Animales Nocturnos, frenesí introspectivo y suspenso vengativo

En su segunda película Tom Ford evoca la humanidad y el romance desde el thriller.

Tom Ford ha logrado medírsele a la dirección y ha sido un paso que ha dado con éxito. En su primer largometraje A single Man, con Julianne Moore y Colin Flirt, logró que la crítica lo mirara con beneplácito, fue una sutileza estética y narrativa que pasó la prueba con varias ovaciones. Y le dio un puesto en el séptimo arte.

En su segunda producción Animales Nocturnos, Ford, ha tenido los ojos expectantes de la crítica más pendientes. Comentarios positivos, afilados y desgarrados han sido escritos después de su proyección. La película es la adaptación de la Tres noches de Austin Wright.

Protagonizada por Amy Adams, Jake Gyllenhall, Armie Hammer, Isla Fisher entre otros. En género claramente está clasificado como thriller y partir de esta categoría es satisfactorio para poder sumergirse con tranquilidad en los juegos de metalenguaje que el director plantea.

Edward (Gyllenhall) envía un borrador de su novela a su ex mujer Susan (Adams) quien siempre había sido una crítica para él, ella la recibe y entre la lectura de las páginas empieza a sentir que su vida no ha funcionado. Vemos entre la ficción de lo que lee y su presente un juego hipertextual que enriquece el relato. Idas y venidas del presente y el pasado, ficción y otra evocación. No es fácil seguir el ritmo para quienes necesitan estructuras firmes, pero la consigna está proporcionadamente hecha.

El suspenso está facturado con pinzas. La venganza es una línea argumental fuerte del thriller de Ford y el artilugio de usar la literatura como un arma es algo muy bien logrado. En el primer largometraje del director vimos romance, silencios, calma y sutileza, en este segundo filme vemos romance, miedo y frenesí. Algo que contrasta mucho pero que si se ve concienzudamente es cine de autor a pesar de las diferencias.

Por supuesto, durante varios planos la película parece sumergirse en una editorial fotográfica: los actores a veces parecen maniquíes que terminan siendo parte de una narración, de una campaña publicitara de una joya perfecta o de unos jeans vaqueros. A muchos les parecerá exagerada esa comparación a otros tal vez es poner en palabras lo que veían sin pasteñear. Para algunos es molesto, para otros es belleza.

Tom Ford es un reconocido diseñador de moda que ha tenido éxito en el mundo del cine como director. Siempre la moda y la cinematografía han tenido alianzas exitosas pero Ford hace parte de una corta lista de diseñadores que han dirigido películas con renombre.

Alfred Hitchcock y Abbas Kiarostami, por ejemplo, fueron diseñadores gráficos de profesión antes de ser cineastas igual que Steve McQueen que es artista plástico. Ford proviene tal vez de esta misma línea del arte en otras dimensiones y se ve claramente en su puesta en escena. La fotografía y el montaje y la estética son su sello. Ford cose escenas entre la suntuosidad de Los Ángeles – donde vive Susan- y la rudeza de Texas –donde ocurre la ficción escrita por Edward- entre la noche con su soledad y la psicopatía de Ray Marcus – el perpetrador de la familia de la ficción- , interpretado por Aaron Taylor Johnson (Kick Ass, Ana Karenina).

Mucho de este telar a veces parece un reflejo de la vanidad, ¿del director o de su ojo estético? Verla es no perder, es introspectiva y ansiosa en todo caso y pensar en eso en estos momentos que ver la vida pasar sin tanto artilugio con efectos y ciencia ficción es refrescante.

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