¿Dónde se habla el mejor español del mundo?

El Caro y Cuervo es uno de los más reputados centros internacionales para el estudio de la lengua castellana. Su impresionante labor hace que cientos de estudiantes extranjeros lo escojan para realizar sus estudios de posgrado.

Resulta frecuente escuchar que en Colombia, particularmente en Bogotá, se habla el mejor español del mundo. Una curiosa afirmación, algo arrogante y por supuesto, imposible de comprobar.

En Colombia existen muchos acentos: en España también. Y aunque en Castilla se encuentren sus raíces y su versión más ortodoxa, lo cierto es que cada región del mundo hispanohablante (250 millones de personas) habla el mejor español posible, aquel que entiende y que necesita.

Sin embargo, algo especial debe poseer Colombia, si se tiene cuenta que año tras año vienen a Bogotá numerosos personas de diferentes sitios del mundo -incluido España- expresamente a estudiar español.

En efecto, desde hace cuarenta años ciudadanos de los cinco continentes han cursado la maestría en linguistica y literatura hispanoamericanas del Seminario Andrés Bello, uno de los programas del Instituto Caro y Cuervo que enaltecen el nombre de Colombia en el mundo y de los cuales los colombianos poco o nada sabemos.

Vea también: Instituto Caro y Cuervo: 75 años de diversidad cultural

Empezar es lo que cuenta

Todo empezó hace ya casi 130 años, cuando al filólogo bogotano Rufino José Cuervo se le ocurrió redactar en solitario, palabra por palabra y vocablo por vocablo, el primer Diccionario de Construcción y Régimen de la Lengua Castellana, monumental proyecto para el cual en realidad necesitaba más de cien personas, o bien, más de cien años.

Cuando Cuervo murió, el Diccionario iba por la palabra empezar y sólo se habían publicado los dos primeros tomos, de la A a la D El resto tardó efectivamente más de cien años en concluirse y publicarse.

Para la conclusión de esta imposible y a la vez indispensable obra, el presidente López Pumarejo su ministro de Educación, Germán Arciniegas, firmaron la ley 5 de 1942, por medio de la cual se creó el Instituto Caro y Cuervo.

Hoy el instituto tiene más de cincuenta años, concluyó y publicó el Diccionario y cumple, con enorme calidad, una impresionante cantidad de responsabilidades relativas al estudio de la lengua española.

Es, por ejemplo, la empresa editorial que más títulos nuevos de autores colombianos publica al año (40 en promedio); sus publicaciones son enviadas por canje o por donación a 1.500 personas y entidades en todo el mundo; sus estudios de posgrado le han dado varias veces la vuelta al mundo; su biblioteca ofrece más de 100.000 libros y más de 100.000 revistas especializadas y sus sedes, además de servir como centros vivos de investigación y estudio sobre nuestra lengua, son sitios de hondo interés histórico y arquitectónico que bien podrían competir con la Quinta de Bolívar y el Museo Nacional como atracciones turísticas de primer orden.

El hecho adicional de ser un instituto descentralizado del Estado y de haber tenido solamente seis directores en sesenta años es una ejemplar demostración de cómo los grandes méritos académicos e intelectuales deben estar por encima de los intereses burocráticos y políticos.

En el Instituto Caro y Cuervo se nota de lejos y se siente de cerca que cada uno de sus 140 funcionarios bien merecen su puesto y que trabajan en silencio como en una a milenaria donde se le rinde culto a la palabra y se alimenta la convicción de que la creatividad y la persistencia pueden emprender también nobles proyectos que dignifiquen nuestra golpeada nacionalidad.

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