El viejo y el ron: recetas para comer y beber como Hemingway

Ernest Hemingway, el legendario autor de El viejo y el mar, sigue siendo venerado por los cubanos en su casa-museo, sus objetos personales y, sobre todo, sus bares, restaurantes, tragos y platos favoritos.

Publicado en Revista Diners de agosto de 1995, edición número 305

Esa madrugada del 2 de julio de 1961 en Ketchum, mientras la tibieza seca del verano lo envolvía y lo hacía sentir más triste, más solitario y más vacío que nunca, Hemingway debió recordar muchas imágenes de Cuba: el ardor en sus manos heridas mientras pescaba en la Corriente del Golfo; el cuerpo desnudo de Ava Gardner en su piscina de finca Vigía; las caminatas a las cinco de la tarde saliendo del hotel Ambos Mundos en La Habana, en busca de sus bebidas inmortales: el “mojito” de la Bodeguita del Medio y el daiquirí del Floridita; los sesenta gatos sepultados por él mimo en sitios no revelados; el yate Pilar construido en 1934 para atrapar peces inconcebibles y espiar a los alemanes en el Caribe; las largas jornadas mientras escribía cuentos y novelas, de pie y descalzo sobre una puel de león, sudando porque detestaba el aire acondicionado; la inocencia de los pescadores del poblado de Cojímar, donde su amigo Gregorio tiene ahora 97 años; su vida cubana desde 1938 cuando compró finca vigía por 18.500 dólares, con los derechos de “Por quién doblan las campanas”.

Esa madrugada de julio, Ernest Hemingway debió de recordar, sin saber que recordaba, que había llegado por primera vez a La Habana en 1928 desde París con su segunda esposa Pauline Pfeifer.

Demoraron dos días, tomaron el barco y se instalaron en Key West, él a seguir escribiendo. Volvió en 1932, atraído por los peces aguja del Golfo. En 1933 publicó su primera crónica sobre la pesca en Cuba, y ya no pudo sustraerse a la atracción mutua con el país. Cuando regresaba dejaba el yate en el puerto y se hospedaba en el hotel Ambos Mundos, en la misma habitación 511, hasta cuando su tercera esposa, Martha Gelhorn, descubrió Finca Vigía. En el hotel, situado en el corazón de La Habana, en el cruce de las calles Obispo y Mercaderes, la cama y los objetos personales del escritor siguen intocados. Además del Floridita y la Bodeguita del Medio, comía en La Zaragozana y caminaba por esas calles estrechas sintiendo el olor de la harina almacenada en sacos, de las cajas recién abiertas, del café tostado y del aroma del tabaco, y la cercanía del mar que huele a mujer.

Esa madrugada de julio, vencido por la hipertensión arterial, la diabetes, la arterioesclerosis, la amnesia y la soledad, encontró las llaves del armero, que su cuarta esposa, Mary Welsh, había escondido, plateada, calibre 12, de dos cañones, la miró y le reconoció. La introdujo en la boca y apretó el gatillo con el dedo gordo del pie derecho. Se hubiera divertido al saber que la familia hizo destruir el arma y dispersar los fragmentos para evitar la historia de los coleccionistas. Los pescadores de Cojímar fueron más sensatos: cerraron las puertas y ventanas de Finca Vigía, se sentaron en medio de los árboles enormes, junto a las tumbas de cuatro perros, y bebieron hasta el alba, con ganas de morirse.

“Papa” también se hubiera divertido al saber que 34 años después de su muerte salvaje, Finca Vigía está como entonces y es visitada por miles de turistas que miran a través de puertas y ventanas; que en Floridita (uno de los siete mejores bares del mundo, según Esquire), las paredes están llenas de fotos de él con Gary Cooper, Spencer Tracy, y así…; que su puesto en la barra sigue intacto, lo mismo que el busto de cuando se ganó el Nobel, mientras que los visitantes susurran en la oscuridad porque saben que en esas sillas se sentaron sus amigos Dominguín, Tennessee Williams, Rocky Marciano y otros; que en la Bodeguita del Medio está en su mesa con los cubiertos y el mantel puestos, esperándolo para que devore sus platos favoritos; que en la Marina Hemingway, millonario complejo turístico y deportivo, anualmente se celebra el torneo internacional de la pesca de la aguja (considerado el pez más fuerte y veloz).

También se hubiera divertido y hubiera soltado una de sus típicas carcajadas, al saber que en estas páginas reproducimos recetas de sus tragos y platos predilectos.

Daiquirí Hemingway Special:

4 onzas de ron
2 cucharaditas de jugo de toronja
1 cucharada de Marrasquino
1 limón verde
hielo frapé

Bátase y sírvase en una copa enfriada previamente

Ginebra:

2 dedos de ginebra Gordon´s
agua tónica hasta llenar el vaso con un poco de limón

Mojito

En un vaso para high-ball poner dos pedazos de hielo
Jugo de limón
2gotas de Angostura
2 onzas de ron

Llenar el vaso con agua mineral y adornar con ramitas de hierbabuena (casi todo el mundo le añade azúcar)

Whisky

Siempre White Lebel, Haig and Haig o Johnnie Walker.
Mezclar con soda.

Pastas

Se toman los espaguetis-un rollo- y se parten por la mitad antes de echarlos en agua hirviendo. Previamente se cocina un pollo en una cazuela con caldo de huesos de vaca y cerdo. Se saca el caldo y se cuela y en el colador queda un residuo en el que se echa el pollo. Se añade sal y se pica el pollo. Se agregan sobrasada gallega, jamón gallego y chorizo gallego y se mezclan con el pollo. Se pone a fuego lento, mezclándose pimentón gallego. Se sacan los espaguetis del agua y se añade un poco de azúcar. La salsa se sirve aparte.

Pescado Emperador

Se coge el pescado fresco, se corta en ruedas y se espolvorea con sal y pimienta molida. Se derrite un cuarto de mantequilla en la sartén, y las ruedas se fríen a fuego lento, mojándolas con limón y dándoles vueltas para que queden parejas. Se sirve con ”moros y cristianos”, o sea, arroz de frijolitos de cabeza negra.

Pescado dorado

Se corta el pescado en filetes y se fríe; mientras tanto se prepara una salsa con pimientos verdes, perejil, pimienta negra, pasas, alcaparras y espárragos. Se dora la salsa en la sartén y e pone sobre pescado.

Cangrejos

Hemingway gozaba con los mariscos y pescados cubanos, especialmente el pulpo en vino y el pulpo fricasé. Pero lo que más apreciaba era el cangrejo que le preparaba Gregorio: hiérvalo con limón, machaque las patas y sazone con limón y sal. Sirva.

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