Un repaso a la historia del cine colombiano: “Caliwood”

Jóvenes vallunos, al ritmo de la “salsa”, bajo la inspiración de Buñuel, con la frescura del “oiga, mire, vea”, y como si estuvieran en juego, hicieron en Cali la mayoría de las pocas, incipientes e ingenuas películas de Colombia.

Revista Diners de marzo de 1983. Edición Número 155

Según los historiadores del cine nacional, en Cali se dio la primera vuelta de manivela de una cámara filmadora en 1899. De las once películas del periodo del cine mudo colombiano, se informa que cinco se realizaron en Bogotá, y las restantes en provincia. La famosa María, en Buga, Bajo el cuelo antioqueño, en Medellín, Alma provinciana, en Santander, en Manizales, Nido de cóndores, en Pereira, Los amores de Kelif, en Líbano.

Luis Ospina, caleño, 33 años, que tiene listo desde el año pasado su largometraje Pura sangre, opina que la posible existencia de un grupo de cineastas caleños es un mito que se fermentó a partir de la existencia del Cineclub de Cali y la revista “Ojo al cine”, en los que mucho tuvo que ver su amigo el escritor ya fallecido Andrés Caicedo. De todos modos, tanto de los cineclubes caleños como de las publicaciones especializadas en cine, han salido muchos de los que hoy son los más estrechos colaboradores de Ospina y de Carlos Mayolo.

Ospina, quien estudió cine en Los Ángeles, ha hecho el montaje de la mayoría de las películas de Mayolo; y a su vez, Mayolo es protagonista principal en Pura sangre, de Ospina. Esta colaboración en el trabajo está hermanada con una íntima amistad. No es nada raro que cuando se pregunte por Mayolo se diga que está tomando la brisa de las cinco de la tarde en la sala del apartamento de Ospina. O que cuando se averigüe por Ospina se den las señas de la finca de la tía de Mayolo.

El próximo proyecto de Ospina es dirigir junto con Mayolo un largometraje, cuyo . guión están escribiendo entre los dos, y en el que se narrarán los problemas vigentes para hacer una película en Colombia. “Es una película casi autobiográfica, del género del cine negro, llena de paranoias y de asesinatos”, explica Ospina.

Pura sangre costó entre unos 16 a 18 millones de pesos. Se hizo con uno de los préstamos especiales concedidos por Focine. Ospina dice que esta modalidad crediticia es muy buena para los cineastas pero que no ve muy clara la posibilidad de recuperar la inversión realizada en un largometraje. “Se necesitaría de una taquilla global de 250 mil espectadores. Y, por ejemplo, E. T, con toda ·la maquinaria publicitaría de que está acompañada, alcanzará unos 2 millones de espectadores. El · taxista millonario, la película nacional más taquillera, fue vista por un millón 600 mil . personas, de las cuales, un millón, las llevó el gordo Benjumea. Además de este problema de mercado, los productores cinematográficos no tienen muy claros los asuntos de la distribución y exhibición de sus películas… “, analiza Ospina.

Pura sangre está basada en un mito, “El monstruo de los mangones”, que conmovió a los caleños hace varios años. En terrenos desolados de la ciudad aparecieron durante un largo tiempo los cadáveres desnudos de muchachos que presentaban evidencias de haber sido violados después de que se les habla extraído la sangre. Según la imaginación popular, un magnate caleño sufría una extraña enfermedad que lo obligaba a reemplazar su sangre corrompida por sangre fresca. Para no morir, el millonario había contratado a una banda de antisociales que lo proveían del líquido vital.

“Las películas de Mayolo y las mías tienen que ver con el vampirismo como una forma de revelación del poder. Nosotros vemos a Cali más bien como un Jugar que inspira horror. Claro, vemos fundamentalmente a la ciudad con mucho amor, pero detrás de esta sensación trivial, cotidiana, se descubren elementos que generan el horror. Además, a mi me interesa el submundo criminal, su lenguaje, la droga… “, plantea Ospina.

Osplna es, además, un admirador del género cinematográfico de las películas de horror. Pero también figuran entre sus directores favoritos algunos de los realizadores norteamericanos de los años 40 y 50, como Nicholas Ray, y Jaques Torneur, y el español Luis Buñuel, de quien dice Ospina “vale la pena seguir su camino, que revela una manera original de mostrar nuestra realidad”.

Una alegoría de La Violencia

Carlos Mayolo, caleño también 37 años, tiene ya unas 16 películas sobre sus hombros. El mes pasado en Cali se estaba terminando el montaje de su primer largometraje, Carne de tu carne, con un costo de 17 millones de pesos, financiados por Focine. Ya que el guión de esta película fue ganador de un concurso realizado por esa entidad estatal. Adriana Herrán, una hermosa colegiala caleña, y David Guerrero, “un pelado que sale muy bien en la película”, estudiante de bachillerato en Cali, son los actores principales. Los dos no habían actuado nunca en su vida, pero Mayolo a través de un insistente trabajo parece haber conseguido un excelente desempeño. Mayolo los seleccionó luego de una larga búsqueda de cuatro meses, observando a decenas de aspirantes. Después filmó con ellos, durante dos meses, varias escenas de la película, pero en video-tape, como si estuviera haciendo una telenovela. Luego les mostraba a los adolescentes en un televisor los resultados de su actuación y pulimentaba sus defectos.

Para garantizar una fotografía y un sonido excelentes, Mayolo trajo de Inglaterra al camarógrafo mexicano Luis Gabriel Beristain y de Nueva York al sonidista Philip Pearle. Este último también fue utilizado por Ospina en Pura sangre. Los equipos de filmación se alquilaron en México, a precios muy favorables, dada la actual hecatombe financiera de ese país, oportunidad que aprovecharon igualmente los otros dos directores vallunos no caleños: Luis Alfredo Sánchez y Lisandro Duque Naranjo. Ospina arrendó equipo en Nueva York.

Carne de tu carne es, según el pressbook de la película, “una fábula de horror y amor donde las relaciones familiares y el poder de una familia terrateniente en los años 50, enmarcan los amores incestuosos de dos adolescentes que son asediados por sus antepasados desde ultratumba, hasta convertirlos en devoradores de carne humana”. La película se rodó en la casona campestre de la tía de Mayolo, en escenarios localizados en la carretera al mar y en el municipio de Florida. El filme de Ospina, que requirió menos exteriores, se escenificó casi todo en el apartamento de Isabella Borrero, una caleña estudiante de bioquímica que hizo de asistente de la dirección en Carne de tu carne. Una bogotana caleñizada, la pintora Karen Lamassonne, compañera de Luis Ospina, se encargó con éste, del montaje de la película. En los descansos de esta minuciosa tarea a Karen había que ubicarla en la piscina del apartamento de Carlos Palau, otro cineasta caleño que aspira a dirigir este año su largometraje A la salida nos vemos.

“El canibalismo de mi película es una alegoría de La Violencia el Incesto es una alegoría del poder y de la monopolización de la tierra. Hay que recordar que durante los años 50 muchos terratenientes les arrebataron sus parcelas a los campesinos”, explica Mayolo. Y agrega: “el gusto por el horror es un poco la influencia que queda de Andrés Caicedo. El escribió varios guiones para películas de horror y organizó muchos ciclos de películas de horror. Además nos inclinó para deleitarnos con la literatura de Poe, de Lovecraft”.

En un artículo escrito para “Caligari”, la revista que expresa en la actualidad las ideas del grupo, Mayolo opinó que “las fuerzas que nos mueven hoy son distintas y es una búsqueda estética la que nos saca de Bogotá a buscar nuestras historias, nuestro recuerdo, nuestras nostalgias, nuestras leyendas y hasta las investigaciones de tipo socio-antropológico, donde la poesía y lo mítico, en combinación con la memoria y la estética del paisaje, serán cuestionadoras de esa caricatura que es la ideología cosmopolita, benjumeista, que es la que ha caracterizado la supuesta primera etapa industrial del cine colombiano ( … ). En el Valle, hemos regresado a la hacienda feudal, hacia los vampiros con ingenio azucarero, hacia los pájaros conservadores de los años 50, a la arriera paisa, la épica de las industrias, la geografía del paisaje antioqueño o al calor y la lentitud de la Costa. Como dice Mutis, “El calor es el origen de toda una estética”

Amparo Grisales es una virgen

Luis Alfredo Sánchez no nació en Cali pero sí en Palmira. Siendo un niño lo llevaron a Bogotá y siendo un adolescente se fue a estudiar a Moscú. Su curriculum suma 41 años, unos 40 cortometrajes y un primer largometraje, La virgen y el fotógrafo, cuyo rodaje se llevó a cabo en Guacarí, Buga y Palmira. El guión de la película también ganó un primer premio de Focine y le mereció un financiamiento de 18 millones de pesos. La película ya se vendió para los mercados latinos de los Estados Unidos y México.

“El argumento semeja un gran fresco sobre una población del Valle, en los años 60, y vista a través de los ojos de un fotógrafo”, relata Sánchez. Un sargento es interpretado por el actor mexicano Eric del Castillo, quien hace pareja con la colombiana Amparo Grisales. Dos bogotanos, Jorge Pinto y Gustavo Barrera, desempeñan la dirección fotográfica y la cámara. En la película de Ospina, otro bogotano, Rodrigo Castaño, fue el productor asociado

“Para mi lo más importante de estas películas – dice Sánchez – es que son cine de autor, que retornan a nuestros orígenes y los valorizan. Por ejemplo, yo filmé en las casas de mis parientes, en las que viví mi juventud. Incluso en la película puse a actuar a varios familiares míos”.

Sánchez considera que “hay muchos factores coincidencia les que pueden explicar la filmación de varias películas en el Valle, como el tratarse de una zona económicamente rica, con abundantes paisajes y un clima muy propicio para la cinematografía”. En cuanto al estilo de películas que hay que producir en Colombia, Sánchez juzga que se debe crear un cine que contenga la fuerza del neorrealismo italiano y la picardía del actual cine brasileño.

Cine de clima templado

Lisandro Duque Naranjo, tampoco nació en Cali sino en Sevilla, un pueblo cafetero que se desvive por pertenecer administrativamente al Valle y ancestralmente al Quindío. Y en Sevilla, con 14 millones que le prestó Focine al productor Marcos Jara, Duque, 39 años, dirigió su primer largometraje, El escarabajo. “Es la historia de un provinciano que quiere ser un ciclista campeón, pero que termina siendo un ladrón tratando de conseguir una bicicleta”, relata Duque. En el filme el deportista Patrocinio Jiménez protagoniza un papel principal, al lado de dos actores mexicanos, Eduardo Gascón y Gina Morett. Jorge Pinto hace la fotografía y el paisa Hernando González la cámara.

Duque, ex crítico de cine, ad mirador de De Sica, Pasolini, Visconti, Bergman, Welles, el venezolano Chalbaud y los cubanos Jesús Díaz y Gutiérrez Alea, insiste en que su película “es una búsqueda para indagar en la idiosincrasia y la cultura del clima medio, en la ideología cafetera”.

Igual que le sucedió a Luis Alfredo Sánchez, para Duque El escarabajo fue una oportunidad de volver a los lugares en los que floreció su adolescencia. Las calles, parques, casas, fincas y hasta algunos de sus familiares, que hicieron parte de su mundo de muchacho, pueden reconocerse ahora en su película

Soñando con el taquillazo

Fuera de los anteriores directores caleños y vallunos, existen otros tres cineastas caleños, Pascual Guerrero, Jairo Pinilla y Ramiro Meléndez, que han dirigido cada uno por lo menos dos largometrajes, pero cuyos rodajes en su mayoría no se han realizado en el Valle.

Pascual Guerrero, 44 años, campeón de natación que en 1960 cruzó el Canal de la Mancha, con estudios de cine en Suecia, documentales en Londres y la dirección de dos películas en Pakistán, encabeza un grupo de cineastas que, casi en su totalidad, persigue más un cine comercial que artístico. El promueve además la Asociación de Cinematografistas del Pacífico, Acipa, que reúne a una decena de personas en Cali y a unas cinco en Bogotá. Esta entidad ha convocado dos foros para tratar los problemas de la industria cinematográfica nacional.

En 1978, Guerrero dirigió El lado oscuro del nevado, un largometraje sobre el secuestro del cónsul holandés Eric Leupin, y en 1981-82 Tacones, un musical sobre la rivalidad de una pandilla “disco” con una “salsómana”, que fue premiado en un festival en Moscú el año pasado. “Estamos cansados del panfletismo del cine tercermundista”, le dijeron los jurados soviéticos al sorprendido Pascual cuando le entregaron el trofeo.

Ramiro Meléndez fue un destacado productor en México, con películas tan valiosas como Presagio, dirigida por Luis Alcoriza con un guión de García Márquez, y Mecánica nacional. De regreso a Colombia, Meléndez ha dirigido dos largometrajes con guiones de Jairo Aníbal Niño, El manantial de las fieras y El último asalto, que se rodaron en Bogotá. Jairo Pinilla es el responsable de las películas Funeral siniestro, Área maldita y 27 horas con la muerte. Sobre la calidad de estas cintas, alguien anotó “por sus títulos las conoceréis”.

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