Rodrigo y Gabriela: el rock no necesita batería

Rodrigo y Gabriela son de los pocos músicos que logran romper paradigmas en la actualidad. Con dos guitarras acústicas han conquistado a las audiencias más radicales del rock y podrían presumir de haberse inventado una nueva técnica instrumental.

El próximo 8 de mayo este dúo mexicano se presentará en Bogotá.

Su música es digerible para los oídos menos exigentes, al mismo tiempo que cumple con los estándares de los eruditos, incluso seguidores del jazz, quienes los odian o los aman, pero difícilmente los ignoran. Son un grupo que despierta curiosidad y respeto, de esos que los otros artistas quieren ver en vivo para descifrar la receta de su éxito mundial y en tan variados espectros musicales.

El próximo 8 de mayo estarán por primera vez en Colombia. En junio ya está agotada su presentación en el Madison Square Garden de Nueva York, donde compartirán escenario con los legendarios The Stone Roses, aunque sin ellos ya habían logrado agotar boletas en otro lugar clásico, el Radio City Music Hall, hace cinco años. Recorrerán Europa y Estados Unidos e irán hasta Japón, en una gira en la que los destinos nuevos de estos latinos son los de su propia tierra, América Latina, pues en el resto del mundo ya los conocen bien. De hecho, son tan populares que han tocado para el presidente Barack Obama y han participado en bandas sonoras de producciones cinematográficas como Los Piratas del Caribe y Shrek.

Ya en sus cuarentas, estos mexicanos de la capital cuentan una historia musical que empezó a finales de los 80 cuando, como muchos jóvenes de la época, quisieron tener una banda de metal, influenciados por Led Zeppelin, Metallica y Slayer, pero no obtuvieron ningún éxito. Su convicción los llevó a no desfallecer y luego de moverse a la ciudad costera de Ixtapa, donde parte de su paga por tocar en un hotel era una habitación y comida, decidieron irse del país e hicieron dos promesas: solo se dedicarían a hacer música y no volverían a México.

El destino fue Irlanda, donde tuvieron que hacer lo que en otras latitudes es normal y en América Latina no está muy bien visto: tocar en la calle. Para su viaje tuvieron que adaptarse a las guitarras acústicas pues representaban equipaje ligero a diferencia de las eléctricas, que sumaban kilos de más para atravesar el océano. No obstante, sus mentes siempre se imaginaban en una banda de rock, algo que Gabriela materializó en pequeños golpes a la guitarra mientras tocaba, una técnica a veces confundida con el flamenco pero que destacados músicos han clasificado como nueva.

Entre los fanáticos de Rodrigo y Gabriela se encuentran el jazzista Al Di Meola y Peter Gabriel, quienes, junto con otras figuras como Alex Skolnick de Testament y Robert Trujillo de Metallica confiesan su admiración en un documental sobre la banda llamado For those about to rock: Rodrigo y Gabriela.

Los mexicanos también vivieron un tiempo en Barcelona, donde se dejaron seducir por las guitarras flamencas, pero fue en Dublin donde dieron el salto de músicos de la calle y bares a dar conciertos de ellos solos. Esto ocurrió gracias al impulso que les dio Damien Rice de invitarlos a un concierto como teloneros y darse cuenta de su potencial en la industria musical a pesar de ser instrumentales, una rareza aún hoy en día, cuando difícilmente se ven en tarimas de festivales a grupos que no tengan vocalistas.

A estas alturas, Rodrigo y Gabriela ya han pasado varias veces por el festival Glastonbury en el Reino Unido y por otros cuantos alrededor del mundo de rock y de jazz y, cuando hicieron sus primeros conciertos en México pocos sabían de su éxito en el exterior, pero los rumores se expandieron y poco a poco les prestaron mayor atención en su país.

En el Vive Latino de 2010, el escenario de su presentación justo se veía desde los corredores de los camerinos de los artistas importantes latinos, comúnmente vacíos, pues por lo general permanecen encerrados antes y después de sus presentaciones. Llegada la hora del concierto de la pareja de guitarristas, las puertas se abrieron y Rodrigo y Gabriela tuvieron como espectadores a la crema y nata del rock en español. Las adulaciones abundaron, pues no es fácil para un músico llenar el espectro sonoro de un auditorio al aire libre y ellos lo hicieron sin problema con tan solo con dos guitarras electroacústicas.

Bogotá será testigo de un concierto de estos mexicanos que cumplieron su promesa de dedicarse 100 por ciento a la música y ahora ven los frutos, dándose el lujo de decir que su éxito se debe a que su propuesta es diferente porque así lo es.

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