Rock al Parque 20 años: un cumpleaños bien afinado

Los 20 años de Rock Al Parque se celebraron por todo lo alto. Este es el balance de los tres días del festival.

Al hacer un balance de la pasada edición de Rock al Parque, que conmemoró los 20 años del festival, lo primero e imprescindible es hacer un reconocimiento a la labor curatorial, que en cabeza de Chucky García, permitió contar con una programación diversa y acorde a la importancia de esta fecha. Lo digo como público, desde el lugar en donde siempre he estado para disfrutar el festival en sus 20 ediciones, porque no solo se contó con homenajes a grandes instituciones de la escena musical, entre los cuales se destacó el tributo al metal de Medellín, sino que además muchas bandas emblemáticas se reunieron para realizar presentaciones especiales en las que, sin embargo, no se cayó en un mero “show del recuerdo” sino que sirvió para recordar la importancia que tuvo en sus carreras Rock al Parque, la relevancia  del festival como vitrina de los sonidos nacionales y latinoamericanos al haber sido este, para muchas de ellas, el primer encuentro masivo con el público que tuvieron.

Por otra parte, el objetivo de volver a convocar al público, luego de la “baja asistencia” de 2013, se cumplió con creces, lo que sin duda se convierte en un éxito para Idartes y su director, Santiago Trujillo.

En todo caso, no es solo la percepción del espectador raso: los medios especializados han resaltado estos aspectos con justa razón, más si se tienen en cuenta todos los factores que afectan al festival al ser un evento gratuito, de carácter público y contar con un presupuesto limitado, en comparación con otros eventos musicales de carácter masivo. En otras palabras, Rock al Parque tiene la tarea de hacer el doble —pensemos en los enormes costos de producción y los honorarios de los artistas—con la mitad de la plata, lo cual ya es una empresa heroica.

Por todo lo anterior es importante reconocer los méritos de la presente edición y evaluar los aspectos que pueden mejorarse para el futuro sin perder de vista el tipo de esfuerzo del que estamos hablando, las necesidades y preferencias de la audiencia y lo que tanto público como músicos podemos hacer para solidificar la escena musical de manera que las nuevas propuestas tengan mayor visibilidad.

Una de las críticas al festival es que la escena del metal siempre ha estado “muy consentida”: puede ser cierto, y aunque esa afirmación pueda sonarme odiosa como amante del género, parece tener sentido para todas las versiones del festival, desde su inicio, pero no precisamente para esta. Si algo se logró en esta versión del festival fue ofrecer diversidad durante los tres días de presentaciones, e incluso, una nueva apuesta por la descentralización al retomar el escenario de la Media Torta donde propuestas como Globos de aire tuvieron lugar junto invitados internacionales de la talla de Juana Molina y Hoppo! Lo anterior no riñe con darle reconocimiento y gusto a la significativa masa amante del metal que como audiencia cumple fielmente su cita anual con el Simón Bolívar. Además, si habláramos de un sesgo de la curaduría hacia el metal este año, no tendríamos como explicar que en una misma tarima se encuentren, uno junto al otro, la institución del rock con una identidad profundamente colombiana que es Aterciopelados, con la leyenda viva del trash metal, que es Anthrax, como bien responde Chucky García a la columna del exdirector de Rock al Parque, Daniel Casas, titulada “Metalazo al Parque”. Como una persona ajena a la organización y en mi calidad de mera espectadora puedo decir que este año la gente tuvo muchas más oportunidades de conocer propuestas nuevas y acercarse a géneros distintos al metal y que en ese sentido, la apuesta por la convivencia este año se ganó con una ventaja enorme. Tal vez Casas y yo no vimos el mismo festival.

Regresemos al balance, que es lo que nos ocupa. Para empezar con los sonidos pesados, el sábado en el Parque Simón Bolívar, el show de metal de Medellín que recordó clásicos de Tenebrarum, Blasfemia, Kraken, entre otros, gracias a una alianza con el festival Altavoz, que sirvió para recordar la solidez de la escena paisa y los maravillosos sonidos con los que se ha construido. La nota alta con la que este homenaje preparó al público para recibir a la nacional Deep Silence —una de las grandes ventajas de la alianza con los festivales de metal— y a la internacional Nile es muestra de una propuesta coherente de programación, consciente de la multiplicidad del metal y de cómo deben hacerse las transiciones en este tipo de eventos. Sin embargo, sigue habiendo campo para mejorar, especialmente cuando se trata de las bandas seleccionadas por convocatoria: la presencia de Whitering Void justo antes de Nile pudo haber sido un desacierto, en mi opinión. Gran acierto, por el contrario, la apertura del escenario Eco con Guerra Total, que dio una lección de profesionalismo y propuesta escénica para regalarnos una presentación impecable.

Un reconocimiento especial merecen la banda quimbaya, Luciferian, que lidera uno de los músicos más sólidos de la escena, Héctor Carmona,  y el poderoso cierre a cargo de Exodus y Killswitch Engage.

El escenario alterno de la Media Torta permitió a los amantes de los sonidos alternativos disfrutar de la música en un espacio mucho más relajado y además de las presentaciones internacionales ya citadas, es preciso resaltar el trabajo de Juan Pablo Vega, encargado de abrir la jornada y el de ese genio de la fusión que es Edson Velandia.

Durante el segundo día, la diversidad fue la nota predominante. Meridian Brothers, El Freaky y el regreso de Sidestepper hicieron bailar a la gente del escenario Eco y fueron una muestra de que el rock no es una caja de fósforos, sino al contrario, un espacio abierto, una multiplicidad. Por su parte, el escenario Lago contó con la presencia de los sanandresano Job Saas & The Heart Beat y el sentido homenaje de Alerta Kamarada al fallecido Daladier Arismendi, a quien desde acá recordamos con cariño y con la promesa, a la que se unieron muchas de las bandas nacionales, de rechazar la violencia sin sentido que se lleva lo mejor de nuestro país, las ideas, el talento, que son nuestra única arma verdadera ante la injusticia social y la corrupción.

De vuelta al escenario Plaza, uno de los platos fuertes de esta edición: Pro-Pain. Grata sorpresa ver a una de las bandas emblemáticas del hardcore de Nueva York que consiguió calentar a la gente y hacer una de las ruedas de pogo más enérgicas del festival e inmediatamente después ver el show impecable de El Sagrado, quienes mantienen en alto la bandera de ese sonido a lo que le suman una interacción con el público muy poderosa, que muchas bandas de larga trayectoria envidiarían, y uno de cuyos líderes es Lucas, el vocalista más joven de todo el festival. El Sagrado también rindió homenaje a nuestros difuntos, entre ellos el extrañado Donny Rubiano, con la petición de recordar con alegría y seguir luchando para que cada vez haya más niños en las artes y menos en la guerra. Eso se llama coherencia y sin duda alguna, fue uno de los mensajes más poderosos de ese segundo día. Fue una lástima que Carajo no contará con un sonido acorde a su importancia, pero de esas fallas técnicas hablaremos más adelante. Luego vino uno de los shows nacionales más esperados, el que nunca decepciona, el de la Pestilencia. Desde “Anuncia tu muerte” y “¿Hasta cuándo? ¡Hasta siempre”, canción con la que la banda rinde homenaje al desaparecido Andrés Escobar, hasta “Mentiras” del álbum Paranormal, Dilson Díaz, vocalista de la agrupación, hizo énfasis en su mensaje de resistencia en contra de la normalización de la violencia en nuestra sociedad; también con fallas de sonido pero con la fuerza escénica de siempre, La Pestilencia, que por problemas legales no puede tocar las canciones de su primer álbum, puso de manifiesto el peso de su trayectoria de 28 años. Para cerrar el escenario Plaza, Max Cavalera con Soulfly quienes interpretaron clásicos de Sepultura como “Refuse/Resist” y “Roots Bloody Roots”. Luego de haber visto a Cavalera Conspiracy puedo decir que este show lo superó con creces.

Último día y las expectativas no podían ser más altas.  Para hacerle frente a todas las críticas y a tanta polémica La Etnnia presentó El ataque del metano, su álbum insignia, con el soporte de una banda en vivo y las colaboraciones de Fatso y Cultura Profética, que a pesar de las fallas de sonido, lograron dejar sin palabras a los opinadores de turno. En el escenario Eco, dos presentaciones remarcables: Revolver Plateado, una muestra de lo nuevo de Mauricio Colmenraes y la prueba de que existen bandas con sonido profesional en el día a día colombiano;  y Colombian Blues Society, con la presencia del reconocido Carlos Elliot Jr.

Con el ambiente preparado, tenía que venir un cierre colosal: en Plaza, el esperado reencuentro de Aterciopelados que completaron el aforo del lugar y removieron la nostalgia del público con clásicos como “Sortilegio” en el que contaron con la compañía en escena de Santiago Trujillo en el violín. Las palabras se quedan cortas para agradecer a Héctor y Andrea su trabajo constante y honesto por la música colombiana. Grandes. Cabeza a cabeza con la banda que cerró el festival y les siguió: Anthrax, una leyenda viva.

Ahora, de regreso a mi escenario, el Eco, la descarga de energía y la polvareda llegaron a su punto más alto. El mejor show del rock nacional, Nepentes, con su guitarra al aire, el crowdsurfing de Nano y la presentación de tres temas de su nuevo trabajo es para mí, la mejor presentación nacional. Nepentes, con 16 años de ideas bien puestas, venidos del barrio bravo, es un ejemplo para todas las bandas de nuestro país de cómo debe plantearse un espectáculo, pero además, de cómo se puede ser un músico profesional, respetuoso del público. Posteriormente, De la tierra, encabezada por Andrés Giménez, agradeció a Colombia por apadrinarlos desde su primera presentación, abriendo para Metallica hace un año, y se mezcló con el público que ya llevaba más de 20 minutos pogueando ycoreando todas las canciones de la banda.

Por último, la cereza del pastel: Black Label Society. De más está decir que Zakk Wylde es uno de los mejores y más enérgicos y virtuosos guitarristas del metal, que desde hace más de 30 años nos desmayamos ante su persona escénica de vikingo y que además su trayectoria junto a Ozzy Osbourne nos ha regalado los mejores momentos de la historia reciente del rock. Sin embargo, nada de lo anterior lo prepara a uno para verlo en vivo: un solo de 15 minutos, un homenaje a Dimebag Darrell en su momento al piano, las joyas que son sus guitarras y el impresionante acompañamiento de John DeServio en el bajo son un espectáculo que golpea en la cabeza por igual a quienes seguimos a la banda desde 1998 hasta a los desprevenidos que fueron a conocerla. Por otra parte, es un gran logro del festival traer a Black Label Society en este preciso momento, en medio de la gira de su nuevo álbum Catacombs of The Black Vatican. Hablo por todas las personas que estábamos en el escenario: fue un sueño hecho realidad, por más cursi que suene.

Después de esta experiencia queda el espacio para reflexionar sobre la cosas que pueden mejorar: es un reto para la organización, en primer lugar, el asunto del sonido. Las segundas torres del escenario Plaza funcionaron a media marcha, y bandas como Carajo y Exodus no lograron sonar bien sino hacia la mitad de sus sets. ¿Qué sucede con el sonido de Rock al Parque? ¿Cómo se puede solucionar? ¿Es la ingeniería o son los equipos? No puedo responder a ninguna de esas preguntas, pero como la mayoría del público me las planteo porque deslucen el gran trabajo de la organización.

Fuertes críticas recibió también la zona de prensa. Desde el público uno se pregunta por qué un foso tan grande y las respuestas, reales o supuestas, no se hacen esperar: un espacio lleno de invitados VIP y más bien pocos periodistas en el que se armaron pogos que ponían en riesgo los equipos de quienes sí estaban trabajando. ¿Quiénes son todos esos invitados? ¿Es necesario tanto espacio? ¿Por qué si el proceso de acreditación para Rock al Parque es –seamos sinceros- tan engorroso, suceden estas cosas? Otro reto para el festival.

Por último, un señalamiento hacia uno de los aspectos logísticos que más molestias genera: Las requisas vs. Las ventas informales. En cuanto a las primeras, el sábado tuvimos que mostrar la cédula para ingresar y pasar por tres anillos de seguridad; el domingo, solo por dos anillos de seguridad y el lunes, por ninguno. Sí. Ninguno. Sin requisa alguna. ¿Qué sucede con eso? No quiero que me requisen y me pidan la partida de bautismo para entrar a un concierto, no entiendo por qué me quitan los cigarrillos, pero lo que más me molesta es que con o sin requisas, adentro se siguen vendiendo aguardiente en botella, y todas las drogas recreativas que al público se le antojen. Regulemos el asunto, señores, por favor, nadie quiere caer sobre una botella rota en la mitad de un pogo. Digo esto porque no pasa solo en Rock al Parque, sino en todos los eventos masivos de la ciudad y creo de corazón, que podemos hacerlo mejor. Que haya venta de alcohol regulada, entonces, que se organice una zona como la fabulosa zona de comidas de esta edición (un saludo a los choripanes de Triana) y que las requisas tengan un propósito y una organización claras. Ahí les dejo esa inquietud.

Con esto en claro este festival no puede sino crecer y permanecer como un espacio de convivencia y proyección. En todo caso, esto también es responsabilidad del público: descargue legalmente la música de sus bandas preferidas, apoye los toques en otros espacios, compre los discos, sea exigente con sus bandas y esté abierto a los nuevos sonidos porque es así como esta gente dedicada a la música, que tanto le da a su vida, puede seguir tocando y abriendo el camino a las nuevas generaciones, no solo en Bogotá, sino en todas las regiones del país.

Todos somos Rock al Parque, sí, y por eso es responsabilidad de todos hacer de este espacio algo cada vez mejor, a través de la crítica razonada y no de la quejadera iracunda. Larga vida a Rock al Parque, los mejores deseos en esta adultez que inicia.

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