Los límites de la ficción: entrevista al escritor Jonathan Levi

El escritor, músico y productor neoyorquino Jonathan Levi estuvo en el Hay Festival presentando su primer libro traducido al español, Septimania. Diners habló con él sobre los límites de la ficción, la revista Granta las influencias de su libro.

Jonathan Levi es reconocido por ser el cofundador de la revista literaria Granta. Hace poco lanzó la su novela Septimania (Rey Naranjo, 2018), la primera en ser traducida al español. En este libro, una mezcla de aventura, historia y romance, Levi acude a Borges, a las Mil y una Noches, a diferentes enciclopedias y biografías de Carlomagno. La línea que separa la historia de la ficción es muy borrosa.

En esta novela, el joven Malory busca al amor de su vida, Louiza, que un día desaparece. En sus años de búsqueda, Malory descubre que es el heredero de Septimania, un reino antiguo que Carlomagno les otorgó a los judíos. Pero más allá de un simple libro de aventuras, también es una búsqueda del autor por responder por qué siempre buscamos la respuesta en un solo Dios, el amor en una sola persona, la verdad en un solo teorema matemático.

El teatro es una de las mayores influencias de su libro

Sí. Uno de los personajes principales es un director de teatro, Tibor, y sus experiencias están basadas en mis vivencias trabajando en teatro. También las experiencias de Tibor están basadas en las experiencias de otros directores rumanos de teatro. Yo trabajé con Andrei Serban. Lo que muchas veces hacemos los escritores es tomar todo esto y verterlo en un solo personaje.

Me refiero a la influencia en la forma, en los diálogos, en las descripciones que hace la novela
Me gusta pensar que la escritura de diálogos está influenciada por el teatro. Lo que haces es intentar que los personajes suenen como suenan las personas y los diálogos de la vida real. A menudo pienso que al escribir diálogos, y hago esto cuando estoy dando clases a mis estudiantes, no los piensas de manera teatral. Lo que se hace en la edición es llenar muchos de esos espacios, los subtextos y lo que el personaje está pensando, mostrar dónde se ambienta la escena porque en la literatura no tenemos un escenario, ni vestuario.

Para Septimania el proceso de investigación fue de muchos años
Sí. Comencé a escribir este libro en la década del 90. En 1992 publiqué ‘A Guide for the Perplexed’. Luego escribí dos libros que se ambientaban en Suramérica, pero mi agente me dijo “lo siento, Jon, pero nadie quiere un libro sobre Suramérica”, y en ese punto comencé a hacer la investigación de Septimania, pero fue muy desalentador no haber podido vender esas dos novelas, entonces también comencé a trabajar con teatro, con el gobierno municipal en Nueva York. Cuando retomé la investigación, desafortunadamente resultó que toda esa investigación también la había hecho Dan Brown para su libro El Código Da Vinci.

¿Por qué la publicación de El Código Da Vinci lo interrumpió?
La inspiración que tenía para Septimania vino de una cena que tuve cuando era estudiante en la Universidad de Cambridge, en 1978. Un amigo estaba investigando sobre la vida de Isaac Newton para un documental de televisión sobre una sociedad secreta en Francia que proclamó a Newton como su presidente en el siglo XVII. Durante esta cena había mucho ruido y mucho vino, y entró una llamada.

Yo escuché a mi amigo hablar en francés, colgó el teléfono y se puso pálido. Pensé que se estaba ahogando. Me contó que le habían dicho que dejara de investigar sobre esa sociedad. Lo amenazaron de muerte. Eso fue una gran inspiración. Luego el documental se convirtió en un libro, Holy Blood, Holy Grail, y este libro fue una gran influencia para El Código Da Vinci, de Dan Brown, de hecho, los autores del libro demandaron a Brown por violación de los derechos de autor. Luego pensé que el mundo no era tan grande como para otro libro sobre el santo grial, así que necesitaba retroceder y reimaginar mi libro. Pero esa cena fue el punto de partida para mis personajes.

¿Y qué cambió entre esa primera versión del libro que tenía en mente y la versión que conocemos ahora?
De esa primera versión había escrito solo unos pocos capítulos. Una de las diferencias es que la primera versión se ambientaba al sur de Francia, y Septimania no tiene nada que ver con Francia, tiene que ver con Roma. El héroe del libro, Malory, un joven estudiante, se entera de que es el heredero del reino de Septimania, y ser el rey de Septimania significa que también es el rey de los judíos y emperador de Roma. Roma, la ciudad, también es gran parte de esta nueva versión.

¿Qué pasó con esos dos libros ambientados en Suramérica?, ¿de qué trataban?
Quizás un día los retome. Si alguien está interesado, sería genial publicarlos. Uno de ellos se ambientaba en un país ficticio en Latinoamérica, y estaba basado en unos viajes que hice a Perú, Bolivia y Colombia. La segunda novela estaba inspirada en mi experiencia como jurado en el Concurso Nacional de Belleza acá en Colombia, cuando Carolina Gómez fue la ganadora. Me gustaría volver a ellos, pero a veces cuando escribes tienes en mente el siguiente proyecto, no anteriores.

¿Cómo fue esa experiencia como juez en el Concurso Nacional de belleza?
Fue muy gracioso. En 1991, cuando estaba investigando para la primera novela que escribí sobre Latinoamérica, pasé un día en Bogotá y otro en Cartagena. El año siguiente volví y tuvimos una cena con la directora del evento, doña Tera, y ella me dijo que si me interesaba ser parte del jurado. Yo reí y le dije que podía ayudar con el show de talento, y ella me contestó que no había show de talento sino desfile en traje de baño.

Entonces volví y me di cuenta de que el concurso de belleza era muy diferente a como me lo imaginé, parecía que era la única época del año en que el país paraba la guerra, los narcos dejaban de traficar, la guerra con las guerrillas cesaba por dos semanas, y todos concentraban su atención en esto que, en medio de la época oscura de Colombia, parecía una luz. Todo el mundo decía “queremos celebrar nuestro país a través de este concurso de mujeres hermosas en un lugar hermoso”. Fue algo único, y los escritores necesitamos experiencias únicas, vas a investigar a lugares que nunca pensaste ir.

La línea entre datos reales y enciclopédicos y mundos ficticios es muy delgada en Septimania, como en varios cuentos de Borges.
Borges es una gran influencia en mi vida en general. También otros escritores latinoamericanos son una gran influencia; Cortázar, García Márquez, Mutis. Lo que es interesante es que para mis relatos de ficción en general busco en la historia y sé que algo pasó en un punto A y algo pasó en el punto B, pero no sé qué pasó entre esos dos y trato de llenarlo.

Sin embargo, no es completamente fantástico, no se trata de otro planeta que descubren en una enciclopedia, es algo que quizás pasó. Como el reino de Septimania, el que Malory encontró, creemos que existió en el siglo VIII y Carlomagno se lo dio a los judíos, y creemos eso porque solo hubo dos biógrafos de Carlomagno y hablan muy poco de esto, ¿quién sabe qué pasó en realidad? Las posibilidades son tremendas.

Así que lo que hacemos los escritores, lo que creo que hizo Borges, es soñar, leemos, pasamos tiempo en las bibliotecas y nuestras mentes comienzan a ir hacia lugares muy graciosos. Es algo que hizo a Borges tan grande y me hace querer escribir. Los verificadores de información de la editorial tuvieron mucho trabajo. En algunas ocasiones me decían que no encontraban información sobre un lugar y yo les respondía que claro, porque ese lugar no existía. Es algo que los escritores han hecho por mucho tiempo. La mayoría de gente cree que la muerte de Julio César fue como Shakespeare lo cuenta o que la historia de España es tal y como lo escribió Cervantes en Don Quijote. Y aun así, lo que cuentan estos escritores muchas veces parece más real que los libros de historia.

¿Describiría Septimania como un libro ambicioso?
Sí. Ambicioso desde el punto de vista del escritor, porque parte de mi ambición no es solo contar una historia de amor, porque en las raíces de Septimania está la historia de amor entre Malory y esta joven genio de las matemáticas, Louiza, que fue secuestrada, y Malory pasa varios años buscándola. Pero también quería cruzar el libro con estas ideas que me interesaban, y mi ambición era hablar de estas ideas sin aburrir al lector, quería que la gente se entretuviera y que al mismo tiempo pensara en estas ideas. La más grande de ellas es la pregunta sobre cómo explicar preguntas sobre la vida solo a través de una causa, como un Dios único, una sola persona de quien nos enamoramos, o una sola teoría matemática.

La vida siempre es más compleja y necesitamos más de una explicación, más de un Dios, más de una persona de quien enamorarnos. Entonces el propósito era que esa idea cruzara el libro y al tiempo entretuviera, contara una historia de amor y divirtiera. Así que sí se supone que fuera ambicioso, pero eso es lo divertido de escribir. Si escribir fuese sencillo, supongo que la mayoría de gente lo haría.

Cuando comenzó con la revista Granta, lo hizo porque quería ganar algo de dinero, ¿funcionó?

De hecho sí comenzamos con la idea de hacer dinero. Iniciamos solo como una revista estudiantil de Cambridge. Nos pidieron a mi amigo Bill Buford y a mí hacer una edición americana. La mayoría de la gente solo hubiese hecho una edición de 16 páginas, solo habrían fotocopiado algunos textos y los hubieran incluido en la revista, pero nosotros le escribimos a 25 autores que ya habían publicado en Inglaterra, y les pedimos algo nuevo, y 19 de ellos aceptaron, entre ellos Susan Sontag. Y así nació Granta.

Pudimos registrar la revista como una empresa sin ánimo de lucro y recibir un salario pequeño, pero decidimos que queríamos hacer algo de dinero. Encontramos que a una buena parte de la gente que le gustaba leer revistas como Esquire y Vanity Fair, también les gustaba leer lo que publicábamos en Granta, y eso nos puso en el mapa. Buscamos a los suscriptores de esas revistas y les dijimos “denle una oportunidad a Granta, no solo publicamos literatura vieja”, y funcionó.

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