Se internacionalizó el cine en Colombia

Colombia como escenario para los rodajes audiovisuales está empezando a mostrar resultados notables. Pero claro, no es casualidad. ¿Cómo sucedió?

De un tiempo para acá, el cine colombiano ha empezado a tener cierto saborcito internacional. Y no solo por los actores españoles que con frecuencia aparecen incrustados en medio de elencos criollos, sino por hechos más llamativos, como que una figura de Hollywood como Julia Stiles (la actriz de 10 cosas que odio de ti y La supremacía de Bourne) haya estado rodando una película de terror en la población de Mariquita, o que Antonio Banderas haya pasado varias semanas en Zipaquirá haciendo una película sobre los mineros chilenos que quedaron atrapados bajo tierra.

Esta nueva tendencia ha generado sorpresa. A algunos les parece inverosímil que la industria audiovisual colombiana tenga recursos técnicos y humanos para apoyar esa clase de producciones. Otros se preguntan qué sentido tiene que el sector cinematográfico nacional esté desarrollando vínculos con el resto del mundo, cuando aún ni siquiera hemos podido consolidar una industria del cine en Colombia.
Lo que está pasando no es fruto del azar o del capricho, sino del desarrollo natural de un sector naciente que necesita superar las fronteras para sobrevivir. Las coproducciones con otros países y la atracción de rodajes extranjeros al territorio nacional son apenas algunas de las estrategias que le pueden permitir al cine nacional consolidarse como industria.

EL MERCADO COLOMBIANO SE QUEDÓ CHIQUITO

A estas alturas pocos ponen en duda que la historia reciente del cine colombiano se partió en dos con la Ley 814 de 2003. En ella quedaron plasmados dos instrumentos que han redundado en un sorprendente fortalecimiento de la producción de cine en el país. Uno es la constitución de un Fondo para el Desarrollo Cinematográfico, financiado con recursos del sector, del que se otorgan incentivos a las distintas etapas de producción y promoción de cintas nacionales. El otro es el establecimiento de incentivos tributarios, que permiten que quienes invierten en proyectos cinematográficos colombianos tengan garantizada una parte del retorno de su inversión mediante la reducción de sus impuestos.

Como resultado de esos instrumentos, el número de películas producidas en Colombia se disparó de un promedio de alrededor de tres al año a fines del siglo pasado, a más de diez títulos en la primera década de este. Incluso ese número se ha elevado en el pasado reciente, llegando a superar la veintena de títulos nacionales estrenados en las salas del país el año pasado.

Pero mientras las cosas van bien por el lado de la producción, el panorama no está despejado para dos variables claves para garantizar la sostenibilidad del negocio: la taquilla y la rentabilidad de las producciones. En los últimos años la asistencia a las películas colombianas ha oscilado entre 5 y 10 % del total del público que va a cine en el país, un logro que no es menor si se tiene en cuenta que la asistencia a cine en Colombia se duplicó en los últimos cinco años. Sin embargo, esa cifra es insuficiente para garantizar unos buenos ingresos por taquilla a las producciones nacionales, que complementen los recursos provenientes de otras fuentes como los premios y las convocatorias. Por eso no resulta raro que las cuentas no cierren para muchos productores e inversionistas. Aunque no hay datos plenamente confiables, se estima que menos de la tercera parte de las películas que se hacen en el país terminan siendo rentables.

Una manera de superar ese cuello de botella consiste en expandir el mercado de nuestro cine más allá de las fronteras. La realización de coproducciones con otros países tiene dos ventajas en este contexto. Por un lado permite que una producción pueda acceder a un público más amplio, con mayor probabilidad de éxito en otros mercados gracias a la inclusión de estrellas de otros países e historias con un interés universal.

Por otro lado, la asociación con capitales extranjeros permite que el inversionista nacional reduzca su participación en una sola producción y pueda invertir así en varios proyectos, aumentando su probabilidad de éxito. Para nadie es un secreto que el triunfo o el fracaso de una película en la taquilla se considera algo impredecible, lo que convierte el negocio en un asunto de probabilidades. Los estudios de Hollywood, que hacen varias decenas de películas al año, tienen una mayor probabilidad de éxito que un productor local que hace una sola.
Por eso los esquemas de coproducción son una buena salida, lo que implica que cada vez veremos más actores españoles en nuestras películas, pero también argentinos, mexicanos y de otras nacionalidades.

DE HOLLYWOOD A COLOMBIA
Pero ese no es el único camino por el cual se está internacionalizando el cine colombiano. El año pasado empezó a operar la Ley 1556 de 2012, que busca la promoción del territorio nacional para el rodaje de películas, con los consecuentes beneficios que ello trae para el fortalecimiento de nuestra industria cinematográfica y para los servicios turísticos locales.

La racionalidad de esta nueva política es simple: el otorgamiento de ciertos incentivos puede significar el rodaje en Colombia de películas que de otra manera no se habrían hecho en el país. La nueva ley establece que los proyectos cinematográficos que sean rodados total o parcialmente en Colombia, y que sean aprobados por el Comité Promoción Fílmica Colombia, recibirán una contraprestación equivalente a 40 % de los gastos realizados en el país en servicios cinematográficos, y a 20 % de los gastos en hoteles, alimentación y transporte.

Como es natural, para que esta política tenga sentido se requiere que los beneficios que le genera al país el proyecto cinematográfico en cuestión sean mayores que las contraprestaciones otorgadas por el Estado. Y lo cierto es que el rodaje de una película de cine internacional en el país puede traer muchos beneficios para la economía local. A modo de ejemplo, se estima que el rodaje de El amor en los tiempos del cólera en Cartagena le dejó al país alrededor de 15 millones de dólares.

Claro que no todas las producciones serán de ese calado, así que es mejor hacer cuentas en términos relativos y no absolutos. Según la exposición de la ley que se presentó al Congreso, por cada dólar entregado por el Estado como contraprestación a los productores, el país recibe más de nueve dólares en contratación de servicios cinematográficos, hotelería, restaurantes y pago de nuevos impuestos. Si a eso se suma el valor del aprendizaje de las empresas colombianas que prestan los servicios cinematográficos, el negocio resulta bastante bueno.

Aunque este instrumento está diseñado para promover el rodaje en el país de películas nacionales y extranjeras, el mayor potencial se encuentra en las producciones internacionales. Las dificultades económicas recientes de Estados Unidos han llevado a los productores de ese país a buscar una reducción de costos, rodando en otras naciones que ofrezcan condiciones favorables. Además, la industria de Hollywood está produciendo cada vez más películas para el mercado global, lo que significa la exploración de escenarios y culturas distintas de la estadounidense. Fuera de eso, Colombia ya puede ofrecer unos servicios audiovisuales de nivel internacional, como lo demuestra la llegada al país de empresas productoras de televisión como Fox, Sony y Universal-Telemundo.

Los resultados de esta política ya se empiezan a ver. Desde que se puso en marcha la nueva ley, se ha aprobado el otorgamiento de contraprestaciones a cinco proyectos internacionales, que recibirán los recursos una vez hayan documentado sus gastos en el país. Entre ellos sobresalen The 33, la película protagonizada por Antonio Banderas sobre los mineros chilenos, y un thriller estadounidense sobre la niñez de un asesino en serie, que se rodará en Santa Fe de Antioquia.
Antonio Banderas en Zipaquirá, un thriller gringo en Santa Fe de Antioquia y Julia Stiles en Mariquita… Hasta hace poco estas frases habrían sido buenos elementos para hacer un mal chiste sobre el cine nacional, pero ya no: algo está cambiando…

La industria de Hollywood está produciendo cada vez más películas para el mercado global, lo que significa la exploración de escenarios y culturas distintas de la estadounidense.

Sobre el Autor

Economista, crítico de cine y miembro del Comité Promoción Fílmica Colombia.

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