Recomendado de la semana: Fábula Asiática de Rodrigo Rey Rosa

Rodrigo Rey Rosa (Guatemala, 1958) es uno de los más originales y variados narradores latinoamericanos.

Fábula asiática
Rodrigo Rey Rosa
Alfaguara, Bogotá, 2016.
205 páginas.

Rodrigo Rey Rosa (Guatemala, 1958) es uno de los más originales y variados narradores latinoamericanos. En su última obra, Fábula asiática (Alfaguara, 2016), se camufla como un escritor mexicano que retorna a Tánger, la mítica ciudad donde se inició como escritor bajo la sabia tutela de Paul Bowles, quien residía en Marruecos y se había convertido en un célebre gurú de un grupo de expatriados que harían de ese lugar una meca cosmopolita.

El escritor se reencuentra, veintiséis años después, con un viejo amigo pintor, quien le cuenta que su hijo genio, Abdelkrim, está en problemas. Ha sido captado por los norteamericanos por sus dotes matemáticas para estudiar en una universidad gringa, adquirir la nacionalidad e integrar un programa de la Nasa. Hay casetes y discos duros en árabe que el escritor mexicano debe descifrar para encontrarse sumergido en una suerte de conspiración mundial donde ocupa un papel protagónico.

Lea también: Fábula Asiática, de Rodrigo Rey Rosa, literaura sin arandelas

“Cierto exvendedor de videos piratas nacido en Jordania, consumidor de drogas y con un halo de perdedor, había fundado un califato sangriento (cuya causa directa habían sido las acciones bélicas del gobierno norteamericano contra la nación iraquí, como sabía todo el mundo) y que intrigaba masacres religiosas y que se había expandido desde Oriente con un éxito tan inexplicable como inesperado” (p. 99).

Pero hay también otras vertientes: un proyecto para recoger y barrer toda la basura que en el espacio han dejado tantos satélites obsoletos y el mundo de alta sociedad, con inclinación al arte, que vende desde un Frans Hals hasta al trío de amigos “el marroquí sunnita, el griego ortodoxo y el guatemalteco ateo” que recorren de Patmos a Estambul, ya sea huyendo de extraños funcionarios norteamericanos, agentes encubiertos, en persecuciones cargadas de intensidad y suspenso, por hoteles donde Matisse había pintado Paysage vu d’une fenêtre.

Pero todo sigue, acezante, inverosímil, trasladado de un lugar a otro, de Isis a Silicon Valley, en sueños, en viajes en cohetes espaciales, en la nave de la imaginación de Rey Rosa, que con su lenguaje terso y austero y sus diálogos certeros, en tantas lenguas, vuelve a darle razón a lo que Roberto Bolaño dijo en su momento: “Un maestro consumado, el mejor de mi generación”.

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