Entrevista a Guillermo Arriaga, un escritor de la resistencia

El escritor de cine y novelista mexicano Guillermo Arriaga (1958) estuvo en el Hay Festival de Medellín, y hablamos con él sobre literatura, cine y corrección política.

Guillermo Arriaga es conocido por escribir películas como Babel, 21 Gramos y Amores Perros, todas se destacan por la manera fragmentada en que están narradas. También es autor de cinco libros, el más reciente es El Salvaje (Alfaguara, 2016) novela en la que no abandona la narración de varias historias que se van entrelazando a manera de rompecabezas.

Como Hemingway, es un conocido cazador, y esto, junto con sus vivencias infantiles y juveniles en la colonia (barrio) Unidad Modelo, han marcado su obra que trata lo más profundo e incómodo de la naturaleza humana: traición, violencia, venganza, dolor. “Puede ser que yo haya salido del barrio, pero el barrio nunca salió de mí”, dice. Huye de la corrección política, y siente que el mundo cada vez se vuelve más ñoño.

¿Por qué escribe todas sus historias con una arquitectura tan fragmentada?
Porque nosotros nunca contamos las historias de manera lineal. Yo nunca he escuchado a nadie que, en la vida cotidiana, cuente su historia de manera lineal. Siempre vamos de un lugar a otro contando una historia.

¿Hay algún caso en que valga la pena contarla de una manera lineal?

Si la historia lo demanda, sí. Pero si la historia no lo demanda por qué tenemos que ajustarlas siempre a un mismo patrón. Yo siento que dentro del corazón de cada historia palpita una estructura distinta y hay que descubrir cuál es la que vas a escribir.

Ha dicho que hay una diferencia entre ser guionista y ser escritor de cine, ¿cuál es la diferencia?
La palabra guion es una palabra muy peyorativa, significa que estás haciendo una guía para que alguien haga la obra, entonces tu trabajo se reduce a nada. Un escritor de cine es aquel que ofrece un mundo muy particular. Yo no trabajo por encargo, yo trabajo para desarrollar historias.

¿Ni siquiera en el principio de su carrera escribió un guion por encargo?
Un par de veces lo he hecho, pero yo creo que un escritor de cine ofrece un oficio o un mundo. Hay quienes ofrecen su oficio y trabajan al servicio de esta persona y cuentan su historia o adaptan su libro, etcétera. Yo procuro ofrecer mi mundo.

¿Y las adaptaciones de sus novelas al cine?
Se han adaptado dos y han sido muy malas películas.

¿Por qué malas?, ¿Por lo que dijo la crítica, porque no le gustaron?…
Porque son malas. Punto. No hay mucho por donde ayudarlas. Un Dulce Olor a Muerte se hizo en 1999, originalmente la iba a dirigir Alfonso Cuarón, no la hizo él, entonces no tiene mucho que ver con lo que la historia cuenta en la novela. La otra la produje yo y al director le quedó grande el proyecto, no salió como queríamos.

Dice que sus novelas son “anticinematográficas”, ¿se las propone así?

No. Trato de escribir como novela y lo que han tenido mis novelas es que es más interesante lo que pasa dentro de los personajes y no afuera, entonces eso es muy difícil hacerlo película. Por ejemplo, la estructura en Salvaje es una combinación de muchos elementos, como los caligramas, que es imposible llevarlo al cine, tiene interrupciones de mitologías y eso es imposible. Por eso son anticinematográficas, no hay manera en que se puedan adaptar.

Usa mucho los monólogos interiores en sus novelas…
Yo creo que lo interesante de la novela es que puedas hablar en primera persona. “Fui aquí, fui allá, la verdad esa mujer me gustaba mucho y yo estaba muy celoso”, ese tipo de narración no lo permite más que la novela, es muy difícil que lo permita otro medio. No lo permite el teatro, ni el cine, ni siquiera la música.

Muchos críticos comparan su trabajo literario con el de Jack London, pero, ¿no se siente más cercano a Juan Rulfo?
No he sido tan lector de London como lo he sido de Rulfo. De London leí Colmillo Blanco hace muchos años, acabo de comprar su libros de historias. Es un gran narrador Jack London, pero no ha sido tan definitivo como han sido otros escritores, como Shakespeare, Faulkner, Rulfo, como Martínez Guzmán, como Pío Baroja, el mismo García Márquez, Hernando Téllez que para mí fue una gran influencia.

Ha tomado distancia de la corrección política, ¿cómo cree que influye esto al cine o a la literatura?
Nuestra obligación como escritores, como creadores, es confrontar la corrección política. Una novela que no incomoda, que no molesta, no es el tipo de novela que quiero leer. Las películas y novelas políticamente correctas no me gustan. Esto que ponen en las universidades americanas “no leas este libro porque puede herir tu susceptibilidad”, ¡pues si de eso se trata!, que hieran tu susceptibilidad, que te enojes, que te cuestiones.

En su obra siempre está presente su infancia en su colonia (barrio), la violencia, ¿ha pensado en apartarse de ella?
No, al contrario, yo estoy muy agradecido de las vivencias que tuve en la colonia. Siempre lo he dicho, puede ser que yo haya salido del barrio, pero el barrio nunca salió de mí, está más metido que nada, va hasta adentro. Yo estoy muy contento de haber tenido esas vivencias, porque el barrio me da la sensación de que lo que estoy escribiendo es genuino, sino va a parecer que fue una investigación ahí que intenté hacer.

Usted es cazador, ¿cómo le ha influido en sus libros y películas?
Todo lo que hago está impregnado de cacería. Todo, absolutamente todo. Es el cristal por el que miro la vida. Hablo como cazador, me comporto como cazador, pienso como cazador…

¿Y cómo es pensar como un cazador?
El cazador está siempre observando, tiene muy claro lo que tiene que hacer para obtener a su presa, respetas mucho a la presa, entiendes qué es la naturaleza. Es terrible pero vivimos en un mundo que quiere cancelar la naturaleza humana y las contradicciones de la naturaleza humana, lo políticamente correcto. Ahí te das cuenta de que la naturaleza es más dura de lo que la gente puede creer.

Llevé a un amigo a cazar y me dijo “es la primera vez que me siento en la naturaleza, y no estoy contemplándola, estoy con un sentido, entiendo, veo las señales”, porque es una relación donde hay un acto profundo, donde la muerte está involucrada.

Como el narrador en primera persona, que no es un tercero contemplando, sino que participa en la acción…
Claro, el cazador participa. Lo que te trae la cacería es un sentido de pertenencia con la naturaleza. Dices “yo pertenezco a este mundo”, entonces te das cuenta de dónde viene el bullying, las jerarquías, el sexo, el poder, todo está ahí en la naturaleza.

¿Siente que hay temas vetados en la literatura o el cine?
Ninguno. En el momento en que hay temas vedados ya no es literatura, se convierte en otra cosa. La literatura exactamente lo que tiene que hacer es ir adonde nadie quiere ir, porque si no se convierte en algo inane. El mundo se está volviendo muy ñoño.

¿Y entonces qué cree que va a pasar con la literatura y el cine en este mundo ñoño?
Por eso somos la resistencia. El artista nunca puede ser ñoño. Puedes tener una vida ñoña, pero no puedes hacer una obra ñoña. Borges no hizo una obra ñoña, pero era un ñoño.

¿Llegar al gran público, a Hollywood, le ha quitado o dado algo?

No. Si te empiezas a fijar en esas cosas, te mueres por dentro, entonces ya qué vas a contar. No hay manera de contar algo si estás pendiente de Hollywood, el premio, el público. Te diviertes un montón, te encanta, conoces a gente que siempre has querido conocer, trabajas con esa gente que siempre has querido conocer, fotógrafos, actores, pero tampoco te lo puedes creer.

Alguna vez tuvo una discusión con un amigo suyo, Álvaro Enrigue, sobre la posibilidad de vivir de escribir…
Claro que se puede vivir de escribir. Uno descubre en este negocio que a ti te van a comprar como tú te vendas. Si tú te vendes como alguien barato, te van a comprar como alguien barato. Si tú te vendes como alguien caro, te van a comprar como alguien caro. Entonces yo aprendí a negociar desde muy joven, a decir “mi trabajo vale y vale tanto”.

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