The Flaming Lips, la joya psicodélica del Estéreo Picnic

Por primera vez, este espectáculo será visto en Colombia el sábado 12 de marzo a las 8:00 p.m. en el Festival Estéreo Picnic.

De un tiempo para acá, Miley Cyrus parece ser la mejor amiga de Wayne Coyne, líder de The Flaming Lips, una relación que ha logrado que la celebridad empiece a ser respetada como una artista seria, pues no cualquiera corre con la suerte de gustarles a estos estadounidenses lo suficiente para que respalden una carrera artística y, menos aún, participen de lleno en un álbum colaborativo.

Los Flaming Lips son una leyenda viva en Estados Unidos y su reputación como artistas vale oro. A lo largo de su carrera, han hecho selectivas colaboraciones con agrupaciones vanguardistas como Neon Indian o Stardeath and White Dwarfs y con otros músicos como Nick Cave o Henry Rollins; e incluso jugaron el rol de ser la banda de Beck en su gira ‘SeaChange’ en 2002, cuando también fueron los teloneros del reconocido compositor y multi instrumentista. Cuatro de sus quince producciones son tributos a álbumes de otras bandas -King Crimson, Stone Roses, Pink Floyd y The Beatles, respectivamente-, con un campo de acción con pocos límites y lleno de creatividad.

A pesar de ser caracterizados por la psicodelia y lo experimental, muchas veces nada fácil de digerir para el público, son escuchados por multitudes. Son héroes en el estado de Oklahoma, su tierra natal, donde los ciudadanos en 2009 escogieron su canción ‘Do you realize?’ como himno rock por votación popular.

El éxito de esta banda y el respeto que evoca no puede explicarse en un solo factor, sino en un conjunto de cosas que abarcan desde su independencia artística hasta los efectos de su música en sus seguidores.

“Yo no me considero un músico, no entiendo cómo la música funciona verdaderamente. Para mí está en el ámbito de la magia. La música de los Flaming Lips realmente afecta a las personas y no es porque seamos muy inteligentes o maravillosos, pero si podemos salir con algo que realmente afecte a la gente, para mí tenemos una obligación de hacerlo funcionar”, explica Wayne Coyne.

Y Coyne se esmera en cada concierto porque la gente tenga una experiencia inolvidable. Títeres, disfraces e inflables con formas de hongos, arcoíris, planetas, estrellas; y pelotas de colores acompañan cada presentación, además de su infaltable caminata encima del público, encerrado en una esfera transparente, uno de los momentos más esperados por los fanáticos. Su proceso creativo empieza de forma introvertida y luego confiesa que enciende una especie de botón para permitir que todo salga hacia el público para empezar la fiesta. “Mucha de la gente que se concibe como artista tiene ese dilema del lugar de la diversión en la música. Yo no lo tengo. Pienso que somos gente muy optimista y es nuestra aventura. Si no la hacemos divertida, no será divertida”, dice.

La banda también se esmera por entregar a sus seguidores propuestas artísticas en cada nueva producción. En uno de sus álbumes colaborativos, ‘The Flaming Lips and Heady Fwends’, lanzado como edición especial en el Record Store Day de 2012, el ingrediente excéntrico de unas copias de los vinilos de este limitado tiraje fue un poco de la sangre de algunos los colaboradores. Yoko Ono, Prefuse 73, Tame Impala, Bon Iver y Erykah Badú, entre otros, no tuvieron problema en donar unas gotas para la causa y meterlas en el congelador del cantante. Antes de eso, ya habían vendido su música en memorias USB, empacadas en gomas comestibles con forma de fetos y calaveras.

Además de sus producciones discográficas y conciertos, el grupo complementa sus trabajo con experimentos sonoros. En 1996, Coyne convocó en un parqueadero a treinta personas con sus automóviles, a quienes les entregó un casete. La idea, planeada meticulosamente, era lograr una armonía compuesta por las treinta cintas, reproducidas al mismo tiempo, un trabajo de coordinación colectiva que repetiría en varias ocasiones y resultaría en el álbum Zareeka, una caja de cuatro CDs (posteriormente re editados como vinilos) que debían ser puestos simultáneamente en cuatro distintos reproductores para lograr escuchar las canciones con todos sus componentes musicales.

Otra curiosidad que rodea a los Flaming Lips es que todas las rarezas y excentricidades están bajo la cobija de una gran casa discográfica, a pesar de salirse de cualquier formato tradicional o comercial. “Creo que la forma en la que hicimos el trato con Warner Brothers (1990) fue hacer algo que funcionara para nosotros. No exigimos mucho dinero… Muchas bandas pensaron que los grandes sellos debían darles toneladas de dinero y luego ‘de malas’, pero nosotros nunca pensamos que eso fuera una buena idea, ni vimos cómo eso podría funcionar”, explica Coyne.

Aquel trato, que renovaron hace cuatro años, siempre les ha permitido tener el control creativo total sobre sus obras y ha sido un gana-gana con Warner. “Nunca estuvimos mucho en deuda con el sello, y ahora ni siquiera necesitamos dinero de ellos”, dice el cantante, quien está convencido de que es un afortunado. “Me levanto y solo tengo que hacer las cosas que me gustan, todos los días. Cuando haces lo que amas todo el tiempo no es como ‘trabajo’, no lo veo así. Mi día perfecto es levantarme, hacer algo de música, de pintura, tener sexo, consumir algo de drogas, hablar con mis amigos, dormir y hacerlo de nuevo. Soy la persona con más suerte en el mundo entero al poder hacer música y arte”, concluye.

El espectáculo de The Flaming Lips se podrá ver por primera vez en Colombia en el próximo Festival Estéreo Picnic.

Articulos Relacionados

  • Calvin Klein deslumbró en la Semana de la Moda de Nueva York
  • Las 5 peores películas basadas en videojuegos
  • Rock, Vallenato, y Plancha: el playlist de Maía
  • Galería: Estos son los ganadores del Wildlife Photographer of the Year 2018