¿Por qué un israelí y tres británicos se volvieron hinchas de la selección Colombia?

Hinchas de Escocia, Israel e Inglaterra se suman al coro de voces que la alientan en cada partido, y, de paso, dejan en evidencia que la lealtad a un equipo está por encima del lugar de nacimiento.

El 30 de octubre de 1989 Colombia empató sin goles frente a Israel, en Tel Aviv, y clasificó al Mundial de Italia de 1990. El locutor William Vinasco lo narró con la voz desgastada, casi a punto de llorar. “Final, final, no da más, Colombia está en Italia, hemos esperado 27 años para regresar a un mundial, es mi alma la que grita, y tú cántalo conmigo, siéntelo conmigo, vive esta emoción con el sentimiento de quien quiere nuestra tierra, de quien espera una patria cada vez mejor para nuestros hijos”. Ese día Colombia se dio un respiro. Fue una buena noticia que ayudó al país a sobrellevar el difícil momento histórico por el que pasaba.

Luego de 16 años, Colombia volvió a un mundial. En Brasil 2014 hizo su mejor presentación en toda la historia, llegando a los cuartos de final. Foto: Shutterstock

Pero la celebración no fue exclusiva de colombianos. Después del partido, un niño de diez años que vivía en Jolón, al sur de Tel Aviv, se enamoró de la selección Colombia. “Es extraño para la gente saber que un simple chico israelí llegue a ser gran fan de Colombia sin tener ninguna relación con ese país; pero 27 años después, siento que nací en Colombia”, escribe Idan Segev en su blog donde publica artículos sobre fútbol colombiano.

“Yo solo tengo una selección. Si Colombia e Israel se enfrentaran en un mundial, me voy a poner la camiseta amarilla y mi familia lo sabe”, dice Idan Segev de Jolón, Israel.

Segev no conoce Colombia y solo ha visto jugar al equipo una vez en vivo y en directo, en 2013, cuando empató 0-0 contra Holanda en el estadio Ámsterdam Arena. Algunos de sus momentos favoritos desde que es hincha son la victoria 5-0 frente a Argentina en septiembre de 1993, y el triunfo contra México en la final de la Copa América de 2001. “Acá en Israel hay muchos hinchas de otras selecciones porque el equipo no clasifica a un mundial desde 1970. La mayoría son de Brasil, Argentina, Alemania, España y al final todos son, primero, hinchas de Israel, pero yo no. Yo solo tengo una selección. Si Colombia e Israel se enfrentaran en un mundial, me voy a poner mi camiseta amarilla y mi familia lo sabe”, sentencia de manera irrefutable.

¿Uno nace o se hace hincha?

Los más fieles hinchas de sus equipos afirman que la pasión por su club, o país, la llevan en la sangre. Alejandro Villanueva, investigador social del deporte de la Universidad Pedagógica, y quien ha trabajado de cerca temas de hinchadas desde la sociología, explica que hay tres motivos por los que la gente elige un equipo: “Por herencia, los padres o los mayores transmiten el gusto o la afinidad por un equipo en particular; el consumo del club deportivo, aquí entran en juego su valor de marca y sus símbolos. Y la pertenencia a un lugar geográfico, si soy de Bogotá tiene más sentido ser hincha de Santa Fe o Millonarios, por ejemplo”.

“Creo que debes apoyar primero al equipo donde naciste, pero no veo nada de malo en defender a otra nación si hay una conexión emocional presente. En mi caso fue una pasión que nació naturalmente”, confiesa Jay James Waller, oriundo de Hull, Inglaterra, y radicado actualmente en Swansea, Gales.

“La selección nunca me ha hecho sentir triste. La tristeza no es una emoción que se asocie con Colombia, una nación de alegría y felicidad en casi todos los rincones”, expresa, Jay James Waller de Hull, Inglaterra.

Waller sigue a Colombia desde hace cuatro años, como resultado de la apatía con su selección nacional, a cuyos jugadores acusa de “no sentir la camiseta”, una de las actitudes que más le duelen a un verdadero hincha. De Colombia lo cautivó que en la selección sucede todo lo contrario. El espíritu de unión, la preocupación por ganar y, por supuesto, las celebraciones, le transmiten la idea de que funciona más como una familia que como un equipo. “Hay un juego que perdurará en mi mente, contra Estados Unidos en Londres, durante 2014. Aunque se trataba de un partido amistoso, fue la primera vez que vi a James Rodríguez y compañía en carne y hueso. Es una experiencia que atesoraré por siempre, el orgullo que sentí al estar entre un mar de camisetas amarillas en Craven Cottage (el estadio ubicado en el barrio Fulham) me hizo sentir más colombiano de lo que me sentí alguna vez como inglés”.

La alegría y el espíritu de unión de los jugadores de Colombia son uno de los motivos que más llaman la atención de los extranjeros. Foto: AFP.

Sentirse como colombiano a pesar de ser inglés va más allá de ser una simple y curiosa anécdota, se trata, más bien, de una cuestión de identidad, en la que el fútbol puede llegar a desempeñar un rol determinante. “La identidad se basa en la búsqueda de afinidades de tipo intelectual, emocional, psicológico e incluso económico. Sin embargo, es quizás en el ámbito de lo emocional donde mejor opera y tanto el fútbol como la música, por ejemplo, han funcionado como factores efectivos para construir este tipo de vínculos”, explica Germán Eliécer Gómez, sociólogo de la Universidad Nacional y miembro fundador de la Asociación Colombiana de Estudios Socioculturales del Deporte.

Fútbol, nación y lealtad

Un fanático y amante del fútbol era el escritor uruguayo Eduardo Galeano. Lo vivía y sentía como algo que lo definía a él y a su país, incluso, alguna vez escribió que como todos los uruguayos, él nació gritando “gol”. Para Galeano, la pasión que genera un equipo de fútbol supera el gusto individual y pasa a ser colectivo. “Rara vez el hincha dice ‘hoy juega mi club’, más bien dice ‘hoy jugamos nosotros’”, escribió.

Así lo reconoció el escritor argentino Eduardo Sacheri en su visita a la pasada Feria del Libro de Bucaramanga: “Le tocaba jugar a Colombia contra Venezuela como visitante. Era impactante ver a tantas personas con la camiseta de la selección. Hay un perfumillo a causa nacional, con lo lindo y peligroso que es eso y que se contagia”, cuenta el autor, reconocido por su amplio interés sobre el fútbol.

“En Inglaterra la idea del nacionalismo o de estar orgulloso de tu país es muy complicada, la bandera se asocia con la idea de estar orgulloso de ella, y eso está conectado, a veces, con imperialismo y racismo. En Colombia la relación es más sencilla, no hay tantas cosas negativas conectadas con eso”, comenta Simon Edwards, londinense, hincha de Colombia y periodista de 29 años, que ahora vive en Medellín.

“Mis tres jugadores favoritos son Carlos ‘El Pibe’ Valderrama; Iván René Valenciano, el gordito de oro; y Ántony ‘El pitufo’ de Ávila”, cuenta, Simón Edwards de Londres, Inglaterra.

Edwards reflexiona que si él fuera alemán o español puede que a sus compatriotas no les agrade la idea de apoyar a la selección Colombia, sin embargo, cree que la relación de la gente con la selección inglesa “es difícil, no hay tanto entusiasmo. El apoyo depende mucho de la región y hay gente que asocia al equipo con solo Londres. En el norte, por ejemplo, no hay la misma conexión”.

El sociólogo Germán Eliécer Gómez también señala que en algunas ocasiones ser hincha de un equipo diferente del local, es visto como una traición. “Tiene que ver con la identidad. Cuando alguien que ha nacido en ‘nuestro territorio’ opta por no apoyar al equipo ‘propio’ por uno foráneo, se asume como un acto de ‘traición’ porque se niega la historia y la tradición del territorio. Es básicamente como renunciar, o mejor, ‘abdicar’ a lo que somos, por un gusto ajeno y externo”.

Hinchadas transnacionales

Alistair Brown es hincha del equipo de donde nació, Rangers, que juega en Glasgow, Escocia. “Ahora mismo nos encanta Colombia por un jugador que está en el equipo: Alfredo Morelos, es nuestro goleador. ¡Un colombiano es la sensación del fútbol escocés! Los hinchas de mi club llevan banderas de Colombia al estadio, eso me sorprende”, cuenta sonriendo.

Brown adquirió un aprecio por la selección durante su estadía en Bogotá entre 2012 y 2015, mientras fue profesor de inglés en la Universidad Externado. “El ambiente en la ciudad cuando juega Colombia es increíble, todos los lugares están llenos, hay gente con la camiseta en todas las calles, oficinas, escuelas, universidades…”. La afición que le despertó la selección lo llevó a viajar a la Copa América de Chile en 2015. “Fui con Freek, un amigo holandés, nos vestimos con la camiseta, nos pintamos la cara y entramos a la tribuna de Colombia”, recuerda emocionado.

La historia deportiva que tienen algunos equipos como el Real Madrid, Barcelona o selecciones como la argentina, alemana o brasileña, hace posible que cuenten con seguidores en distintas partes del mundo. “De eso se trata las hinchadas transnacionales, y es un concepto que en Colombia está trabajando el sociólogo Kevin Rozo. Se refiere a las afinidades dominantes, en términos de consumo, que se crean de un equipo de fútbol (es decir, un equipo con más mercado, con más historia, genera mayores gustos en el mundo). Sin embargo, hay formas de consumo contrarias, que buscan verse como auténticas y originales (como puede leerse que un inglés apoye a Colombia). Es conocido que en España hay muchos hinchas de Cerro Porteño o Libertad –equipos de Paraguay– y también hay otros casos de franceses que apoyan equipos locales africanos”, señala Alejandro Villanueva.

“En el mundial de 2014 la Selección mostró una buena cara del país. Colombia necesita ser famoso por más cosas buenas, y el fútbol puede ser una de ellas”, asegura Ally Brown de Glasgow, Escocia.

Por otro lado, las infinitas posibilidades de intercambio cultural en la era de la globalización, ya sea por la apertura de fronteras comerciales o por las libertades que brinda internet, hacen posible que, básicamente, se pueda ser hincha de cualquier equipo del mundo, “esto, sin lugar a dudas, permite que para los amantes del fútbol no existan barreras”, puntualiza el sociólogo Germán Gómez.

Al cierre de esta edición la selección Colombia se encontraba en zona de clasificación para el Mundial de Rusia 2018, demostrando, una vez más, que pasa por uno de los mejores momentos en su historia. Grandes jugadores como James Rodríguez y Radamel Falcao, que llegan a tener fans en Portugal, China o Irán, son figuras mundiales que fortalecen la imagen atractiva de la selección, que con su manera de jugar al fútbol, junto con la alegría y otros valores positivos de unión y familiaridad, seducen a quienes no se sienten representados con sus equipos locales, y desafían la lealtad futbolística hacia la bandera de su país. Así controvierten otro de los adagios más certeros en el fútbol, que puesto en palabras de Eduardo Galeano, dicta que “en su vida, un hombre puede cambiar de mujer, de partido político o de religión, pero no puede cambiar de equipo de fútbol”.

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