Un vestido y un amor

Cuentos Vestidos, el segundo libro de Cristina Valdés, reúne varias historias que tienen como común denominador a la ropa de sus protagonistas

Cuentos Vestidos
Cristina Lucía Valdés Lezaca
Mi Propio Libro
75 páginas

En la librería Prólogo de Bogotá se llevó en días pasados la presentación de Cuentos Vestidos, un libro que narra, con un lenguaje claro y directo, once historias en las que una prenda femenina, desde un chal hasta un abrigo, evocan una experiencia, un recuerdo, o una persona que ha marcado a la autora a lo largo de su vida.

Cada cuento está bellamente ilustrado por Gina Rosas Moncada, una diseñadora colombiana que vive en Hamburgo, Alemania, donde actualmente estudia una maestría en ilustración. Diners conversó con Valdés al respecto.

¿De dónde nace la idea de escribir unos cuentos que abordan los vestidos como ‘disparadores de la memoria’?

Como ya había escrito mi primer cuento Emilia come astromelias y sentía que tenía que seguir escribiendo me inscribí en 2015 en un diplomado virtual de Escritura infantil y juvenil de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). Me encantó el programa y, entre otras asignaturas, tenía la de El oficio de escribir, que dictaba la escritora colombiana Yolanda Reyes.

Como trabajo final del curso debíamos presentar un proyecto literario. Ahí fue que nació Cuentos vestidos, inicialmente con el cuento La jardinera de la vergüenza. Y ahí empecé a explorar los caminos de la memoria a través del vestido.

¿Por qué eligió la jardinera?
La escogí porque la ropa siempre ha sido para mí un trozo de recuerdo, que me transporta de inmediato a la época en que la usé. La ropa me permite viajar en el tiempo, es mi pasaporte a otras vidas pasadas. Esa jardinera en particular me llevó de inmediato al colegio y al salón de clases. No tuve que hacer mucho esfuerzo para recordar todo lo que me había sucedido cuando la usé. Y trabajé todo el semestre –de la mano de Yolanda– este cuento y luego a la hora de pensar en la estructura del proyecto pensé en escribir otras historias que tuvieran como común denominador el vestido que usaba la protagonista el día que le ocurrió algo en particular. Y siempre pensé en prendas femeninas. Por eso las mujeres son las protagonistas de estos cuentos.

Usted nombra el trabajo de la artista francesa Louise Bourgeois varias veces en el libro. ¿Cómo la influyó en su proceso creativo?
Luego de que empecé a escribir las historias con el hilo conductor de la ropa, empecé a pensar en cómo quería ilustrar los cuentos. Amo la ilustración a pesar de no tener el don de dibujar y respeto mucho este trabajo, así que comencé a trabajar con una ilustradora que me nutrió mucho con sus ideas y en una de nuestras conversaciones surgió la de escribir un glosario con los términos que designan a nuestras prendas cotidianas. Al final ella no continuó con el proyecto pero gracias a su consejo surgió El ropero, un glosario que va al final del libro.

Y para sustentarlo empecé a investigar sobre la etimología de las palabras que designaban a la ropa como abrigo, zapato, jardinera, mantilla, entre otras. En mi exploración encontré un libro maravilloso que se llama Nana de tela, la vida tejida de Louise Bourgeois, escrito por Amy Novesky e ilustrado por Isabelle Arsenault, que narra la historia de esta artista francesa y su amor por los textiles y las fibras que la condujeron por el camino del arte y la exploración.

Empecé a investigar más sobre esta artista enorme como las arañas que esculpía y me dio el marco teórico que me hacía falta para sustentar mis historias. ¿Por qué las prendas como disparadores de memoria? Para ella la ropa también está cargada psíquicamente y “tiene el poder de un talismán para reactivar conexiones con gente, lugares y eventos que, de otro modo, estarían perdidas”.

La estructura del libro es particular porque tiene cuentos de una mujer en varios momentos de su vida alternados con relatos cortos que involucran desde las molas hasta las colchas tejidas. ¿Por qué tomó esta decisión?

(Risas) Bueno, no todos los lectores se dan cuenta de que se trata de la misma mujer en varias etapas de su vida. Pero así es. Son relatos autobiográficos. Inicialmente solo surgieron los cuentos de las mujeres atravesadas por el hilo de la memoria, las mujeres de mi familia. Luego, por sugerencia de un editor que trabajaba conmigo, empecé a trabajar en las historias cortas que funcionan como ‘pausas’ entre los relatos un poco más largos de las mujeres.

Como para darle un aire al lector, pues él me decía que cada cuento estaba muy cargado emocionalmente y además funcionaba dentro de la estructura hablar de otras prendas que me hubieran conmovido, no solo usadas por mí o mis seres cercanos. Y pensé entonces en los cuadros, esculturas y trabajos que me hubieran tocado emocionalmente en los que las prendas tuvieran presencia, y salieron estos relatos cortos como ‘clips’. No sé si interrumpen o hacen pausa, pero así surgió la estructura final.

¿Qué fue lo más interesante que encontró elaborando el glosario?

Fue la mejor parte, la más emotiva. Hasta hice un viaje en busca de ese sustento de investigación. Encontré diccionarios enteros dedicados a la moda, encontré el cuento que mencioné sobre Louise Bourgeois, encontré otras formas de narrar a través de la ropa y hasta muchos patrones de costura. Y pues a la hora de investigar el significado de cada palabra que designa a una prenda o a un accesorio, ratifiqué mi amor por la palabra pues, por ejemplo, seda, que proviene del latín serica no es solo la unión de cinco consonantes y vocales sino que evoca todo un mundo, una historia, una ruta de comercio. Definiciones como la de abrigo, que significa “defendido del frío” o lana, que proviene del griego làchne, que significa vello, son tan hermosas como nuestra lengua.

¿Qué representa la ropa para usted?
Tengo que aclarar que no soy fashion ni adicta a la moda. Para nada. Como cuento en una de las historias que se llama Abrigos de invierno, desde muy chiquitas a mi hermana y a mí nos vestían con los mismos modelos de ropa para que no peleáramos. Bueno, para que yo no hiciera pataleta porque a mi hermana todo le queda bien y eso no ocurría conmigo. Fui creciendo y en la búsqueda de mi identidad la ropa tuvo un papel fundamental. A punta de ensayo y error entendí que cada persona es única y tiene particularidades así la moda nos quiera homogeneizar.

Pero yendo más allá, encontré que la ropa, era mi forma de revelarme, de gritar mi particularidad y también una forma de recordar el pasado. Si alguien me pregunta por una fecha especial, lo primero que hago es recordar qué llevaba puesto. Si quiero acordarme de un día en particular, recuerdo qué vestido usaba ese día y de inmediato fluyen los recuerdos. La ropa también es eso, evocación, recuerdo, memoria.

En la presentación del libro habló que la pana era un material especial para usted. ¿Por qué?

La pana me parece que define un poco mi personalidad, es sencilla y sin pretensiones; quiero decir, me gustan los pantalones y los abrigos de pana, me siento cómoda usándolos, me parece que puedo llevarlos a todos lados sin problema. También me pasa algo curioso y es que en una época de mi vida me gustaban los hombres que llevaban blazers de pana, me parecían lo máximo y zapatos de gamuza (risas). No es un estereotipo ¿o sí? No sé pero hay materias entrañables como la pana.

¿Qué tanto tienen de autobiográfico los cuentos?
Todo. Desde el delantal de mi abuela, pasando por los abrigos de las hermanas, hasta el chal de la mamá, que fue muy difícil de escribir y fue precisamente el último que hice porque describe un momento en la vida de mi madre y todo lo que ella significa para mí.


Usted es una periodista económica, ¿qué cosas cree que le ha aportado el ejercicio del periodismo en la escritura de ficción?

El rigor, poder ir al grano sin problema. Yo no sufro, hasta ahora, del síndrome de la página en blanco. Como periodista que tiene una fecha de cierre que sí o sí debe respetar, me siento obligada a terminar lo que empiezo y aunque lo vuelva a cambiar o a pulir siempre sale algo. Y me encanta trabajar con cronograma y bajo presión. Esas son las herencias del periodismo.

El libro lo hizo a través de una plataforma que se llama Mi propio libro. Explíquenos, brevemente, en qué consiste.

Es un modelo de autopublicación que nos permite a todos los que amamos la escritura contar las historias y que no se queden en el cajón de la mesa de noche. Todos soñamos con que un día una editorial nos llame y nos confirme que publicará nuestro manuscrito pero ese día se demora y pues yo no pude esperar años y años o concurso tras concurso a encontrar una editorial que quisiera publicarme. Por eso, y por otras razones nació MPL como un modelo en el que asesoramos en todas las etapas a las personas interesadas en publicar sus proyectos editoriales.

¿Dónde se puede adquirir el libro?
Estamos hablando con la Asociación Colombiana de Librerías Independientes para la distribución de Cuentos Vestidos a escala nacional. Mientras tanto pueden encontrarlo en Prólogo o en MPL (carrera 13 No 90-20 Of. 403 Tel 8123700).

¿Cuál es su próximo proyecto?
Es una especie de cuaderno de novios, inspirado en ese libro tan bonito de Beatriz Caballero donde ella cuenta cuáles fueron todos los amores de su vida iniciando desde el chofer del bus, hasta el actor de cine de la época. El mío empieza con la primera relación que fue la que tuve con mi padre y con mi hermano y que definió las relaciones posteriores que he tenido a lo largo de la vida.

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