Claudio Abbado: 80 años son poco para la música

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Tras una larga enfermedad que le aquejaba desde el año 2000, el director de orquesta italiano Claudio Abbado murió el 20 de enero en horas de la mañana en la ciudad de Bologna donde residía desde 2009.

La música de Claude Debussy no solo abrió el camino a la música moderna, sino que también marcó en 1940 la dirección a seguir en la vida de un niño de 7 años que asistía por primera vez a la Scala de Milán. Ese niño era Claudio Abbado quien quedó sobrecogido por la magia que podía producir la música. En 1955 se graduó del Conservatorio de Milán en piano y dirección. Empezó a trabajar en grupos de cámara pero la vida lo llevaría a convertirse en asistente de Leonard Bernstein. Su gran debut fue en 1965 cuando dirigió la Sinfonía n. 2 “Resurrección” de Mahler con la Filarmónica de Viena en el Festival de Salzburgo. En 1968 fue contratado por el Teatro alla Scala, vinculación que mantuvo por 18 años. Allí se consolidó como uno de los directores más carismáticos, por su concepto musical en el repertorio sinfónico y operático que amplió hacia lo contemporáneo, y por su forma de trabajar, siempre teniendo como base el diálogo entre los músicos.

Pero ese diálogo no solo lo propició entre los músicos sino también con el público. Gracias a él, el famoso teatro milanés abrió sus puertas a estudiantes y trabajadores en programas con boletería de precio sustancialmente reducido. En colaboración con el compositor Luigi Nono y el pianista Maurizio Pollini, llevó la música a escenarios no convencionales como fábricas, para crear nuevos públicos. También a hospitales y cárceles, pues consideraba la música como parte fundamental de la educación. Ese interés en la educación en todas sus formas lo concretó igualmente en la creación de eventos como el festival Viena Moderna en 1988 que conjuga música, danza, cine y artes plásticas, y en la creación de orquestas.

Entre ellas una orquesta del Teatro alla Scala para la interpretación de repertorio sinfónico, de la Joven Orquesta Europea en 1978 o de la Orquesta Juvenil Gustav Mahler de la que surgió la Orquesta de Cámara Mahler. Dejó igualmente su impronta como Director musical de la Ópera Estatal de Viena, 1986-1991, de la Sinfónica de Londres 1979-1987 y de la Filarmónica de Berlín 1989-2002, en la que sucedió a Herbert von Karajan. Con esta última dió su último concierto en 2002. Al final los aplausos duraron más de media hora y el escenario quedó cubierto completamente de flores. Por supuesto trabajó con innumerables orquestas de renombre y con los solistas más importantes, para los que trabajar con él era todo un honor.

Abbado fue uno de los primeros músicos en apoyar el Sistema de Educación Musical en Venezuela creado por el Maestro Abreu. En varias oportunidades trabajó con la Orquesta Simón Bolívar y con el joven Gustavo Dudamel. El pasado mes de agosto el presidente de Italia lo nombró senador vitalicio en reconocimiento a su labor como director y como comprometido divulgador del arte musical pues era un convencido de que la música puede cambiar vidas. El director destinó su sueldo del cargo a la Escuela de Música de Fiesole.

En octubre de 2012, después de 26 años, volvió a dirigir la Orquesta de La Scala que él mismo creara, en un concierto que celebraba los 30 años del ensamble y los 70 años de edad de Daniel Barenboim. Un concierto histórico que terminó en gran ovación y con el deseo de volver a ver a Abbado en el podio.

Abbado era un hombre tranquilo que no le gustaba que lo llamaran ‘maestro’, siempre mantuvo su compromiso con la educación de los jóvenes; amante y protector de la naturaleza, convirtió su casa en Cerdeña, en la que cuidaba de sus plantas, en un parque natural con acceso al público. Su vida y su labor educativa sembrada en tantos jóvenes músicos y en un público que lo seguirá admirando y disfrutando de sus grabaciones, aseguran su lugar en la historia.

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