“A los colombianos nos da miedo profundo mirarnos al espejo”: Laura Mora, directora de Matar a Jesús

Laura Mora dialogó con Diners sobre esta coproducción colombo-argentina que ha acumulado dos premios en San Sebastián, un par más en El Cairo y reconocimientos en La Habana y Toronto.

De noche, Paula camina dejándose llevar por la pena. Pese a que apenas han pasado dos meses desde el asesinato de su padre, José María, acepta salir con sus amigos de universidad para intentar mitigar la tristeza, sin imaginarse que entre tantos rostros que descubren las luces que ambientan la rumba, encontrará sin proponérselo el del verdugo que minutos después la invitará a un trago de aguardiente.

La rumba se extiende hasta la madrugada y Paula llega a casa con más dudas de las que salió la noche anterior, tras tener la oportunidad de cobrar la venganza que tanto buscaba, pero dejarla escapar al estar atrapada por confusos sentimientos hacia el asesino de su padre.

Son escenas de la película ‘Matar a Jesús’, que la directora antioqueña Laura Mora (36 años, Medellín) estrenará en Colombia en marzo próximo, pero que ya ha recorrido algunos de los festivales de cine más importantes del mundo, recolectando premios y reconocimientos que han generado expectativa antes de su proyección en el país.

Mora dialogó con Diners sobre esta coproducción colombo-argentina de Latido Films, 64-A Films y AZ Films que ha acumulado dos premios en San Sebastián, un par más en El Cairo y reconocimientos en La Habana y Toronto.

Una autobiografía ficcionada

Entre los años 2000 y 2002 se registraron en Medellín 9.931 asesinatos. Uno de ellos fue el del padre de Laura, un abogado que le inculcó la formación artística e intelectual.

Ese evento fue un punto de inflexión para la joven egresada del colegio Alemán, quien ya había estudiado fotografía en la academia Yurupary de Medellín y se había regresado de Barcelona desencantada con la formación académica que estaba recibiendo en el Centro de Estudios Cinematográficos de esa ciudad.

Al morir su padre, en 2002, Laura decidió huir de Medellín y viajar hasta Australia para encontrarse con un exnovio. Tan solo contaba con 600 dólares, los cuales hizo rendir pese a que asumía que su estadía en ese país no duraría mucho.

No fue así. Allí, Laura se formó como cineasta y hasta filmó dos cortometrajes, West y Brotherhood, entre el final de sus estudios y el comienzo de su trayectoria profesional, que le dieron cancha para regresar a Colombia con más ánimos que los que cargó en su huida.

Al regresar, en 2008, trabajó como script, hasta que conoció al director Carlos Moreno (Perro come perro), quien le dio alas para que emprendiera su carrera como directora, pero en la televisión. Trabajó en El Patrón del mal, la serie sobre Pablo Escobar que emitió Caracol, dirigiendo la segunda unidad de la producción. Justo ella, que se consideraba (aún hoy lo piensa) pésima televidente. En ese momento, ya había comenzado a escribir el guión de Matar a Jesús. Una espina que cargaba desde hacía cuatro años, tras la muerte de su padre, con el fin de desahogar en el cine la furia que le causó el crimen. La historia, por supuesto, tuvo mucho de Laura en la protagonista principal, Paula.

Finalmente, en 2015 Laura regresó del todo a Medellín, para reconectarse con esa ciudad que caminó por horas y kilómetros en su juventud, y hacerlo de nuevo en busca de los mejores lugares para recrear la historia.

Medellín, la tercera protagonista

La Universidad de Antioquia, Villatina, París, el Centro. Gran parte de la producción de Matar a Jesús se filmó en las calles de la capital antioqueña. Laura se atreve a decir que después de Paula y Jesús, la ciudad es la tercera protagonista. Cada que puede, la cámara capta un rincón, un paisaje del Valle de Aburrá.

No solo sus calles, su cemento, sus ladrillos. La gente es parte importante de la historia. Para Laura era fundamental que los habitantes de Medellín se reconocieran en la película, una forma, dice, de mostrar ese universo de clases sociales que la habitan, que invitan a recorrerla, a atravesarla, a conocerla de esquina a esquina.

“Tengo mucha curiosidad por lo que pueda generar la película en Medellín. Es una historia que ha demostrado su universalidad. Ante todo es una historia de humanidad, de reconocer la humanidad en el otro. La historia de esta ciudad se ha reducido a una gran venganza. No nos debe dar tanto miedo mirarnos, reconocer que no todo son silleteros y flores, y eso lo logramos mirándonos, reconociéndonos en la diferencia”.

Mora afirma que esa es su labor como artista, como cineasta, y que el hecho de que haya algo autobiográfico la obliga a ser honesta con el filme que la gente va a ver, pues lo cuenta desde el dolor de un hecho que la afectó para siempre.

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