Declive, de Antonio García: La Cenicienta invertida

La novela más reciente de Antonio García es un juguete nostálgico para los lectores apasionados de cierta literatura desencantada del siglo XX, la novela del totalitarismo, pero también a la del cuento fantástico y kafkiano.

Título: Declive
Autor: Antonio García Ángel
Editorial: Literatura Random House

Declive, como los otros libros de Antonio García, tiene la aspiración de construir una historia que sea lo más verosímil posible. Esta necesidad de verosimilitud es una de las características de la obra de García. El reto formal de Declive es interesante puesto que es una novela que se cuenta desde el punto de vista de Jorge, el protagonista, que según la lectura más materialista de la novela, sería un hombre que sufre de una patología psiquiátrica. El nivel de realidad en que se mueve este personaje corresponde al de su patología, es decir, una visión distorsionada del mundo real.

Sin embargo Antonio es muy efectivo a la hora de hacernos perfectamente creíble el mundo de su narración. Se nota el trabajo de campo que realiza para escribir su novela, se preocupa por lo que se oye, se preocupa por lo que se ve, se preocupa por los espacios, se preocupa por los colores, se preocupa por los nombres de las calles y de las cosas que rodean a los personajes; las cosas que le dan identidad a la realidad, una realidad que los bogotanos reconoceremos con mucha facilidad pero que en general corresponde a la de las ciudades grandes y hacinadas de su tipo.

Por otra parte la novela de Antonio es un juguete nostálgico para los lectores apasionados de cierta literatura desencantada del siglo XX, la novela del totalitarismo, pero también a la del cuento fantástico y kafkiano. Jorge se despierta como Gregorio Samsa y descubre un cambio en sí mismo; un cambio aparentemente menos dramático pues no se trata de verse convertido en el enorme insecto; descubre que sus pies han crecido durante el sueño algunas tallas, lo que al no recibir una explicación fisiológica médica, literariamente se podría resolver con una lectura fantástica. Lo triste, lo trágico de la novela es la imposibilidad actual de recurrir a la fantasía, tenemos que enfrentarnos a la inevitable normalización de lo extraordinario.

Hay una anécdota sumamente significativa en la novela de Antonio respecto a lo que acabo de decir: Jorge va a las primeras citas médicas en busca de una respuesta respecto a lo que le sucede cargando todo el tiempo con la prueba material de su estado, los viejos zapatos que ya no le sirven. Ninguno de los doctores le da la posiblidad de argumentar con los zapatos, tan sólo le ofrecen después de indagar con exámenes de todo tipo, la opción de visitar un psiquiatra. Desencantado Jorge, al igual que el mundo que lo rodea, deja encontrar motivos para cargar con sus viejos zapatos. En una suerte de cuento de Cenicienta invertida, Cenicienta fracasada, los zapatos no sirven ya para probar lo extraordinario sino que terminan en el tarro de la basura ante la indiferencia del mundo.

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