La escritura como entrega total: entrevista a Janne Teller

Janne Teller (Copenhague, 1964) visitó la Fiesta del Libro de Medellín. Allí habló del conflicto armado, y lanzó su libro más reciente, “Guerra”. Hablamos con ella sobre su método de escritura, la literatura juvenil, y la censura.

Un día, Pierre Anthon, un joven estudiante de bachillerato, se da cuenta de que nada en la vida tiene sentido. Se escapa del salón de clase, y corre a subirse a un árbol. Este es el argumento de “Nada” (Seix Barral), una de las novelas de la escritora danesa Janne Teller, el mismo libro que fue censurado en varios países.

La obra de Teller se caracteriza por no dejar indiferente a algún lector. Saca ampolla cuando habla de existencialismo en los jóvenes, o cuando se pone en los zapatos de un refugiado por la guerra y le pregunta al lector ¿qué haría si fuera usted? Su referente literario local más cercano es Hans Christian Andersen, porque, según ella “le da vida a objetos inanimados”, y por eso se siente cercana al realismo mágico (Carlos Fuentes, García Márquez, Julio Cortázar).

¿Cómo fue la transición de ser economista a ser escritora de literatura?

De hecho, yo siempre quise escribir literatura. Lo hice desde que aprendí a escribir. Intenté escribir mi primera novela cuando tenía once años, no pude, pero traté. Publiqué mi primera historia en un diario local cuando tenía 14 años. Provengo de una familia de inmigrantes sin educación en Dinamarca, entonces debía hacer algo para ganarme la vida, y además siempre estuve interesada en el mundo, entonces estudié macroeconomía, con énfasis en el desarrollo de países, pero siempre traté de seguir escribiendo, en las noches, o aunque tuviera algún trabajo, pero sabía que era lo que quería. Luego trabajé con Naciones Unidas y, de nuevo, trataba de escribir por las noches, pero nunca lograba escribir lo que quería.

Mientras tenía un trabajo de tiempo completo el resultado no era el que esperaba. Eventualmente pagué mis deudas estudiantiles y ahorré suficiente dinero, y cuando cumplí 30 años, dejé de trabajar, comencé a escribir solamente, y escribí mi primera novela.

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Pero, por otra parte, mi mente es matemática en algunos sentidos. Así como en la música hay ciertas combinaciones, puedes decir que la armonía en la música tiene una correlación con las fórmulas matemáticas. Aunque no podamos ponerlas en fórmulas, creo que en (la escritura de) el drama hay ciertas curvas. Y estoy segura de que algún día alguien podrá encontrar la forma de calcular eso, pero para mí es casi un sentimiento matemático. Para mí es así como se correlacionan la economía y la literatura.

La mayoría de la gente y de los críticos dicen que su literatura es filosófica, ¿es así?
Creo que es cierto, pero no es filosofía en teoría, porque no es lo que estudié, no conozco lo suficiente sobre filosofía, además no es lo que me interesa. Lo que me interesa son todas estas preguntas básicas de la vida, ¿por qué estamos aquí?, ¿qué pasa cuando morimos?, todas esas preguntas que no tienen respuestas claras, pero a través de mi obra intento acercarme a todo esto que no entiendo. Nunca comprendemos por qué somos como somos, pero creo que, en parte, crecer como una niña inmigrante en Dinamarca, en una época en la que no hay muchos inmigrantes, hace que no te definas y te sientas diferente en tu ambiente.

Su novela “Nada” ha sido catalogada como literatura juvenil o infantil, a pesar de tener una fuerte carga de existencialismo, ¿lo escribió pensando que era dirigido a jóvenes o niños?
De hecho lo escribí pensando en que fuera para jóvenes. Normalmente no escribo para jóvenes, porque lo que me interesa es aprender de lo que escribo, volverme más sabia, y pensé que esto lo podría lograr escribiendo para gente más joven que yo. Hablé con algunos lectores, muchos de ellos adultos que querían prohibir el libro, pero otros estaban muy interesados en el libro, y me di cuenta de que cuando somos adolescentes es cuando estas preguntas sobre la existencia son más radicales, abandonando todas las convenciones de la generación de nuestros padres. Escribir este libro en la voz de un joven fue más interesante que hacerlo en la voz de un adulto, cuando comenzamos a dar las cosas por sentado, pero estas preguntas existenciales siguen ahí, solo que no lidiamos con ellas de la misma manera cuando crecemos.

Ese libro fue censurado en varios países, ¿por qué cree que pasó?
Me sorprendí mucho al principio, porque no tiene lenguaje vulgar, básicamente no tiene contenido sexual, tiene un poco de violencia, pero no mucha comparada con los libros de vampiros u otros libros de crímenes que los jóvenes leen. La gente discutía sobre si había violencia en el libro, o algunos artículos decían que los jóvenes podía deprimirse si lo leían, o incluso podían suicidarse. Yo creo que la mayoría de los adultos ni siquiera leyeron el libro, sino que solo leyeron el título, escucharon que era sobre el sentido de la vida, y pensaron que esa era la conclusión.

No entendieron que era como un libro sobre un fantasma, y ese libro tuviera como título el nombre del fantasma. Y aquí el fantasma es la nada, el miedo de que nada importa. Con el tiempo los jóvenes han visto la intención del libro, aunque no tiene un final feliz, han visto que hay una esperanza para ellos, pueden encontrar su propio sentido y hacer las cosas de diferente manera a como lo hicieron los personajes del libro.

Creo que para los adultos es diferente porque sienten que no pueden rehacer sus vidas. Gente que tiene 50 años y ha tomado muchas decisiones en su vida, y no pueden de repente retroceder y rehacer su vida, gente que ya ha decidido que la religión es todo lo que importa, o hacer dinero es lo que importa, o la familia, o su carrera, etc., y si esta gente repiensa como un joven sobre lo que de verdad importa en la vida, y repiensan sus prioridades y valores, pueden caer en cuenta de que han tomado decisiones equivocadas, y eso es horrible porque no puedes retroceder esos 30 años. Cuando eres joven y lees el libro, tienes todavía todas las decisiones por tomar, y te ayuda a que las tomes. Pero no cuando ya eres mayor. Por eso creo que los adultos se sienten más irritados con el libro que los jóvenes. Pero mi experiencia es con gente que es muy convencional, ellos se sienten irritados. La gente que vive como ha elegido vivir, no se sienten irritados.

Esta novela está narrada desde la voz de un adolescente (Pierre) ¿cómo fue ese proceso de convertirse en un joven francés?
Mi referencia fui yo misma. No importa qué escriba, si lo hago con la voz de un hombre viejo, o con la voz de una mujer, siempre cierro los ojos e imagino ser esta persona que inventé. Imagino que soy alguien más, alguien que creé. Creo un personaje con ciertas características, con cierta voz, y me convierto en esta persona. Lo difícil de esto es que debo olvidar mi propia vida, olvidarme de mí. Entonces olvido los cumpleaños de mis amigos, no me importa la navidad, las festividades, porque de otra manera no es posible. He aprendido a cuidarme mejor, porque cuando escribí mi primer libro (“The Trampling Cat”. No tiene traducción al español todavía) adelgacé mucho porque no me importaba si no comía o si no tenía nada en la nevera. Es casi hipnótico para mí cuando me introduzco en estas voces, entonces es un poco peligroso.

Uno de mis libros, que tiene lugar en la guerra, está contado desde la voz de un médico cirujano de guerra, que es fuerte porque tiene lugar en un genocidio. Llegó un momento en que perdí la memoria. Tuve que ir al psicólogo, olvidé como cruzar una calle con semáforo, no podía hacer nada. Entonces aprendí a decir “está bien durante el día, pero en la noche debo volver a ser yo misma”. Ese es el proceso, la gente pregunta ¿cómo hace para escribir como un niño de 14 años?, pero no es muy diferente a escribir como cualquier otro, solo me sumerjo en ello.

Ha visto la violencia muy de cerca mientras trabajaba con Naciones Unidas en África. ¿Cómo influyó en su obra?
Principalmente me tomo la literatura en serio. Para mí no es entretenimiento. De verdad siento que tengo que decir algo importante, que me importa a mí, pero que espero que también sea importante para el lector. Porque de otra manera sería mejor hacer trabajo humanitario, algo que de verdad ayude a mejorar la vida de las personas. Es como tocar fondo, cuando me siento a escribir debe haber lágrimas y sangre. Lo experimenté en Mozambique, cuando recuerdo la poesía después de haber llegado a estar realmente deprimida por lo que vi, toda la brutalidad, el recuerdo de esa poesía me da energía para lidiar con los recuerdos de esa brutalidad.

Eso es todo lo que la literatura puede hacer, porque esa poesía no tiene nada que ver con África, es solo poesía inglesa del siglo pasado, pero me sostiene. Yo particularmente pienso en literatura, pero puede ser una pintura, música, creo que puede ser una charla del alma del artista con el alma del receptor. No creo que el arte deba tener un propósito, no tiene un mensaje directamente, es solo que nos habla a un nivel muy profundo.

¿Pone algún filtro al momento de escribir?
No, porque siempre estoy buscando algo y debo ser muy honesta con mis personajes. Yo soy todos los personajes, incluso los 21 niños en “Nada”, y tengo que ver qué haría cada uno en sus situaciones. Estoy sorprendida, de hecho, con lo que hicieron todos, porque no me gusta la violencia, ni siquiera veo thrillers o películas de detectives, porque me pongo muy nerviosa. El libro tiene su propia dinámica, y no puedo detenerlo. Lo que pasó luego de que escribí el libro, es que no me gustó el final, así que traté reescribir el final unas cinco o seis veces, pero no funcionó.

Escribió un libro, básicamente, existencialista para jóvenes, ¿qué opina de libros como los de vampiros o las nuevas novelas juveniles?

No me gusta ser la censora de lo que los demás leen o escriben. Creo que, en cierta medida, esto es lo que los jóvenes leen porque es lo que hay. He leído varias de estas novelas y creo que están bien hechas, al menos mejor que varias novelas de crimen para adultos. Cuando recuerdo mi juventud, veo que leí muchos libros malos, literatura que se consideraría “mala literatura”, novelas de romance, cosas de verdad estúpidas, pero al mismo tiempo leí a Camus y a Dostoievski. A esa edad lees todo, y después encuentras tu camino. En ese sentido, mientras lean, creo que es bueno, es buen entretenimiento, pero también creo que es un reto para los escritores escribir libros que capturen lectores jóvenes.

Cuando recién terminé “Nada”, no querían publicarlo en Dinamarca, porque pensaron que los jóvenes no estarían interesados en leerlo, hasta que a una hija de los lectores de prueba le gustó, y dijeron que quizás deberían intentar publicarlo. Creo que a veces los adultos subestimamos lo que los jóvenes quieren leer. Cuando hablo con lectores jóvenes, me sorprende las conversaciones tan profundas, las preguntas que me hacen son muy interesantes. A menudo los jóvenes piensan mucho en estos temas. Quizás no hay suficiente literatura juvenil disponible que sea atractiva y sobre temas serios.

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