La biblioteca de Kristina Mclean

La representante de la feria de arte Frieze en América Latina acaba de publicar Soy Bogotá, una guía independiente con los mejores sitios de la ciudad, y compartió con Diners sus cinco libros favoritos.

El mapa y el territorio
Michel Houellebecq

No existen muchas novelas sobre el mundo del arte, por lo tanto me emocionó mucho que uno de mis autores favoritos asumiera este reto. Este libro relata una historia de amor que se desarrolla en el marco de la carrera de un artista, impulsada por pura casualidad, como sucede con muchos artistas. El libro fue publicado en 2010, pocos años después de mi cambio profesional de la banca a las artes, y disfruté leer algo sobre esta industria, sabiendo que su funcionamiento oscuro se revelaría a una audiencia más amplia porque era tratado por este reconocido escritor.

Cáscara de nuez
Ian McEwan

Me encantan todos los libros de Ian McEwan, Solar es uno de mis favoritos de siempre, pero leí Cáscara de nuez el año pasado durante el embarazo de mi hijo y fue una experiencia surrealista, porque es narrado por un feto hiperintelectual que disfruta los podcasts y se ingenia el arresto de un asesino, ¡todo esto desde el útero!

Las fábulas de La Fontaine
Jean de La Fontaine

Crecí en Francia, donde las estatuas de Jean de la Fontaine adornan los parques públicos. Sus fábulas marcaron mi infancia porque son muy divertidas y, además, dan lecciones de vida. Una de mis favoritas cuenta la historia de un cuervo que pierde un pedazo de queso al ser engañado por un zorro astuto y adulador.

Los cuentos de hadas
Hans Christian Andersen

Como soy mitad danesa, las historias de Hans Christian Andersen tuvieron un papel importante durante mi infancia, por ejemplo El traje nuevo del emperador nos enseña que puede ser más fácil para un forastero ver las cosas como realmente son. Recuerdo que tenía un libro ilustrado enorme que abría sobre mi regazo para mirar las imágenes y luego leer los cuentos.

La improbabilidad del amor
Hannah Rothschild

Esta es probablemente la única novela narrada por una pintura que habla; en la divertida historia se aclaran detalles acerca del mundo del arte, frecuentemente oscuro y elitista, revelando los conflictos de interés para aquellos que están menos familiarizados con nuestro campo de trabajo. Es una lectura fantástica para la playa –la llevé cuando estuve de vacaciones en Cartagena–. Al principio, cuando la pintura comienza a hablar, es un poco desconcertante. Y piensas “¡oh Dios, esto va ser terrible!”, pero el libro está tan elegantemente escrito, que la autora logra su propósito.

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