Pablo Neruda, el rey Midas de la poesía

Juan Gustavo Cobo Borda reseña un libro de José Luis Díaz-Granados acerca del inolvidable poeta chileno Pablo Neruda.

PABLO NERUDA. EL REY MIDAS DE LA POESÍA
JOSÉ LUIS DÍAZ-GRANADOS
Collage Editores, Bogotá, 2016. 135 páginas.

El colombiano José Luis Díaz-Granados dice que este es un libro didáctico, enfocado en los jóvenes, para contarles quién fue el chileno ganador del Premio Nobel en 1971. Pero en realidad sus muchos años de frecuentar su obra, reunir materiales, anécdotas, entrevistas, acopiar testimonios, le permite darnos un perfil de este vate, viajero y enamoradizo, cónsul chileno en la remota Java (hoy Indonesia), siempre fiel a su amistad con la maestra Gabriela Mistral, amigo de Federico García Lorca, y quien padecería los horrores de la guerra civil española.

Pero los cerca de 40.000 versos que escribió con su infaltable tinta verde son su auténtica autobiografía, su peripecia de enamorado de dos muchachas, cuando en 1924 publica Veinte poemas de amor y una canción desesperada que ya desde entonces le dio una resonancia única, hasta cuando en 1950, luego de estar proscrito y clandestino, en su Chile natal, con barba y en mula, por culpa del dictador González Videla, saca a la luz Canto general, la épica enciclopedia de la América íntegra de lo precolombino, pasando por Miranda y Bolívar, hasta sátrapas y dictadores. Poesía de lucha y de combate, de pasiones adúlteras como su amor con Matilde Urrutia, escondidos en Capri de lo cual saldría primero anónimo sus Versos del capitán.

Viajaría por el mundo, en nombre de su partido, el comunista de Chile, y con Miguel Ángel Asturias, satisfacería su voraz apetito y su sed de vinos en Comiendo en Hungría (1968). También sus Odas elementales, de la alcachofa al caldillo de congrio, del diccionario a Ramón Gómez de la Serna u Oliverio Girondo es una cabal y prodigiosa enciclopedia del mundo y de los autores que había leído y amado.
Pero los deberes cívicos lo reclamaban: apoyó a su amigo Salvador Allende hasta conseguir la presidencia. Embajador en Francia, la muerte de Allende fue también la suya en septiembre 23 de 1973. La publicación póstuma de sus Memorias Confieso que he vivido (1974) da cuenta de esta vida tan errante a pesar de sus varias casas en Chile y que Díaz-Granados ha sabido resumir con humor y acierto.

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