¿A qué se debe el éxito imparable de las series españolas?

La ficción española en televisión se encuentra en su mejor momento. Diners habló con los creadores de Velvet, El Internado y otras producciones de calidad que dan hoy la vuelta al mundo.

El medio televisivo español ha comenzado a creerse, después de muchos años negando lo evidente, que sus producciones son de primer nivel. La reciente ola de éxito comenzó probablemente en 2007 con El Internado, thriller de suspense sobre la vida en un sobrecogedor centro para jóvenes desamparados. Aquel fue un acierto de la productora Globomedia, un gigante local, que fue testigo de la rápida internacionalización de la serie. Europa del Este, México, Francia y Perú, entre otros, han registrado envidiables audiencias cuando El Internado se emitía en sus hogares.

En ese tiempo, el boom de las series americanas había dejado de ser tal para convertirse en una constante. La televisión de primer nivel ya competía, como lo ha venido haciendo desde principios de este milenio, con el buen cine. En España, mientras tanto, no llegaban a creérselo, aunque seguían confiando en su producto, como se demostró en 2011. Entonces, Globomedia repitió fórmula con El barco, una ficción sobre un mundo apocalíptico, cuyos supervivientes conviven en un barco, con toda la tensión que ello supone y el juego que permite aportar a los guionistas. Para asegurarse una buena porción de share, la serie contó entre los protagonistas con dos de las caras más conocidas entre la España juvenil: Mario Casas y Blanca Suárez.

El acelerón de Globomedia encontró en Bambú, una productora familiar, una réplica evidente. Teresa Fernández-Valdés, considerada recientemente por The Hollywood Reporter como una de las 5 showrunners más importantes de Europa, fundó Bambú junto a Ramón Campos, director creativo de las producciones y su compañero en la vida. La pareja de gallegos se decidió a triunfar en el mundo televisivo, y vaya si lo ha logrado. Después de algunos experimentos más que potables, Bambú se plantó en lo más alto con Gran Hotel, que, como sus competidores, concentra romance, misterio, un entorno propicio para los hechos inexplicables, y una dupla de jóvenes en la cumbre – Yon González y Amaia Salamanca – en su receta.

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Con Gran Hotel, el impacto internacional se volvió costumbre. Reino Unido, Rusia, Alemania y América Latina, e incluso Los Estados Unidos (tanto en cable como en Netflix) programaron la serie (o aún lo hacen). Este fue, además, el preludio de un éxito incontestable para Bambú producciones (y de nuevo, como en todos los casos mencionados, contratada en España por Antena 3, la cadena líder en la apuesta por ficción de calidad): En 2014 llegó Velvet.

Extraño será que el nombre de esta nueva – relativamente; ya rueda su tercera temporada – producción no les diga nada. Velvet se ha convertido en el último fenómeno de la televisión española, y en la confirmación de un éxito anunciado a los cuatro costados. De nuevo, dos figuras locales (Miguel Ángel Silvestre y Paula Echevarría) encabezan un elenco esta vez numeroso, y que cuenta con la participación de la colombiana más española, Juana Acosta. De nuevo, éxito internacional casi inmediato, y de nuevo interés de Netflix y grandes distribuidoras del género.

Lo que pasó con El Internado, El Barco y Gran Hotel es hoy una realidad con Velvet, aunque no todo lo que llega de España al continente americano es bueno. Lo que parece inevitable es que año tras año se engrose la lista de series made in Spain con calidad suficiente como para competir con las grandes producciones del mundo anglosajón. Una producción generosa – Velvet cuesta más de seiscientos mil dólares por capítulo -, actores de primer nivel, y una trama adictiva son sin duda elementos fundamentales para el éxito. Pero, ¿Cómo se logra todo esto?

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Para responder a esta pregunta, y conocer las entrañas del mundo televisivo español, hablamos con tres maestros de la materia: Laura Belloso, creadora y productora de numerosas series de éxito, incluída El Internado; Mariano Baselga, co-productor de la famosa serie, está casado con Laura, y comparte con ella guiones y producciones en A3Media, la productora de Antena 3. Junto a ellos, hablamos con Ramón Campos, fundador de Bambú Producciones, y padre de Velvet, Gran Hotel y The Refugee, su última creación, producida de la mano de la BBC.

Pasando por el género policíaco (Guante Blanco) o el thriller de investigación, empezando por El Internado, considerada como una de las mejores series españolas del último medio siglo, y después siguieron El Barco y melodramas como Velvet, entre otras, ¿Dónde ha encontrado A3Media la clave del éxito?

Mariano: Las claves del éxito de la ficción de A3Media son varias: En primer lugar está la apuesta decidida por la ficción nacional como seña de identidad de su principal canal, Antena 3. En segundo lugar, el trabajo del equipo liderado por Sonia Martínez, muy riguroso, se basa en la confianza en las productoras y los creativos que tenemos que sacar adelante los proyectos. Por último, está su espíritu renovador e innovador, que es evidente. Las series que hacemos hoy en día no tienen nada que ver con las que hacíamos hace unos años.

De EEUU a Rusia, pasando por Francia, hasta México y Colombia, han comprado y emitido grandes éxitos de la cadena. El Barco y Gran Hotel, por ejemplo, son distribuidas por Netflix en todo el continente americano. ¿Se concibieron estas series con el fin de exportarse?

Laura: La lucha por la supervivencia en el prime-time es tan exigente, que casi todos los esfuerzos se centran en triunfar a nivel local. Además, lo primero que preguntan los posibles compradores son los datos de audiencia. Sólo interesan los éxitos. Esto no quita que cada vez se aborden conceptos más ambiciosos y se busque una factura visual que nos permita competir fuera.

Ramón: Así es. Nosotros (Bambú) en un primer momento creamos las series para nuestro mercado. De nada sirve tener una serie muy interesante para el mercado internacional si no funciona en España. Después de triunfar a nivel local, sí intentamos que las series que creamos tengan elementos que le ayuden al recorrido internacional. Pero no es algo que nos obsesione.

¿Se han homogeneizado los gustos televisivos hasta el punto que los espectadores de todos los rincones del mundo quieren ver lo mismo?

Ramón: Yo creo que las historias son universales. Al final siempre contamos las mismas con diferentes matices. El amor, el odio, la ambición, los sueños cumplidos o incumplidos, la esperanza… son emociones que todos entendemos y compartimos. Además, nadie se extraña de que una novela sudafricana pueda tener éxito en Colombia o de que una película china tenga éxito en España. ¿Por qué habría de ser distinto con la ficción televisiva?

Mariano: Es cierto que una serie puede llegar a ser un éxito en sitios tan lejanos como Colombia, Turquía o Finlandia, pero a la vez hay mucha diversidad. ¿En qué se parecen las dos triunfadoras de los Emmys (Juego de Tronos y Veep)? ¿O Modern Family y cualquier serie de David Simon? Lo que sí es una evidencia es que los gustos de los espectadores no vienen marcados por su lugar de origen sino por sus referentes culturales, y estos son cada vez más globales.

Laura, usted reconocía en una entrevista reciente que la estética de El Internado se inspiró en Harry Potter. ¿Cómo han influido las historias británicas y americanas a ambientar y crear las producciones de la cadena?

Laura: Las producciones americanas y británicas son claramente el espejo en el que todos nos miramos, tanto por su abrumador volumen de producción, su capacidad financiera, su diversidad, y por supuesto, por su calidad. Y lo queramos o no, Star Wars, Harry Potter o Los Simpson son hoy en día referentes culturales mucho más claros para nosotros que El Quijote, por ejemplo.

Ramón: Somos hijos de la ficción británica, estadounidense y sudamericana. Aunque ahora tenemos acceso a series de casi todos los países, cuando nosotros empezamos en este negocio, tal acceso era imposible. Las series que nos llegaban eran británicas, estadounidenses o sudamericanas. Quizás por eso nuestras series tienen esa mezcla tan clara entre el melodrama de la telenovela, el look británico y el ritmo yanquee.

Velvet es una de las series con mayor éxito fuera de España. Su ambientación y banda sonora, por ejemplo, tienen un aire anglosajón, aunque la historia transcurra en Madrid. ¿Afecta esto a cómo percibe la serie el público español?

Ramón: Velvet es un cuento, como tal se desarrolla en un universo paralelo y desde el principio marcamos ese pacto de lectura con el espectador. Para que se haga una idea, el primer capítulo de la serie arranca en Madrid en 1939, último año de la guerra civil española, pero en nuestra serie la Gran Vía madrileña es una calle bulliciosa donde la gente está de compras. Nadie habla de política. No queríamos hacer una serie histórica y esa era la apuesta. El tono anglosajón fue una decisión diferenciadora. Queríamos hacer una comedia romántica al estilo de las de los años 50-60 americanas y para llevar al espectador a ese lugar eran necesarios esos elementos. El edificio de Velvet está inspirado en el edificio Chrysler de Nueva York. La moda está un paso por delante de la que podía verse en España, pero al final lo importante es que las bases del mundo que creas sean coherentes. No hace falta meter dragones en una serie para crear un universo ficticio.

Mariano: El público acepta el código. Todo el mundo es consciente de que la serie no pretende recrear una época en clave realista (como puede ser el caso de Cuéntame, serie de gran éxito sobre los tiempos de Franco en España) sino esteticista. Y la serie entra por los ojos.

Ramón, ¿Qué le viene a la cabeza cuando piensa que un distribuidor líder en contenidos online como Netflix quiere distribuir sus series en todo el continente americano?

Ramón: Es un orgullo que una plataforma como Netflix haya confiado en las series de Bambú para incluirlas en su catálogo. Gracias a ellos estamos llegando a lugares a los que nunca soñamos que podríamos acceder. Esto demuestra, además, que los contenidos son la clave. Da igual la forma de hacérselos llegar al espectador (televisión convencional, de pago, plataformas online…); si algo gusta, los espectadores lo consumen.

¿Dónde pueden mejorar aún las series españolas frente a las británicas o americanas? ¿Tienen ellos mejores o peores actores, productores, y directores?

Laura: El problema son los presupuestos. No son tan elevados, aunque fuera se sorprenden de los resultados que conseguimos en España con tan poco dinero. Contamos con muy buenos profesionales.

Ramón: La mejora se da con más tiempo. Nuestros técnicos, directores y actores trabajan con los americanos y los británicos, por lo que no creo que en ellos esté la diferencia. Una de las grandes diferencias está, efectivamente, en los presupuestos: Una serie media española se mueve en los 450.000 euros por capítulo, algo que es impensable en el mercado americano o británico. El dinero en nuestra profesión se traduce en tiempo: Si yo puedo dedicar más tiempo a cada secuencia podré conseguir un resultado mejor.

¿Podrá ver el público colombiano The Refugees pronto? ¿Qué expectativas tiene de la serie?

Ramón: Espero que sí. Ahora mismo BBC es quien está comandando las ventas internacionales de la serie y son quienes deciden los países en donde se vende. Nuestras expectativas desde el inicio con Refugiados fueron las de hacer una serie distinta, de autor, que no pensase en las audiencias y que buscase un tipo de espectador distinto. Espero que la gente que busca series con otro tempo y otro tono la disfrute tanto como lo hicimos nosotros escribiéndola y produciéndola.

¿Creen que estamos ante la edad de oro de la televisión española?

Ramón: En España, la ficción televisiva siempre ha conseguido conectar con el público de nuestro país. La gran diferencia que se da ahora es que hemos conseguido derribar las fronteras y llegar al mundo. Que series como Velvet o Bajo Sospecha sean líderes de audiencia en Italia es un ejemplo claro de cómo han cambiado las cosas. Creo que el mundo mira a España e intenta comprender qué hacemos aquí para llegar tan claramente a nuestra audiencia. En nuestro país, las series estadounidenses no tienen el éxito que tienen en el resto del mundo: Ya no consiguen superar en audiencia a las españolas, y eso hace 20 años era impensable.

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