La biblioteca de Margarita García Robayo

A propósito de su más reciente novela, Tiempo muerto, la escritora cartagenera compartió con Diners los cinco libros que la han influenciado a lo largo de su vida.

Mujercitas
Louisa May Alcott

Es uno de esos libros que se leen en la infancia y resultan fundamentales. Recuerdo a las hermanas March como si fueran mías, y aunque nunca releí el libro y seguramente olvidé detalles esenciales del argumento, ese universo me marcó de muchas maneras. Es probable, también, que sea una de esas historias que no resisten relecturas en el presente, pero que si uno las deja ahí, en el momento en el que fueron descubiertas, se instalan en la memoria como tesoros.

El amante
Marguerite Duras

Duras me parece una escritora sublime. Y El amante me cautivó por su escritura, porque está lleno de frases de una dimensión gigante. Es un libro que podría releer y encontrar siempre nuevos significados y posibilidades de interpretación en cada una de sus frases. Se trata de una novela iniciática en, por lo menos, dos sentidos: el de la escritura y el del deseo. Aunque en la obra de esta autora, esas dos cosas tienden a ser lo mismo.

Las batallas en el desierto
José Emilio Pacheco

Siempre digo que este fue el libro que me hizo escritora. Recuerdo haberlo cerrado y pensado en la perfección del formato: breve pero profundo. Y redondo, gracioso, maravillosamente escrito. El protagonista es un niño que se enamora de la madre de un amigo de la escuela. El escenario es el México de los años cuarenta, con todos los vicios de una clase media conservadora y arribista. Es una típica novela de iniciación, llena de momentos luminosos y con un final triste y nostálgico, pero muy bello.

Manual para mujeres de la limpieza
Lucia Berlin

A Lucia Berlin la descubrí hace un año y enseguida pasó a ser uno de mis referentes. Me pareció notable esta mujer con esa vida tan oscura y tan difícil, escribiendo cosas llenas de humor y de vitalidad. Me fascinó la originalidad de su lenguaje, las comparaciones disparatadas y al mismo tiempo acertadísimas, el desparpajo con el que habla de temas terribles como la enfermedad o la pobreza o la adicción o el aborto. Me conmovió en todos los sentidos posibles.

El desierto y su semilla
Jorge Baron Biza

La escribe un hijo que presencia el momento escabroso en que su padre le tira ácido en la cara a su madre y la desfigura. Estaban reunidos en presencia suya y de un abogado para definir los términos de su divorcio. Es una novela autobiográfica, pero no confesional, y esto es lo más impactante de la voz del narrador: el relato empieza donde concluye el melodrama, y la reconstrucción que hace está marcada por una distancia que lo protege de su propia experiencia, para darle al lector una propia y más cercana, gracias a la precisión con la que se narran hasta los sentimientos más bajos.

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