Son of Saul: la historia de un padre que busca enterrar a su hijo

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El Holocausto es el eje conductor de esta película húngara nominada al Oscar en la categoría Película en lengua extranjera.

Son of Saul, del director húngaro László Nemes, ha sido considerada por la crítica una de las obras maestras del último año. Recibió honores en Cannes y llevó el Globo de Oro a la Mejor película en lengua extranjera.

El tema del Holocausto, que por supuesto no es nada fácil, ha sido tratado en el cine de mil maneras: las sutiles y las crudas, las coloridas y las de los días más grises, a través de los ojos de un niño, de un padre, de una familia, de los abogados, de los perpetradores, de los héroes, de los herederos, de los diferentes países, de las miles de víctimas que padecieron este horror: la sensación de impotencia y desolación al dejar la sala siempre es igual.

Pues bien, este filme abre de nuevo esa herida que ya empezaba a sanar como humanidad, una herida que parece estar cumpliendo el destino del Sísifo y que ya en este siglo sigue marcando nuestros pasos cuando vemos que algo semejante puede fraguarse.

En los ojos de László Nemes se ha hecho esta tarea. Son of Saul es el primer largometraje de este director húngaro criado en Francia. Nemes nos muestra una historia para muchos desconocida: la de los trabajadores judíos en los campos de concentración obligados a someter a su propio pueblo.

Ellos, los “sonderkommando”, vivían pocos meses (3 ó 4) más que los otros pero en un calvario interminable mientras limpiaban las cámaras de gas y los crematorios, obligados a todas las tareas que acarreaba esa debacle: seleccionar la ropa, deshacerse de los cadáveres, extraer el oro de los cuerpos… entre otras aberrantes e inhumanas labores.

Nemes maneja magistralmente el recurso de cámara en travelling y un desenfoque perfectamente manejado para no perder la sensación que permite al espectador sentirse ahogado en ese ambiente. A esto se suma el sonido perfecto en el que oír permite ver e imaginar.

Son of Saul es una cinta difícil de ver. Narra la congoja de un personaje que durante varias horas intenta encontrar un rabino que lo ayude a enterrar a ¨ su hijo¨ , y en ese proceso se rebela y desbarata muchas cadenas sin quitarse el grillete: una acción que lleva a arriesgar a los vivos para enterrar a un muerto.

Sobre los hombros del actor Géza Röhrig recae la responsabilidad de ser Saúl. Este actor llevaba 20 años sin hacer una película, pero la carga emocional y su historia familiar –igual que la del director- sumada en este guión lo llevaron a aceptar. En su rostro se dibujan los sentimientos de la película y el plano corto elegido por el director va de la mano de sus expresiones.
Es una agonía, un viaje al pasado como en una cámara del tiempo, cuyo efecto no disminuye si usted va avisado de la temática: estará atado a esa silla casi sin poder respirar.

Aún no sabemos si ese realismo casi perfecto es un poder o un arma de doble filo en esta historia. Lo que sí es claro es que Son of Saul es una de las competidoras más fuertes que tiene la película colombiana El abrazo de la serpiente en la categoría de Película Extranjera. Un gran filme con un sinsabor asegurado.

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