¿Quién es Elena Ferrante?

Poco se sabe o se conoce de Elena Ferrante, una autora que se ha convertido en un éxito editorial y cuya identidad sigue siendo un misterio para el mundo literario.

El fenómeno de la escritora italiana, Elena Ferrante, autora de tres novelas cortas compiladas en “Las crónicas del desamor”, un libro de ensayo y una novela en serie de cuatro tomos, es literalmente descrito como una posesión viral, la #FiebreFerrante. Ganadora de varios premios, con dos novelas adaptadas al cine y reconocida por la vehemencia de su anonimato, la publicación de las traducciones al inglés, especialmente de su novela seriada, “Las dos amigas” conocida también como la serie napolitana, catapultó su éxito al estatus de culto.

Más allá de los elogios intelectuales de la crítica y la prensa mundial, las novelas de Ferrante tienen un no sé que que estimula de manera equitativa el morbo y el placer. La narración envicia como una telenovela, la calidad de la escritura y sus temáticas dan para un phD en literatura, sociología y estudios de genero.

El nivel de drama es tan alto como el nivel de redención. El sentimiento es parecido al que generó la Trilogía Milenio de Stieg Larsson, pero en vez de thrillers esta autora escribe ficción literaria sobre universos femeninos. ¿En qué consiste su poder de seducción?

Un poco escéptica ante tantos halagos, yo empecé con “Las dos amigas”. Cada tomo es de más de 400 páginas. Me devoré las tres primeras, “La amiga estupenda”, “Un mal nombre”, y “Las deudas del cuerpo”, y me convertí en una adoradora. Hasta me conseguí “La niña perdida”el último tomo por adelantado con la editorial en inglés.

Leí todo lo que escribió y todo lo que encontré sobre quién era, ya que después de más de veinte años publicando en Italia, nadie sabe a ciencia cierta ni su verdadero nombre. Hasta han hecho pruebas con algoritmos para ver si se trata de otro autor reconocido.

El anonimato, en tiempos en los que la fama se asocia con exposición pública sin límites, es una propuesta artística valiente y una estrategia de marketing desafiante. En una entrevista que le hizo el periódico The New York Times en diciembre del 2014, ella misma lo describe como un elemento que hace parte de la mística de su obra, “La ausencia estructural del autor afecta la escritura de una manera que me gustaría seguir explorando”, declaró. No en vano la narradora de “Las dos amigas”, también se llama Elena.

Su obra hace un uso majestuoso del narrador en primer persona. Describe con un lenguaje cándido y directo a las mujeres en sus roles como parejas, como madres, como profesionales y ante todo, como individuos llenos de contradicciones en una sociedad vertiginosa y mutante.

Las protagonistas nos hablan de tu a tu, con un tono confidencial, que genera empatía y conexión. Temas recurrentes en su obra como la vergüenza, el abandono y la sumisión de clase y de genero son abordados con gran maestría en testimonios que hacen de las micro-experiencias filosofías de supervivencia.

Sus novelas, especialmente “Las dos amigas”, están cargadas de acción, ganchos narrativos y personajes secundarios. Los finales de cada tomo generan expectativa y síndrome de abstinencia. Pasa mucho como en toda buena épica. Las heroínas se equivocan, caen y vuelven a caer, son imperfectas y a veces mezquinas. El panorama es complejo pero las narradoras son honestas hasta con sus propios prejuicios.

La historia de cuarenta años de amistad entre dos mujeres de bajos recursos desnuda el viejo dilema “belleza versus inteligencia” como mecanismos de ascenso social. La serie napolitana pone en evidencia la capacidad de apoyar y de soportar, la magia de la culpa como motor para educarse, para salir adelante, para criar a los hijos; el poder liberador de confesar la sombra, los pensamientos oscuros, el extrañamiento ante seres queridos.

Y ante todo, explora a profundidad lo que es el amor entre mujeres, entre amigas, entre madres e hijas, entre vecinas, colegas. El amor femenino que toma la forma de solidaridad, lealtad, compromiso, competencia, y recriminación. El esfuerzo constante de las mujeres por integrar sus partes, superarse a si mismas, y utilizar a otras de espejo.

Sus dos grandes protagonistas son la ciudad y el abandono. Nápoles, como la única constante, descrita en sus multiples caras, como un ejemplo del siglo XX con todos sus dilemas: su afán de progreso, las inercias a tradiciones familiares, la fragmentación de los trabajadores y sus anhelos, la desaparición de los barrios, las maquinarias violentas de pertenencia y exclusión.

Una ciudad en alto voltaje donde el abandono no sólo es de los que se van, también de los que desaparecen, de los que se quedan, de los amores, de los recuerdos, de las madres que desilusionan y los padres que engañan, de las hijas que no siguen las reglas, de las expectativas sobre si mismo y los otros. El abandono se muestra como una liberación, una forma de pasar la página, de no mirar atrás.

La escritura de Ferrante se sustenta en la cualidad redentora de las emociones, sin importar su carácter. No justifica. Enuncia en el relato a la multiplicidad de sensaciones dentro de cada individuo y cada una tiene la oportunidad ecuánime de declarar. Sea pasión, resignación o profunda tristeza, en tono de confesión o de comparación, la vulnerabilidad y los errores se viven y se relatan con la misma belleza que el éxito y el enamoramiento.

Leer estas novelas me ha hecho agradecer mis amistades femeninas. Con mis amigas del kinder, no hemos compartidos novios ni hijos, pero sí ese tipo de lealtad profunda y compleja con nuestras luchas, anhelos, éxitos y diferencias. Crecer y cambiar con la certeza de que están ahí, lejos o cerca, pero ahí, me ha dado multiples alegrías y me ha devuelto muchas veces la fé en la humanidad.

Como mujer nunca me había conectado con una historia, con esa sensación gutural que me dice que gracias a lo que esta escrito puedo reconocer ciertas cosas que antes me hubieran parecido impronunciables. Es como si está historia cargada de apoyos violentos, corazones suturados y recompuestos con cintas de colores, y amistades profundas, competitivas y algo sanguinarias, me hubiera tocado la fibra de los secretos, las cosas que me oculto a mi misma.

Ferrante me mostró que la vergüenza sobre cierto tipo de sentimientos y pensamientos es más universal de lo que yo creía. También que la solidaridad femenina en sus multiples caras es invaluable y que la buena literatura puede tocar la fibra de una manera contundente, contagiosa y amena.

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