La teoría del amor de Scott Hutchins

Teoría y práctica del amor, Amor y Psique y Las preguntas sobre el amor con nuestros libros recomendados para este mes.

Neill Basset tiene 36 años, está divorciado y trabaja para una compañía de Silicon Valley que está desarrollando un proyecto de inteligencia artificial. La compañía trata de ganar el test de Turing que consiste en hacer creer a por lo menos 30 % de los jurados que están chateando con un humano y no con un computador. Lo singular de su situación es que el programa que desarrollan para el test está basado en los diarios de su padre. Unos cuadernos encontrados después de que su padre se suicidara.

La compañía para la que trabaja Neill desarrolla su proyecto partiendo de la premisa de que “… no existe diferencia empírica entre ser y parecer”, es decir, que si el computador termina interactuando como lo hacía su padre, desde ese punto de vista el computador es su padre.

En un principio, el tema de la novela parece ser esta gran controversia entre el materialismo científico que pretende que no existe alma ni conciencia (la creencia mecanicista de que las personas son sencillamente ordenadores supersofisticados) y un punto de vista “espiritualista” que supone que la conciencia del ser humano es inmaterial e imposible de “desarrollar tecnológicamente”. Sin embargo, pronto nos damos cuenta de algo más.

A lo largo de estas páginas, Neill conoce a un par de mujeres; la joven e idealista Rachel, que representa una de las orillas de esta controversia (un punto de vista espiritualista), y a Jenn que como él trabaja en Silicon Valley, y que lleva su vida por la orilla opuesta de la espiritualidad. Estas mujeres le provocarán una reflexión más profunda sobre su capacidad de amar, mientras su relación con el “fantasma informático” de su padre mantiene la tensión narrativa del lector, alucinado por el acto de prestidigitación científica que supone resucitar a un muerto que no se puede enterar que lo está (si es que está vivo, en primer lugar).

El escepticismo vital de Neill respecto de la controversia científica (y frente a casi todo) es un reflejo de su propia incredulidad sobre su (in)capacidad de relacionarse y amar. Irá descubriendo que tiene que tomar el riesgo de amar. La ironía está en que esta misma voluntad es aplicada por los programadores en el desarrollo del programa de su padre y este cambio será fundamental para la conclusión de la historia.

A pesar de los grandes temas que trata esta novela, de interés para cualquier persona que viva los tiempos que corren, su lenguaje es cálido y cercano y las preguntas de Neill son relevantes para cualquier lector. Y es genial en el sentido de que aterriza estas preguntas solemnes a un plano más vital, lo que hace que la novela sea, tal vez, un cuento sobre hacerse adulto, sobre pasar de las discusiones rimbombantes de la juventud a las ineludibles conversaciones con los seres que amamos o que nos aman.

Amor y psique
Apuleyo, Antonio Betancor
Editorial: Atalanta
Páginas: 128

En medio de la novela de Apuleyo El asno de oro, escrita en el siglo II d. C., aparece la fábula de Eros y Psique, que se ha convertido a lo largo de los siglos en motivo de múltiples interpretaciones acerca de la subjetividad del alma atrapada en el cuerpo y su incesante voluntad (el amor) de encontrar la belleza. En el libro que ahora recomendamos encontramos una maravillosa traducción de la fábula y un brillante ensayo sobre la misma, Apuleyo y la fortuna, en el que se enumeran y analizan todas sus diferentes lecturas desde los tiempos de Apuleyo hasta nuestros días.

Las preguntas sobre el amor
Marie Linage
Editorial: destiempo
Páginas: 115

En el tema del amor, las respuestas por regla general son bastante discutibles. Sin embargo, las preguntas sobre el amor son siempre pertinentes, y en la mayoría de los casos, fundamentales. La jovencita de 19 años Marie Linage escribió el libro que ahora nos ocupa en el siglo XVII, lo que prueba que las preguntas sobre el amor siguen siendo básicamente las mismas, pero su formulación puede ser un arte mayor. Acá no hay respuestas y permiten, quizá, un sosiego espiritual: “¿Acaso la posesión disminuye todos los placeres, y por qué?”. “¿Acaso el amor en un paso difícil priva de la inteligencia y el juicio; o acaso los da?”.

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