La Ribera del Duero, un tesoro bien guardado

Si bien el nombre de La Rioja identificó a los vinos ibéricos por más de 150 años, la aparición en escena de Ribera del Duero, a comienzos de los años ochenta, introdujo todo un cambio en las reglas del juego.

La Rioja saltó a la escena tras el devastador ataque de la filoxera en Francia, a mediados del siglo XIX, cuando los bodegueros bordeleses viajaron al norte de España para abastecerse de uva y vinos. Su estilo, moldeado en torno a largos añejamientos en barricas de roble, satisfizo a muchos paladares locales e internacionales hasta la irrupción de Ribera del Duero, cuyos vinos intensos y frutados se han convertido en el nuevo estándar del país europeo y de muchas otras regiones vitivinícolas del mundo.

A diferencia de La Rioja –donde serranías, lomajes y la proximidad del mar contribuyen a moderar la temperatura y facilitar las labores de la viticultura–, Ribera del Duero se caracteriza por una topografía principalmente plana y rocosa, con una climatología de extremos. Los veranos son secos y calurosos, y los inviernos, intensamente fríos. Y las heladas son amenazas frecuentes.

A pesar de estos difíciles matices meteorológicos, los viticultores y bodegueros de Ribera del Duero asumieron el desafiante reto de enfrentar la naturaleza y dieron origen a vinos con personalidad propia: concentrados y a la vez frutados, con una exuberante sensación de elegancia y profundidad. Por eso muchos de ellos se han convertido en los más reconocidos y valiosos de España.

Sus vinos se han convertido en el estándar de distintas regiones vitivinícolas de España y el mundo.

A lo anterior se suma la conformación de los suelos, compuestos por capas de caliza, marga y tiza, bajo sedimentos de limo y arcilla. Esta riqueza de nutrientes termina agregándoles a los vinos una perceptible traza mineral, que enriquece la experiencia de beberlos y garantiza su longevidad.

LOS ATRIBUTOS DE RIBERA DEL DUERO

El murmullo de lo que escondía esta región pronto atrajo a viñateros y bodegueros españoles e internacionales. No en vano, en 2012, la revista estadounidense Wine Enthusiast la calificó como “la mejor región vitivinícola del mundo”.

A partir de 1982 ingresó al sistema nacional de denominaciones de origen, y, desde entonces, su consejo regulador estableció estrictos estándares de calidad en todo el proceso productivo.

De un puñado de bodegas en los años ochenta, hoy aloja en su territorio a casi tres centenares de establecimientos, todos sometidos a un firme esquema de controles, que asegura la calidad como requisito imprescindible. Los viticultores solamente pueden plantar seis variedades: Tempranillo (o Tinta del País), Cabernet Sauvignon, Merlot, Malbec, Garnacha Tinta y la uva blanca Albillo.

Mientras que muchas regiones vitícolas del mundo producen volúmenes de hasta 20.000 kilogramos por hectárea (a fin de alcanzar altas rentabilidades), aquí el volumen máximo es de 7.000 kilogramos. Aun así, los productores locales optan por cosechar menos, o sea, alrededor de 4.000 kilogramos por hectárea, obteniendo así vinos más concentrados y complejos.

Además, cada productor cumple rigurosas normas para plantar sus viñedos y se somete a rígidos controles antes y después de la vendimia. Un equipo de técnicos es responsable de medir, a diario, todos los procedimientos previstos.

Vinos de izquierda a derecha: Reserva Cosecha 2012, Tinto joven Cosecha 2015 y Rosado Cosecha 2015.

Como prueba de su compromiso con dichos estándares, los bodegueros reciben una contraetiqueta emitida por el consejo regulador, en la que se certifica el origen y la calidad del producto. Este sello de garantía se convierte en una especie de seguro de confianza para el consumidor.

VITICULTURA DE VANGUARDIA

Una de las ventajas de haber adoptado la producción en escala fue la posibilidad de introducir técnicas de vanguardia para estar mejor preparados de cara al futuro.

Varias bodegas se valen de dispositivos de georreferenciación para controlar la gestión de los viñedos y mejorar la trazabilidad de cada botella. Otras recurren a sensores diseñados para conocer la evolución de la uva en tiempo real, como exigencia para obtener la máxima calidad en sus vinos.

Por todas estas razones, estos vinos registran un margen de precio ligeramente mayor que el de productos de similares características. Según el consejo regulador, el mantenimiento de estos estándares de elaboración exige altas inversiones, en tiempo y dinero.

Técnicas de vanguardia como dispositivos de georreferenciación fueron adoptadas en Ribera del Duero.

Los productores insisten en que sus vinos son de excepcional calidad y que, por tal razón, su trabajo merece un reconocimiento adicional en términos de precio. Sin embargo, existen bodegueros asentados en este singular territorio que incluyen etiquetas para todos los presupuestos.

PARA TENER EN CUENTA

Enrique Pascual, presidente del comité regulador de la denominación de origen Ribera del Duero, contesta tres preguntas claves:

• ¿Cuáles son los encantos de los vinos de Ribera del Duero al tener que producirse en condiciones climatológicas tan extremas?
Son la pasión y el esfuerzo de los viticultores y bodegueros por superarse año a año y lograr que los vinos excedan las máximas expectativas en cuanto a calidad y distinción. Así se logran vinos elegantes, potentes y afrutados; vinos con carisma y personalidad propia y que consiguen que haya un vino de Ribera del Duero a gusto de cada consumidor.

La producción de 4.000 kilogramos por hectárea brinda vinos más concentrados y complejos.

• A muchas denominaciones de origen en el mundo se les critica por reducir la creatividad de los profesionales del vino mediante estrictas normas de producción. ¿Cuál ha sido el caso en Ribera del Duero?

En nuestro caso han sido los propios viticultores y bodegueros los que se han autoimpuesto estos límites, sabiendo que así pueden conseguir un fruto de una mayor calidad. La creatividad en estos casos no viene unida a una menor o mayor producción impuesta.

• Los consumidores exigen, cada día más, que los responsables de elaborar productos alimenticios sean respetuosos del medioambiente. ¿Qué tiene establecido el consejo regulador de Ribera del Duero para cumplir con estas expectativas?

El consejo regulador no tiene establecido en su normativa nada específico al respecto, son los propios viticultores y bodegueros los que se imponen sus propios límites y se preocupan del medioambiente, ya que esté es la base y fundamento del producto que elaboran.

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