Portada: Silvia Tcherassi viste a las mujeres de Macondo

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Si alguien ha definido un estilo y una actitud en la moda colombiana es Silvia Tcherassi. Sutil, valiente y soñadora, la diseñadora ha sido capaz de interpretar –en un momento histórico del país– el universo femenino creado por Gabriel García Márquez.

Una colección única para una Colombia que nunca saldrá del asombro de observarse a sí misma.

Con la noticia del Premio Nobel de la Paz para el presidente Juan Manuel Santos, la colección 2016-2017 de Silvia Tcherassi ha resultado una premonición, una genial serendipia, un hecho garciamarquiano en todos los sentidos. La interpretación de los personajes femeninos que Gabriel García Márquez inventó en Cien años de soledad cobran una vida singular en manos de la diseñadora. Hasta un liqui-liqui para mujeres (la prenda que hizo famosa el escritor al recibir el Nobel de Literatura en 1982) se convierte en un ícono del momento histórico que vive el país.

“Es maravilloso, ha sucedido todo de manera casual, mágica. Cuando comencé a trabajar sabía que tenía que llegar a este ‘smoking caribe’ de origen venezolano. Representa el punto más alto de la obra de García Márquez”, comentó emocionada Tcherassi, unas horas antes de dar a conocer su nueva serie.

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La diseñadora revela que siempre trabaja con las toiles sobre el maniquí

Úrsula Iguarán, Pilar Ternera, Petra Cotes, Fermina Daza, Nena Daconte, Lázara Devis, María dos Prazeres, Remedios La Bella, Amaranta, Santa Sofía de la Piedad, Fernanda del Carpio, Patricia Brown… El fabuloso patio de Macondo está poblado de mujeres tremendas, apocadas, liberadas, locuaces, plegadas, bárbaras, pero, sobre todo, milenarias. El escritor colombiano nos entregó un repertorio femenino diverso y detallado. Tan descriptivo hizo su trabajo literario García Márquez que no es de extrañar el contagio que causa en la moda.
Silvia Tcherassi utilizó su capacidad creativa-propositiva que tanto marca su personalidad y tomó la decisión de establecer un vínculo visible y duradero con Cien años de soledad. Lo logró a través del archipiélago múltiple que conforman sus mujeres. Sin embargo, la decisión de la diseñadora barranquillera no proviene de la nada.

LA HISTORIA ESCONDIDA
Sobre la mesita de noche de Vera de Tcherassi, madre de la empresaria, reposan desde siempre ejemplares de la obra de Gabo. “Más que gabóloga, soy gabólatra”, cuenta entre risas la mujer que dio alas y vida al trabajo de su hija Silvia. Esta fascinación que siente la llevó a indagar hace casi una década el origen del nombre Macondo, que remite a un árbol de tronco poderoso –de ocho metros de grosor y cuarenta metros de alto– cuya copa de ramas sin hojas, se alza hacia el final como una sombrilla maternal.

“Encontré a un campesino que poseía macondos sembrados en su finca de Atlántico. Se llama Melquíades, casi no lo pude creer cuando vi su cédula. Le he comprado varios y los tengo sembrados en una finca. Ya se han multiplicado. Llevo todos estos años cuidándolos con esmero”, relata la matriarca de los Tcherassi.

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La diseñadora Silvia Tcherassi junto a las modelos de la agencia Grupo4, que desfilaron su colección durante la noche de inauguración de Cali Exposhow

Para Silvia todo fue muy claro en términos de inspiración para traducir en vestuario su relación con este universo: “El árbol sí existe. Hay gente que piensa que solo existe en la imaginación. Pero nosotros crecimos en ese realismo mágico de las mariposas amarillas portadoras de buenas noticias. Es el Caribe, las historias de las abuelas. La colección en homenaje a Gabo es un reconocimiento también a nuestra cultura”.

Dicen que los macondos hablan porque la porosidad del tronco les permite absorber sonidos durante el día que expelen durante la noche. Cierto o no, el árbol que dio nombre al pueblo de los Buendía combina inexorable ficción y realidad gracias a Gabriel García Márquez y, en cierta medida, a esta contribución que realiza ad hoc Silvia Tcherassi, cuando concibe una colección fantasiosa que la lleva a presentar treinta y seis salidas compuestas de vestuario, zapatos y accesorios, para dar su versión de la tierra que habitan las mujeres macondianas.

La diseñadora incluye una versión femenina del liqui-liqui, el conjunto de dos piezas que Gabriel García Márquez hizo mundialmente famoso cuando lo vistió en la recepción de su Premio Nobel en 1982. En el caso de la diseñadora colombiana, se trata de un pantalón ceñido y elástico que recoge la tendencia de las prendas deportivas convertidas en ropa para cualquier momento del día y de una chaqueta cerrada al frente cuya espalda muestra, metafóricamente, la imaginación del nobel de literatura mediante unos volantes de tul. El blanco es impoluto. Tan solo una mariposa de filigrana en oro elaborada por orfebres de Mompox se posa en la superficie más literaria e histórica de esta colección.

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Al ritmo de La diosa coronada (una de las canciones favoritas de Gabriel García Márquez) y de la cumbia cienaguera, las modelos de la agencia Grupo4 desfilaron “Las mujeres de Macondo” durante la noche de inauguración de Cali Exposhow, el pasado 29 de septiembre. Era la primera vez que Tcherassi se presentaba en este evento.

El lugar elegido para exponer esta colección 2016-2017 fue la antigua estación del ferrocarril de Cali, un espacioso lugar que conserva murales del estilo Diego Rivera. La pasarela fue instalada en uno de los andenes de la estación donde reposaban silenciosos varios vagones azules del viejo tren que circuló hasta mediados del siglo XX.

El nombre de Silvia Tcherassi, augurio de un nuevo viaje para la firma, marcaba varios de ellos. Un humo de ficción anticipó el esperado desfile. En ese instante quedó claro que la travesía comenzaba. La proyección, sobre la apertura de la pasarela, de imágenes alusivas al pueblo de Macondo con textos especialmente seleccionados de Cien años de soledad reproducía la sensación de las instantáneas que se obtienen desde la ventana de una antigua locomotora.

Luis Cobero, autor de las fotografías proyectadas e impresas en el vestuario, es venezolano. Realizó una serie dedicada a Aracataca, el pueblo natal de Gabriel García Márquez. Lo que cautivó al clan Tcherassi fue que el registro se realizó sin alterar la realidad de un lugar que fue la fuente primaria de inspiración para que el escritor recreara Macondo, la población que universalizó su ficción. Vera de Tcherassi contactó a Cobero en Europa y se encontraron en Barcelona. “Adquirimos los derechos sobre seis de sus imágenes. Allí estaba Macondo de verdad. Cobero tomó esas fotos con el hígado, con el alma, buscó las situaciones y las fotografió”, explica la madre de la diseñadora.

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Gasa, tul y organza están entre los materiales utilizados en la construcción

Las casas de barro y caña brava, los almendros polvorientos, el sueño delirante y hasta la propia Úrsula Iguarán (es una anciana que se apoya en el quicio de la puerta de su casa) fueron fotografiadas en 2015 por Cobero. “Inmediatamente llevamos las imágenes a los talleres de telas con los que trabajamos en Italia y solicitamos imprimirlos en simultánea en rollos de gasa, tul, chiffon de seda, neopreno, organza y encaje. Silvia no sabía todavía cuáles iba a necesitar exactamente para lo que estaba imaginando hacer”.

En Madrid, esta colección también se presentó con éxito sin precedentes el pasado mes de octubre y, como si fuera una suerte de maravillosa predicción, las mujeres macondianas volverán a desfilar en diciembre. Lo harán en el Museo del Caribe de Barranquilla, el 15 de diciembre de 2016, al mismo tiempo que se descubrirá la escultura hecha en Cuba de un escritor mayúsculo en la ciudad donde transcurrió la conversación más intensa que, quizá, sostuvo el mago de las palabras.

Los vestidos –amplios, vaporosos, inundados por la transparencia del chiffon de seda, y otros ajustados de neopreno– reflejan con mariposas amarillas, flamencos y hasta caimanes la imaginación que Gabo convirtió en literatura para el mundo. “De una elegancia principal…”, así describió a uno de sus personajes el escritor en un relato incluido en su libro Doce cuentos peregrinos. Una manera de aludir también al estilo creado por Silvia Tcherassi desde inicios de los años noventa cuando comenzó su carrera diseñando camisetas como empresaria de moda.

Silvia se sonroja cuando se hace referencia a esta frase. “No se trata solamente de la mujer garciamarquiana, sino también de la importancia del entorno. Ahí comprendí el significado de entender lo local y volverlo universal”. La diseñadora, conocedora del fenómeno global que representa la moda, alude al trabajo hecho por Dolce & Gabbana al presentar sus modelos en pasarela con spaghetti bajo el brazo, con las nonnas protagonizando sus campañas publicitarias.

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“De una elegancia principal”, así es el estilo de Tcherassi

Sin dibujos ni bocetos previos –“es desilusionante llevar un trazo hermoso a la realidad”–, Silvia revela el racionalismo con el que practica su oficio al mostrar su método de trabajo: “Trabajo directamente con las toiles sobre maniquí. Una patronista está siempre a mi lado para obtener las medidas adecuadas y preparar los moldes con los que producimos cada serie de vestuario”. En ese proceso condensa sus experiencias vitales, su pasión confesa por el diseño (“especialmente la década de 1950. Me encanta”) y su afición por el coleccionismo de piezas de mobiliario. Ahí convergen sus gustos más íntimos, la experiencia adiestrada con disciplina para crear y la oportunidad de renacer –en cada temporada– como mujer destinada a la creación.

La diseñadora conserva en su menuda presencia la capacidad de imantar con la limpieza de su estética. Siempre ocupada en seleccionar telas exquisitas, en desarrollar siluetas que procuran novedad y clasicismo para la mujer, anticipa hoy un nuevo rol del país en la moda. “Colombia está en una época diferente. Hasta hace muy poco los diseñadores del mundo no venían aquí para inspirarse, preferían otros lugares de América Latina. Y descubrirán pronto infinitas posibilidades. Para mí, el color determina mucho nuestro país. El Pacífico me resulta hechicero y el Caribe, ensoñador”.
Con “Las mujeres de Macondo”, Silvia revela que no será la única vez que se ocupe de indagar sobre mujeres de referencia en el imaginario colombiano. “Estoy ya concentrada en otro grupo femenino muy interesante. Además, el trabajo artesanal es una fuente de inspiración increíble. Se trata de rescatar lo nuestro y volverlo sofisticado, llevarlo a un plano internacional”, argumenta.

Con el soporte y la alianza permanente de su marido, Mauricio Espinosa –quien dirige el área financiera, comercial y de mercadeo de la compañía–, de su madre Vera, y de sus hijos Mauricio –ya inmerso en novedosos conceptos para impulsar la firma desde su especialidad en marketing– y Sofía, la marca Tcherassi cuenta con once puntos de venta propios en Colombia, dos en Miami y uno en Madrid. Además, ha desarrollado Home, la línea de lencería para el hogar y los hoteles boutique (dos en Cartagena de Indias). Mientras una de las firmas más relevantes de Colombia en el exterior avanza con decisión, la entretela de su alma creativa, que es la propia Silvia, persiste en cultivar lo que poéticamente llama “El cuento de cada ojo. Cada ojo ve la realidad distinta. Yo hago caso de lo que percibe el mío”.

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