La mala racha de los Juegos Olímpicos

Escándalos de dopaje, el zika, fallas en la construcción de la villa olímpica y el contexto político han empañado la realización de los primeros Juegos Olímpicos que se realizan en Suramérica.

“Algo que pueda ir mal, irá mal en el peor momento posible”. Así reza la Ley de Finagle y de la misma manera se ve en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. La tensión política y social, producto del aumento del costo de vida y escándalos de corrupción que incentivaron grandes protestas durante el Mundial de fútbol de 2014, no disminuyeron en estos dos años. Dilma Rouseff la presidenta de Brasil, se encuentra suspendida y en todo el país hay un escepticismo sobre el futuro político de Brasil.

Al difícil clima social se le sumó una crisis de salud pública, de la cual no solo fue víctima Brasil sino otros países de África, parte de Indonesia e incluso Colombia. El virus del zika, transmitido por el mismo mosquito portador del chikungunya y dengue, se propagó por la ciudades que están a menos de 2.200 metros sobre el nivel del mar, es decir, se esparció por casi toda la geografía brasileña.

Uno de los peligros del zika es que genera microcefalia. En febrero de este año había 4783 posibles casos de bebés que nacieron con el tamaño de la cabeza menor al normal, y en junio se confirmaron 1551.Esto motivó a que algunos deportistas como Adelina Gray, de Estados Unidos, tres veces campeona mundial, decidiera no asistir. Tampoco harán parte de los juegos la tenista Serena Williams ni la nadadora española Mireia Belmonte. Tampoco asistirá Jason Day, el mejor golfista del mundo en la actualidad.

Y mientras algunos atletas no participan en los Juegos por elección propia, otros dejan de hacerlo por sanción. A Brasil le correspondió ser sede del encuentro deportivo más importante del mundo justo en el marco de una de las sanciones por dopaje más drásticas de la historia. El equipo de atletismo de Rusia, alrededor de 68 atletas, fue vetado de los Juegos Olímpicos luego de que el Tribunal Arbitral del Deporte al concluir que el gobierno ruso desarrolló y patrocinó un sistema de dopaje para favorecer a sus deportistas.

Para completar el coctel de infortunios que rodean estos Juegos Olímpicos, los escenarios deportivos no han sido bien recibidos por los deportistas. En abril del año pasado, solo el 11% de las obras habían sido entregadas mientras que el 89% restante permanecía inconcluso. Desde entonces la incertidumbre no menguó y decenas de titulares de prensa se preguntaban si Río de Janeiro lograría cumplir las promesas.

Sin embargo, el 5 de julio, un mes antes de que comenzaran oficialmente los Juegos, el alcalde de la ciudad, Eduardo Paes, dio un parte de tranquilidad al afirmar que “la ciudad está 100% lista. Ya estamos en la etapa de limpieza final”. Pero seguramente el alcalde Paes calculó mal el tiempo que se demoraba esa “etapa de limpieza final”.

El 25 de julio, cuando la delegación australiana llegó a instalarse en la Villa Olímpica- el complejo hotelero de 31 edificios que hospeda a los atletas- Kitty Schiller, la jefa de la misión de Australia encontró que “el agua brotaba de las paredes, había un fuerte olor a gas en algunos apartamentos y como cables cruzados en el sistema de electricidad”. A los reclamos de Australia, cuya delegación decidió hospedarse en otro hotel, se sumaron Venezuela, Argentina y Suecia, esta última, también optó por alojarse en otro lugar.

Aunque la inauguración oficial se lleva a cabo el 5 de agosto, los primeros encuentros deportivos ya comenzaron. La selección sueca de fútbol femenino derrotó 1-0 a Sur África; y Brasil superó 3-0 a China. El inicio de los Juegos podría ser el bálsamo necesario para eludir el infortunio que los ha precedido, dejar a un lado uno y otro los distintos obstáculos para comenzar a hablar, al fin, de los atletas, el deporte y las medallas.

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