Adiós a Pepe Sánchez

Pepe Sánchez fue el responsable de ingeniarse uno de los mejores programas humorísticos de Colombia como lo fue ‘Don Chinche’ y ser el padre de la telenovela colombiana.

Revista Diners de septiembre de 1983. Edición Número 162

Luis Guillermo Sánchez, director, actor, guionista y maestro de la televisión colombiana, fue el responsable de los pilares de la novela colombiana como: Yo y Tú (1956),Romeo y Buseta (1987), Don Chinche (1982) y Café (1994) entre otras. Gonzalo Guillén describe a Pepe Sánchez como “un cirujano de la televisión, pues en su trabajo como director impartía órdenes en voz baja, revisaba meticulosamente todo lo que debía ocurrir en cada escena”.

En Diners recordamos al maestro de la telenovela colombiana con una de sus series de mayor éxito: ‘Don Chinche’.

Dos coincidencias imposibles han contribuido para que la serie ‘Don Chinche’ se haya convertido en el programa de humor con mayor impacto sobre el público nacional: la primera es que Pepe Sánchez, el director y libretista, aparte de una larga experiencia profesional, es graduado y posgraduado en tiendas de barrio y aguardiente. La segunda, que Héctor Ulloa, el protagonista, y Hernando Casanova, no sólo son dos de los mejores actores del país, sino también un par de gamines auténticos.

Pepe Sánchez nunca inventó los personajes de la serie. Simplemente los conoció en las noches de bohemia de café, en la tertulia política en las viejas tiendas de bulto de papa orinal y salchichón, o en las calles de los barrios populares de Bogotá.

La bohemia le dio a conocer infinidad de doctores Pardos, vergonzantes viudas de Copetes, tenderos integrales de blusa de dril y lápiz de propaganda sobre la oreja. “Sí, yo he sido muy tendero, muy bohemio”, dice Sánchez.

‘Don Chinche’ nació hace 32 años por un encargo que RTI le hizo a Sánchez. Le pidió que ingeniara una serie humorística en la que Ulloa, que antes fue Régulo Engativá, hiciera el primer papel. Es decir, tenia que complementar el mundo del maestro de obra que coge goteras, remienda tubos viejos, estuca, instala enchufes, deshollina, arregla la tapa del horno, cotiza los materiales para impermeabilizar el tejado y que de vez en cuando se cae desde el segundo piso por aventurarse enguayabado a cambiar la bombilla del jardín en casa de un par de solteronas a las que la se mana pasada se les metieron los ladrones para llevarse el televisor.

‘Don Chinche’ es el tradicional artesano remendón bogotano que siempre ha hecho a la clientela -“cualquier ofrezca que se le cosite”- y que ha ido siendo desplazado por entidades de NIT y conmutador que envían una camioneta y los técnicos suficientes para revisar todo tipo de instalaciones.

Hasta cuando existió la serie de “Humor imposible”. de RTI, Régulo, el antiguo Chinche, apareció normalmente en el ejercicio de sus funciones, en el puesto combate: faltaba por explotar el fondo humano del personaje: sus sentimientos, su calle, sus vecinos, sus apremios, sus amores…

Se forra botones y se remallan medias

Cualquier cosa podría resultar de la serie. Pero resultó lo mejor. Es decir, Sánchez se preocupó, primero que todo, no salirse de un marco real, de no llegar a la exageración de poner al Chinche a manejar un avión, protagonizar el papel de cura, de político, de ejecutivo, de nada que estuviera rigurosamente por fuera de sus auténticas condiciones sociales. Otro aspecto que lo preocupó fue el de las limitaciones que impone el estudio de televisión y, de entrada, pidió que la serie se rodara en la calle.

Los planteamientos básicos fueron acogidos y lo demás fue, realmente, lo de menos: a escasas cuatro cuadras de las oficinas de RTI, en la Calle 20 con Segunda, apareció el escenario. Es una calle de casas en las que en los años 30 vivieron familias de la clase media bogotana, con portón, zaguán, trasportón, patio y traspatio. La zona ha ido sucumbiendo bajo las avenidas y los edificios. Los antiguos habitantes ya se marcharon, salvo escasas excepciones, y ahora quedan tiendas, inquilinatos, pequeños talleres de mecánica y artesanos que fabrican llaves, forran botones, remallan medias, insignificantes consultores tributarios, maleantes conocidos, pensionados al garete en piezas de alquiler, ferreteros, loncherías, tunantes y uno que otro tenderete de miscelánea en los que funcionaron selladeros del “5 y 6”.

foto_archivo_diners_460x620 Uno de los camarógrafos intenta una toma desde arriba del taller de Don Chinche y el joven Eutimio. El escenario del taller se habilitó en un solar abandonado que tenía el Grupo Grancolombiano para guardar parte de la utilería de RTI. Foto: Archivo Diners.

Cuando se resolvió que ‘Don Chinche’ habría de tener un taller de reparaciones diversas en sociedad con Eutimio, Pepe Sánchez fue a ver un solar ruinoso que posee el Grupo Grancolombiano, en el cual se guardan trastos de utilería. Revisó el espacio y encontró que allí cabrían el taller, dos calles de cascajo ciegas, además de la tienda de don Juaco y un local de zapatería. Al salir del solar vio en la casa de la acera de enfrente a un anciano, inmóvil, asomado a la ventana. Arriba, en la esquina se encontró con una vendedora de fritanga. Una cuadra al sur analizó la confusión de una terminal de buses urbanos donde los choferes comen huevos duros y chunchulla y los zorreros esperan a los usuarios de su servicio. Todo eso era, sin duda, el mundo del Chinche y fue integrado a la serie.

Desde los primeros capitulos, don José Soler aceptó hacer el papel de ‘Don Santiaguito’ personaje que encarna al propio José Soler: un pensionado, inquilino en la casa que aparece como de doña Doris. El permanece la mayor parte del día asomado a la ventana viendo pasar la vida y leyendo el periódico mientras toma el sol. Cuando se graban los capítulos de ‘Don Chinche’ hace lo mismo y le cuenta chismes a doña ‘Dorisita’.

La Mona, la de la fritanga, también aceptó hacer el papel de la fritanguera para lo cual solamente necesita preguntar en qué capítulos debe actuar, cosa poco importante porque en todas las grabaciones está cerca, en la esquina para surtir de viandas a los que realizan el programa. Y uno de los zorreros de la terminal de buses vecina fue el mismo que recientemente intentó en vano robar el tocador y los muebles de sala de doña Doris.

Viuda raída y tinterillo vergonzante

Tanto como calidad técnica y artística Sánchez quiere autenticidad. Recientemente, cuando Eutimio debió viajar al Huila por desavenencias familiares y falta de trabajo, al llegar un restaurante tuvo un altercado con una sancochera que le cobraba el plato que se comió otro que se fue sin pagarlo. Para esa escena, que surgió por fuera del libreto, bastó con pedirle el favor a la dueña del establecimiento para que sostuviera una pelea con Casanova en la misma forma como lo hace habitualmente con los que se niegan a pagar.

El éxito de ‘El Chinche’ de acuerdo con Sánchez, se debe a que la trama el humor discurren dentro de la vida normal y existen relaciones humanas verosímiles como la del doctor Pardito con el resto de personajes que pertenecen a un estrato menor.

En el caso de Andrés Patricio, se encarna al bogotano de alta cuna pero decadente, tinterillo de causas menores buscador de puestos públicos. Morador de inquilinato, vergonzante y gentil; distanciado de los parientes que “han sabido llevar el apellido”. Es un tierno parásito bogotano educado para ser “gente decente” y nada más. Vive “arrancado” y apenas goza del afecto de un garbancero, dos mecánicos y los escuálidos coqueteos de una viuda raída que se ayuda con la costura. El doctor pasa hambres con dignidad, resignadamente “manipula los oficios” y acepta la solidaridad de los vecinos porque esas calles fueron las de su niñez y juventud cuando Bogotá era tranquila, la guacherna servicial y pululaban “piscos chirriadísimos”.

La pobreza eterna e inmodificable de los personajes de ‘Don Chinche’ es tan dolorosa y lamentable que los televidentes han sentido un pequeño alivio al saber que algunos de ellos han abierto cuentas de ahorros y gozan, por lo menos en una cuña, de pequeños créditos.

El éxito de la serie ha llegado a extremos insospechados. Durante el diciembre pasado, en un pueblo caldense que hallaba en ferias y fiestas, intempestivamente cesó la parranda para encender los televisores y ver ‘Don Chinche’.

“Yo no dirijo con látigo”

foto_cuerpo_texto_620x460 El elenco repasa el libreto escrito por Sánchez quien charla con Héctor Ulloa antes de comenzar la grabación de uno de los capítulos de la famosa serie dominical. Foto: Archivo Diners

El padre de ‘Don Chinche’ es un bogotano que huyó de la facultad de derecho y con ello evitó haberse convertido en otro doctor Pardito. Mientras asistía a los últimos años del bachillerato trabajó como locutor de la emisora HJCK Posteriormente pasó a la Radio Nacional en los días en que nacía la televisión, a la que pronto ingresó, como locutor, interesado en la dirección. Sin embargo, veía como precarios los medios de expresión y le metió mano al cine con Fernando Laverde y una camarita Bolex Semiprofesional. En 1962 logró su primera producción cinematográfica seria: ‘Chichigua’, documental un poco poético que recogía escenas de la vida de un gamin.

Dos años después consiguió, con Julio Luzardo, sacar adelante ‘El rio de las tumbas’ y en el viajó a Chile, durante el gobierno de Frei. en el cual el cine tuvo grandes estímulos: hizo algunos cortometrajes y participó en la elaboración de largos conoció a Pablo Neruda en ‘lsla Negra’ y le dedicó un documental. Por último, se unió al famoso director Miguel Littin, nominado en la entrega de Oscares (1975 y 1982), y le sirvió de asistente en ‘El chacal de Nahueltoro’ obra cinematográfica catalogada como clásica en cine latinoamericano y elogiada en Europa.

En 1969 regresó a Colombia tras de haber hecho una importante gestión cinematográfica y debió buscar un “hueco” en la televisión en vista del rezago del cine nacional. Pero tuvo éxito: dirigió ‘Vendaval’, con el tema de las bananeras, música de vallenatos y riñas de gallos, hizo las veces de actor cuando protagonizó ‘La tregua’ pero, sobre todo se convirtió en director de televisión. Hoy se precia de una cosa “Yo no dirijo con látigo”

Pepe Sánchez bogotano y sanguinolento. También pacífico. Parece más un neurocirujano que un hombre de televisión. Imparte las órdenes en voz baja. Nerviosa mente revisa todo lo que habrá de ocurrir en cada escena mientras chupa un cigarrillo. Es difícil pensar que sea el humorista del programa. Suelta un gesto de satisfacción cada vez que el Chinche se sale del libreto para reclamarle a la señorita Elvia: “Vusté por qué no me habías vuelto a llamar”. Le molesta que don Juaco se haya peluqueado y pide que Eutimio le haga una burla al corte de pelo, con lo cual se justifica ese pequeño cambio ante los televidentes. Le molesta el normal crecimiento del marrano y para el viaje a Neiva debió adquirir otro porque el primero ya resultaba inmanejable.

“Acsolutamente pribao”

‘Don Chinche’ se ha convertido en un elemento más de la Calle 20 y en parte de la vida de Pepe Sánchez, de los actores y del mismo equipo técnico que ayuda a realizarlo Héctor Ulloa, por ejemplo, cuida el taller en la misma forma que lo hace con el disfraz del Chinche. Durante un receso en la grabación de un capitulo le propone a Sánchez que vea la posibilidad de alquilar la pieza en que funciona el “archivo” para que sea instalado un taller que haga llaves y forre botones. Y la razón que argumenta es lógica: “Yo le digo una de las vainas: como hora todo ta pasando a microfilmación u computadora que dicen”. Sánchez sonríe y toma en cuenta la propuesta. Además el Chinche mejorará muy pronto las paredes del taller con “ladrillos de bloque adquiridos en demoliciones”.

Sánchez acepta que a la serie le faltan elementos como, por ejemplo, un gamin o un costeño. Sin embargo, no los habrá hasta que se descubra el actor ideal. El costeño lo ha encarnado algunas veces Franky Linero, pero tiene problemas de tiempo. Lo del gamin es más difícil porque no aparece ningún actor infantil que pueda hacer el papel con autenticidad.

Pero pronto habrá novedades en ‘Don Chinche’ como una negrita y un caleño. También se constituirá en el barrio una Junta de Acción Comunal y para ello se están averiguando todos los trámites que se deben surtir y las complicaciones peleas que normalmente se presentan.

El Chinche ha sido estático en materia de escenarios y ahora Sánchez investiga las posibilidades de llevarlo a lucha libre, a riña de gallos y a jugar tejo. Pero está seguro de que la Calle 20 y los personajes básicos deberán seguir siendo la columna vertebral.

La angustiada Doris Cadena viuda de Copete continuará por mucho tiempo suspirando con decoro por Andrés Patricio Pardo y debiéndole a don Juaco los granos que le fia. El Chinche debe seguir durmiendo en esa pieza que anuncia en la puerta “Recámara. Acsolutamente pribao”. El joven Eutimio, como todo mecánico, es improbable que no pase de vez en cuando las delgaditas por falta de un carromato para reparar y tendrá que depender a veces de los contratos que pueda hacer el Chinche “para reparaciones lucativas en general u cualquier ofrezca que se cosite”.

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