron “la bota Beatle” y su ropa, originalmente inspirada en las vestimentas de los jóvenes “mods” londinenses.

Lo que el mundo vio ese 9 de febrero, entonces, fue mucho más allá que un fenómeno y un grupo de jovencitas que no paraban de gritar. Fue una revolución televisada.

Articulos Relacionados

  • Galería: el lado cómico del reino animal
  • El álbum navideño de Sia
  • Ya está aquí el tráiler definitivo de Las Chicas del Cable
  • X: la película de Maluma