Rebeldes: una historia de las grandes mujeres de Colombia

La periodista Myriam Bautista resalta las vidas de seis mujeres irreverentes que marcaron la historia de Colombia desde varios frentes.

Rebeldes
Myriam Bautista.
Intermedio Editores, Bogotá,
2017. 154 páginas.

Seis perfiles de transgresoras mujeres colombianas. Una novelista e historiadora del siglo XIX, Soledad Acosta de Samper, editora y promotora de publicaciones dedicadas a las mujeres. Se casó con José María Samper, también escritor y político, a quien acompañó en su vida pública y en su actividad literaria. De ahí el caudal de poesías, autobiografías y diarios íntimos que produce la pareja y que esta mujer cosmopolita, conocedora del inglés y el francés, reflejará en libros como su estudio sobre José Antonio Galán y los piratas de Cartagena.

Durante una década (1924-1934), María Cano, nacida en Medellín, fue una destacada líder política, briosa oradora, que recorrió el país incitando a obreros, artesanos y sus mujeres a integrar sindicatos y a manifestar su desacuerdo con las condiciones sociales y económicas de sus vidas. Se unió a un hombre menor, entonces casado, Ignacio Torres Giraldo. Fundaron el Partido Socialista Revolucionario de Colombia y vieron crecer la inconformidad, ya sea en las petroleras de Barrancabermeja o en las bananeras de la costa caribe.

“Me llamo Emilia Pardo Umaña Carrizosa Camacho Santamaría. Nací en esta muy católica, muy leal y muy aburrida ciudad de Santa Fe de Bogotá, por allá en un año de cuya fecha no quiero acordarme. Soy completa, absoluta y definitivamente soltera, digo yo, que, porque no he querido casarme, y dicen mis amigas, que al fin buenas amigas bogotanas, son más falsas que un marido fiel, que porque no he tenido con quien hacerlo”. Así se presentaba esta periodista con escritorio propio en las redacciones de los diarios liberales como El Espectador y El Tiempo, todas ellas integradas por hombres con quienes departía en los cafés, fumadora sin tregua. Asistía también a las corridas de toros e inauguró los primeros consultorios sentimentales como la Dra. Ki-Ki, que atendía con sentido común y un tono coloquial que inspiraba confianza y nuevas cartas.

Débora Arango era una pintora antioqueña que llevó una vida recoleta en una de esas amplias casas quintas donde rodeada por la familia y yendo a la iglesia produjo una de las más feroces pinturas expresionistas que animalizaban figuras políticas como Laureano Gómez y rendían testimonio descarnado de la violencia partidista de entonces. También retrató, con furia y dolor, el mundo marginal de prostitutas, borrachos e incomparables desnudos femeninos que competían con las montañas de su comarca. Por ello cerraron sus muestras y descolgaron sus cuadros con represiva censura religiosa.

Pero ella no cejó y desde su casa de Envigado y los billetes de dos mil pesos hoy es conocida en todo el país. Igual sucede con Virginia Gutiérrez de Pineda, en los de diez mil pesos, la mayor estudiosa de la familia en Colombia que, desde su natal Santander, nos mostrará el papel decisivo de la mujer. El alcoholismo y la mortalidad infantil fueron sus otros temas que estudió con profesionalismo de antropóloga.

Articulos Relacionados

  • Vea las nuevas camisetas mundialistas con diseños ‘vintage’
  • Estas son las ciudades más amigables del mundo
  • Vea el tráiler de Phantom Thread, la película final de Daniel Day-Lewis
  • El arte está en todas partes: hasta en las fotos de paparazzi