Entrevista a Piedad Bonnett: 26 años de poesía reunida

Revista Diners conversó con la poeta Piedad Bonnett con motivo del lanzamiento de su libro “Poesía Reunida”, una antología de 26 años de escritura.

Pocas cosas que no se hayan dicho ya, se pueden decir de Piedad Bonnett (Amalfi, Antioquia, 1951), quien desde hace 26 años ha publicado ocho libros de poemas, y hoy ve la luz toda su poesía reunida (Editorial Lumen), en una edición de lujo. Sus poemas —íntimos, metafóricos, dolorosos— hablan de más de un cuarto de siglo de producción literaria, más que prolífica, intensa. Después de tantos años de escritura, sus obras se han vuelto “más reflexivas”, como dice ella misma, y en cada verso hay mucho de su evolución vital. Ya llegó a ese punto en el que no siente miedo de “quedarse vacía”.

Aparece recurrentemente una casona de puertas grandes y aldabas en sus primeros poemas ¿hace referencia a algo en específico?
Durante un tiempo, porque en los últimos libros desaparece. Yo estuve muy obsesionada con mi casa de la infancia, porque yo salí a los siete años de mi pueblo, de Amalfi, y claro, un niño tiene en la memoria percepciones distorsionadas, entonces en mi memoria era una casa gigantesca donde pasó lo más importante de mi vida.

Como pasa con todos los humanos, lo que pasa en la infancia es la revelación del mundo. Yo tenía recuerdos de esa casa y me valí de ese tema para hacer mucha poesía de carácter metafórico, es decir, no me refería a esa casa, sino que la casa es el sitio donde uno tiene cobijo, donde uno está amparado, donde están los que quiere; el mundo de afuera es hostil, la tentación es refugiarse en la casa.

Con el paso del tiempo (y de los libros) sus poemas tienden a volverse prosa poética, o más descriptivos ¿es por algo en particular?
No he escrito propiamente prosa poética. Ahora sí, el que estoy escribiendo tiene poemas en prosa. No creo que esa sea la evolución, pero sí ha cambiado el tono. De pronto antes había un lirismo más acusado, y ahora la poesía se hace más sentenciosa en los últimos libros.

Tal vez son las influencias de las lecturas. Yo leo mucha poesía norteamericana, que tiene mucho ese tipo de verso, y la literatura centroeuropea, Wisława Szymborska, poetas polacos, entonces esas lecturas probablemente han influido en mi música, en la música de mi poesía; y segundo, también mi propia evolución vital me ha acercado al pensamiento reflexivo, no diría que a la filosofía porque eso es muy pretensioso, pero sí diría que mi poesía se acerca mucho a la reflexión pausada, porque he tenido muchos dolores, he tenido que hacer renuncias, he tenido pérdidas, y eso lo vuelve a uno más introspectivo, más sereno, menos efusivo.

¿Escribió siempre verso libre?
Sí. Tal vez en la adolescencia trataba de rimar, de hacer endecasílabos. Por ahí tengo dos o tres experimentos a lo largo del libro que tienen rimas internas. Pero básicamente el verso libre es lo que creo que es mejor para la poesía contemporánea.

¿Por qué comenzar por el verso libre y no por sonetos o sextetos?
Porque la poesía se hace más coloquial, y porque la música que se está tratando de buscar es la música del habla, la música de la lengua. También se va llenando de poesías más pedestres, ya deja de estar en ese pedestal, en divinización durante muchos años estuvo y todavía la gente sigue siendo así. Creo que le conviene más esa música. Lo otro es que necesita de mucha destreza, pero no siempre la destreza es igual a calidad poética; hay gente como Quevedo, que es capaz de hacer sonetos perfectos y además hacer buena poesía, pero muchas veces lo que encontramos son versificadores, que son muy diestros a la hora de rimar pero que la poesía se les escapa. Yo prefiero buscar esos matices que da el verso libre, que nos acerca a la música de la prosa.

Borges recomendaba a los escritores jóvenes que comenzaran en lo poesía por los sonetos, o por tipos de poesía con forma predefinida, y que se dediquen a llenar rimas, ¿cree que es mejor comenzar por ahí?
Sí, y yo en mis talleres los hacía escribir endecasílabos, alejandrinos, para que se familiaricen con los ritmos tradicionales de la poesía, y para que vean lo difícil que es. Es una tarea compleja. Pero creo que por ahora lo que estamos leyendo siempre es el verso libre.

¿Hay algún estilo de poesía que no haya experimentado (escrito o publicado) que quiera hacerlo?
Tal vez explorar el poema en prosa, pero no mucho, porque cuando yo me pongo a leer poesía, a mí me gusta es el verso, a mí la prosa me aburre. Entonces solamente pequeños experimentos. Me interesa siempre es buscar mi propia voz, no me interesa el haiku. No me interesa nada con una forma que venga de afuera. Me interesa buscar en mi interior, buscar la forma que le convienen a lo que estoy diciendo.

¿Cuál es el estilo o la forma de poesía colombiana?
Creo que aquí hay voces muy diversas. Tenemos poesía coloquial, prosaica, que es la de los nadaístas, y ahí podríamos meter también a Juan Gustavo Cobo. Hay como una línea de toda esa naturaleza. Hay una línea muy lírica, que es la de Giovanni Quessep, que es más etérea, más influida por la poesía clásica, y hay también una poesía con resonancias políticas, y más influencias surrealistas, que es como la de Juan Manuel Roca. Entonces podemos encontrar muchas vertientes, pero no creo que podamos encontrar una poesía colombiana, lo único que diría de la poesía colombiana es que no es especialmente experimental, que nosotros somos más conservadores a la hora de escribir, a diferencia de otros países, como Argentina, por ejemplo.

Es inevitable encontrar poemas que, de alguna forma, hagan referencia a la violencia que ha vivido el país, ¿cree que ese tema es de cierta forma obligado (consciente o inconscientemente) para todos los escritores colombianos?
En todas las épocas hay poetas que se sustraen a esos temas, como por naturaleza. Yo, por ejemplo, no diría que Giovanni Quessep esté muy relacionado con eso. Entonces hay poetas que pueden transitar por caminos paralelos a los de la realidad histórica, y son mundos legítimos también, porque nadie está obligado a escribir de nada. Pero creo que en este país lo normal es que nos conmocionemos por lo político, por lo histórico, por la violencia, que la tendencia sea a tratar de plasmar algo de eso. Yo me considero dentro de esa gente, aunque mi mundo en general es más íntimo, yo no puedo sustraerme a eso, y me interesa mucho esa parte. Lo que pasa es que la novela es más propicia para aproximarse a esos mundos, pero con la poesía hay que saber hacerlo para no caer en el panfleto.

La poesía, a diferencia de la narrativa, no es algo que tenga que escribirse todos los días, ni exige un hilo de conducción. En ese caso ¿cómo es el proceso de creación? ¿Cómo es, en este caso, la disciplina?
A veces me ha cogido un especie de fiebre en que vivía en función de esa escritura casi compulsivamente (me refiero a los primeros libros), entonces escribía mucho, y muy rápido. Pero eso ha ido cambiando con el tiempo, tal vez porque también tengo muchos otros oficios, entonces mientras estoy escribiendo una novela, por ejemplo, la poesía fluye mucho más lento, porque mi cabeza está ocupada en dos registros de lenguaje muy distintos. Cuando viajo, en los aviones, se me ocurren poemas, y tengo apuntes en una libreta, hago como unos calentamientos, leo como por una hora, y ya con el poema en la cabeza, me siento a escribir. En este momento de la vida pueden pasar muchas semanas en que yo no escribo un poema, y puede haber semanas en que escribo dos poemas en un día.

He perdido mucho la rutina de escritura creativa. Ahora estoy escribiendo una novela y un libro de poemas, entonces digo “esta noche voy a escribir ese poema”, o “esta tarde voy a sentarme a escribir en la novela”. Eso es porque ya no tengo prisa ni tengo miedo de quedarme vacía.

Entonces ¿la velocidad es enemiga de la poesía?
Yo creo que sí. Bueno, no hay leyes. De pronto uno tiene el poema completo en la cabeza y sale muy rápido. Creo que en general los procesos de creación necesitan tiempo, lentitud. Le gente cree que el trabajo del poema se da solo sobre el papel, y no, eso se gesta lentamente en la cabeza, y hay que estar conectado con una parte de uno mismo que tiene que ver con lo poético que hay en el mundo, y de pronto, en el momento ya de hacer lo poesía, lo que se necesita es concentración y paciencia. Depende también de cómo emerge de uno, porque la poesía es muy mágica, muy subconsciente, la poesía asocia cosas más allá del dominio que uno tiene.

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