Red Room y O’Galo: dos lugares en Bogotá para transportarse a otro mundo

Un bar inspirado en los más sofisticados clubes de Nueva York y un restaurante tradicional portugués, dos espacios completamente diferentes y con un carácter único en un mismo lugar.

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BAR RED ROOM

CALLE 70 A N.° 11-64
TELÉFONO 704 7966

Bogotá es una caja de sorpresas. Y para fortuna de sus habitantes, y de sus visitantes, nunca ha dejado de serlo. Desde hace diez meses, el empresario portugués Luis de Matos decidió abrir un bar y un restaurante para sacudir la cotidianidad del tradicional barrio capitalino de Quinta Camacho.

En una casa de estilo inglés, sin avisos, luces ni letreros vistosos, se esconden el bar Red Room y el restaurante O’Galo. Al lado izquierdo se encuentra Red Room, un bar en el que el rojo está siempre presente. El lugar tiene tres pisos. En el primero llama la atención un mueble gigante donde almacenan las botellas de los clientes –aquellas que no se alcanzan a tomar y las dejan para cuando quieran volver–; y se ofrecen, además, cocteles de gran formato. En el segundo suele tocar una banda en vivo jazz, soul y blues, hay un piano de cola y se considera el espacio ideal para compartir entre amigos, lo que han denominado como el ritual del whisky. “No es tomar por tomar. Es degustarlo, apreciarlo”, asegura Matos. En el tercero, una buhardilla con varias salas está dedicada de manera especial a las bebidas burbujeantes, que, obviamente, pueden ser acompañadas de caviar ruso, iraní o foie gras.

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RESTAURANTE O’GALO
CALLE 70 A N.° 11-64
TELÉFONO 704 7964

Al lado derecho, como parte de la Casa de la Cultura Colombo Portuguesa, se encuentra O’Galo, un acogedor y cálido espacio. Es, literalmente, un viaje en el tiempo y el espacio. De los acordes de jazz, el whisky ahumado y el caviar, a solo unos pasos una puerta se abre para darle lugar a un restaurante típico del país luso. Aquí el protagonista es el bacalao en todas sus formas posibles. El bacalhau à brás es un plato que viene mezclado con cebolla, huevos y papa, acompañado de una ensalada verde, se trata de una opción interesante para los que quieran probar un auténtico platillo de dicha tierra. Ofrecen, además, solo vinos portugueses –el vino blanco verde, proveniente del norte del país, fresco y fácil de tomar, es una buena alternativa–.
“Los postres son un capítulo aparte, gracias a la larga tradición culinaria de los monasterios”, asegura Matos. El restaurante ofrece una selección de varios dulces tradicionales para finalizar una cena romántica al calor de las velas y los azulejos.

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