75 años de Casablanca, uno de los clásicos del cine

“Casablanca”, así como dijo el crítico de cine Bob Strauss, tiene un balance perfecto de romance, suspenso y comedia.”

Hace unos años le tenía mucha pereza a las películas hechas antes de 1970. No era capaz de imaginar que me pudieran gustar producciones en blanco y negro, actuadas de una forma a la que no estaba acostumbrada y con voces raras (una búsqueda rápida en Google sobre el “acento transatlántico” le ayudará a entender por qué todos hablaban de esa forma). Por eso le hice el quite a varios de los llamados clásicos del cine como “Citizen Kane”, “The Maltese Falcon” o “Casablanca”.

Esa resistencia se me quitó hace cuatro años en un curso de guión dictado por Robert McKee. Después de varios días de teoría y explicaciones sobre estructuras narrativas en el cine, el seminario terminó con “Casablanca”, una película que según McKee nos iba a ejemplificar todo lo que habíamos aprendido. Mi indiferencia se transformó en curiosidad; quería saber por qué la gente estaba tan obsesionada con esa película. Entonces me acomodé en mi silla, vi “Casablanca” por primera vez y quedé enamorada de sus personajes, sus líneas de diálogo y de una canción que ahora cada vez que escucho me hace lagrimear.

“Casablanca”, así como dijo el crítico de cine Bob Strauss, tiene un balance perfecto de romance, suspenso y comedia. Yo ya sabía que era una película romántica y la parte de suspenso me entretuvo, pero lo que más me sorprendió fue lo chistosa que es. Claude Rains en el papel del Capitán Louis Renault y Humphrey Bogart como Rick tienen varias líneas de diálogo que me hicieron reír en voz alta.

En la lista de las 100 frases más famosas del cine compilada por el American Film Institute, “Casablanca” tiene 6, más que cualquier otra película. Líneas como “I think this is the beginning of a beautiful friendship”, “We’ll always have Paris”, “Of all the gin joints in all the towns in all the world”, “Round up the usual suspects”, “Play it, Sam” o “Here’s looking at you kid” se convirtieron en clásicos. Esta última frase, tal vez la más famosa de la película, no estaba escrita en los borradores del guión. Al parecer, eso era lo que Bogart le decía a Ingrid Bergman cuando le enseñaba a jugar póker en sus momentos de descanso y se acostumbró tanto a decirla que la incluyó en su actuación.

El romance de Rick e Ilsa es uno de los más emblemáticos del cine en parte por la historia y en parte porque los dos actores hicieron cosas extraordinarias con sus personajes. Nadie mejor que Humphrey Bogart para hacer de Rick, el cínico, desilusionado, estoico y siempre cool dueño del Café Américain. Como dice el historiador de cine Rudy Behlmer, Rick no es un héroe pero tampoco es un mal tipo. Es un protagonista práctico que hace lo que sea necesario para llevarse bien con las autoridades y no arriesga su vida por nadie sino él mismo.

Su fachada indiferente de “no me importa lo que pase con el mundo, yo no soy de ningún bando, soy solo un borracho” empieza a quebrarse cuando se reencuentra con Ilsa, su amor de unos años atrás. El personaje de Bergman tal vez no es el más activo de la película y bajo los estándares de 2017 es un poquito estresante oírla decir cosas como “toma tú las decisiones por los dos”, pero no por eso es menos interesante. Ilsa es una mujer atrapada en medio de un dilema emocional y al final, así como Rick, sacrifica parte de sus deseos.

Con sus ojos expresivos, Ingrid Bergman transmitió el conflicto interno de Ilsa. Su vulnerabilidad, sus miedos, sus dudas y su valentía, todo eso está en la cara perfectamente iluminada y natural de Bergman. En su autobiografía “My Story”, la actriz sueca contó que tuvo que pelear para que la dejaran actuar así, tal cual era, sin cambiar su apariencia. La “época dorada” de Hollywood no fue muy amable con las actrices; hay muchas historias de cómo los directores de los estudios las obligaban a operarse, abortar, tomar pastillas, dejar de comer o a hacer cualquier cosa para mantener las apariencias que ellos creían eran mejores para la pantalla. Pero Bergman peleó y logró que respetaran sus deseos de tener un look natural.

“Casablanca” ganó tres premios de la Academia: mejor película, mejor director y mejor guión adaptado. Desde que se estrenó, ha aparecido con frecuencia en las listas de mejores películas de la historia. Y aunque tal vez un par de detalles no han envejecido bien, pero vale mucho la pena verla. La historia de amor es inspiradora, los diálogos son como para aprendérselos de memoria, las actuaciones son buenísimas y la historia de guerra, nazis y refugiados buscando un lugar seguro se siente tan pertinente ahorita como en 1942. Si usted es de los que piensa “pero qué pereza una película de esas viejas”, silencie esa voz en su cabeza, hágame caso, hágase el favor y vea “Casablanca”.

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